Este blog personal estuvo activo de marzo de 2008 a julio de 2010. La continuación está en jeri4queen.blogspot.com

viernes, 23 de abril de 2010

Perdí mi celular y de la desesperación me fui con mi mami

Ayer perdí mi celular y hoy me largo a Guanatos City Rocks para que me consuele mi mamá y Joaquín Sabina.

Se aceptan donaciones, aunque sean de esos aparatitos a los que se descarga la pila en un día
(en serio)

Quejas, sugerencias, donaciones y acosos sexuales a:

rossymr@gmail.com

miércoles, 21 de abril de 2010

Como conocí a Ted y empecé a odiar a todos los hombres y a drogarme con pastillas de la Y.

Echando un vistazo al Flickr amatorio de mi vida y si le llamara a los de CSI QRO para que hicieran un perfil físico de mi pasado hombreril sería una cosa así de culera:

Brrr...

Lo que quiero decir es que en lo que toca hombres, le he entrado con singular alegría a todo tipo de complexión, color, edad, altura, pelura, largura y espesura. Lo siento papi y mami, eso de la selectividad no se me da; eso les pasa por andar enseñándome a aceptar a cualquiera.

Sin embargo, ya encontré a hombre al que le diría NO. Aunque me juraran su alto nivel amatorio: NI MADRES. Que vive en Niuyor: NUNCAMENTE. Que sabe hacer amigos: NEL. Que relata muy chingón: ÑE. Que es fiel, trabajador y besa rico: CON UNA CHINGADAQUE NO.

TED MOSBY.
El único hombre del planeta que nunca me cogeré**

1. Odio sus pómulos. Los verdaderos hombres no tienen pómulos así de saltados. Evidencia de la anterior está Maicol Jacson.
2. Odio que sólo se dedique a buscar a la madre de sus hijos.
3. Odio su pinche sonrisita. Resalta aún más los asquerosos pómulos y su cara de baboso.
4. Odio su cara de baboso.
5. Odio que sólo se dedique a buscar a la madre de sus hijos.
6. Odio que utilice camisas dos tallas más grandes que lo debido y sobre una camiseta. ¡supera los noventas, loser!
7. Odio que toma cerveza en tarro pequeño.
8. Odio que sólo se dedique a buscar a la madre de sus hijos.
9. Odio su cara de perrito abandonado cada vez que está triste por no encontrar a la madre de sus hijos.
10. Odio que sólo se dedique a buscar a la madre de sus hijos.

Lo que quiero decir es que el personaje se está cargando a mi serie favorita (HIMYM). En el capítulo de esta semana, a Ted le da un ataque de ansiedad futurosa debido a que su madre se casa por segunda vez y a su edad tiene mindfucking sex, mientras que él no puede encontrar a la madre de sus hijos. Entonces, hace lo que cualquier persona razonable: compra una casa enooorme y en ruinas para que esté lista cuando sus hipotéticos hijos y su hipotética mujer la habiten.

No me chinguen.

Es como si una mujer se comprara un vestido de novia, sólo para estar lista. Por supuesto, si esto llegara a ocurrir, la sociedad tacharía de loca quedada desesperada. Sin embargo, si lo hace un hombre, es un maduro y previsor.

Chicos, ya bájenle a su PROSTASTERIA. No es sexy, ni cool, ni moderno y se merecen una patada en los huevos para ver si así sueltan progesterona y hacen cosas de hombrecitos.


** Y no tiene nada que ver que sea un personaje de ficción.

Somewhere, something incredible is waiting to be known

Ya sé, esto lo acabo de poner en recolectivo, pero este vídeo me sacó una lagrimita. :')




Corrían los ochentas y un señor vestido con cuello de tortuga y traje café hablaba en la televisión sobre los planetas y las estrellas; de la gente que ha habitado este mundo que se llama Tierra, las características de ésta y de cómo habían contribuido al conocimiento universal del que ahora él hablaba emocionado. Desde su sillón, ese hombre recorría el universo utilizando animaciones que a ojos de este siglo, parecen maquetas colgadas de hilitos. Su nombre era Carl Sagan y la serie se llamaba Cosmos.

Tiempo después, las computadoras y los hombres comenzaron a llamar mi atención, por lo que dejé de alimentar mi vena científica.

En el 2003 volví a encontrar a Sagan, pero ahora el formato era de papel y con títulos como El mundo y sus demonios y El cerebro de Broca. Pero fue hasta el 2005 cuando devoré Cosmos en pocos días, ya que el librote llegó a mis manos en préstamo de una biblioteca. Al terminarlo, tenía un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. También me dieron ganas de robármelo, pero al final lo regresé.

Cuando la instrucción escolar nos vomita nombres por separado y en diferentes “materias” como Filosofía, Matemáticas, Astronomía, Biología, Historia, etcétera, en Cosmos, Carl Sagan hace un todo y relaciona a Pitágoras con Platón con Hipatía, Kepler, Newton, Da Vinci, Colón, Darwin, Huygens, Einstein. Su lectura me acercó a ellos como hombres (no sólo como teorías), a sus errores, problemas y a las fallas históricas que hemos tenido como raza. El conocerlos por separado me había quitado el placer de entender la relación entre sus teorías y propuestas; tampoco me di cuenta del común denominador que existe entre ellos e incluso, conmigo.

Sagan me llevó de la mano por la historia del hombre como un ser pensante e inteligente. Entendí que el conocimiento, antes que otra cosa, significa libertad. Libertad de elegir a través de la razón, libertad para no subyugarte ante las ideas de otros, libertad para atreverte a soñar en más.

Si me preguntan la distancia al Sol, la gravedad de Júpiter o la elasticidad del tiempo por la aceleración de las partículas a velocidad de la luz, tal vez no les pueda contestar o les diga una tontería. Pero ahora entiendo que la ciencia es mucho más que números, datos, fechas y nombres. La ciencia es lo que nos da esencia como humanos, sus logros y adelantos unen, mientras que las guerras destruyen. La ciencia ilumina, mientras que la charlatanería oculta y miente.

Sabía que sólo era cuestión de tiempo, ahorro y decisión para adquirirlo. Así que desde la semana pasada, Cosmos está en mi librero y es parte de mi evangelio.

martes, 20 de abril de 2010

Cuerpodivino (Godbody)

Theodore Sturgeon es escritor de ciencia ficción. Eso lo sé porque me lo prestó un fanático del género. Por lo demás, admito que no sabía nada del autor y desafortunadamente, no he leído nada más. Cuerpodivino fue publicada tras su muerte, e incluso, en la ficha de Wikipedia en español, no aparece.

La novela está contada desde el punto de vista de ocho personas, las cuales narran en primera persona su encuentro con un ser místico llamado Cuerpodivino. Con forme pasan los capítulos, descubrimos quién es ese ser misterioso y cómo toca a través de la energía sexual que emana, a cada uno de los personajes.

La narrativa tiene un ritmo excepcional; yo lo terminé en un día. Es poético, es cachondo (pero no vulgar), es humano. La idea de elevar el sexo a un nivel sagrado y religioso conecta al lector que ha estado enamorado y caliente por la misma persona. Más que un orgasmo, es la conexión. Supongo que algún católico podría tachar de hereje al texto, sobre todo por las frecuentes referencias a Jesús, pero a mí me encantaron.

Vuelvo a los personajes, que son el hilo conductor de la novela. Todos están delineados física y emocionalmente de una manera muy rica, lo que demuestra la maestría del autor. Además todos soy muy diferentes: un pastor y su esposa, un violador, una loca-desadaptada, una metiche, una artista, un policía corrupto, un viejo agachón.

Mi preferida es la artista Britt Svanguld. Una hippie y excéntrica que se dedica a pintar y sostiene que el tacto es el sentido más valioso. Que en cierto modo, todos los sentidos tocan. A continuación un extracto:

El sentido del tacto es un cristal con muchas facetas. El aire estalla entre el martillo y el yunque y perturba el aire alrededor que a su vez vuelve a perturbar el aire, y esas perturbaciones avanzan hacia ti como pasos hasta que tocan la membrana del oído. Lo mismo ocurre con las ráfagas de sonido que atraviesan las plumas rígidas de un cuervo y las plumas suaves del ala de un búho, y cada una tiene un significado diferente. Ver también es tocar y ser visto es ser tocado, y esto también tiene sus muchos sentidos. No es lo mismo que te vea un niño cruel con una piedra en la mano que un ciervo o una ardilla. Si vives como vivo yo y sabes tocar y ser tocado por los ojos, sientes los ojos incluso cuando no los ves y puedes darte cuenta de qué tipo de tacto es.

En resumen; me encantó, quiero más de Sturgeon y no leerlo es un gran error. Ah y hasta que consiga mi copia, no lo pienso regresar. jijiji


Post patrocinado por:
  • Un ángel escritor que se emborracha con chocolate. Un cuento sin sexo. ¡¡GARANTIZADO!!
  • Gaspar, su rey mago preferido. O como el sexo arruina los recuerdos infantiles.
  • Guisados Doña Mary, del mercado Hidalgo. Les recomiendo la costilla en salsa de chile pasilla con frijoles y arroz. Todas las tortillotas azules que quiera comer incluidas en sus 30 pesotes. Café de olla imperdible.

lunes, 19 de abril de 2010

Time is ticking out

De vez en cuando me gusta ir a Waldo’s Mart para comprar cosas de doce pesos que no sabía que necesitaba. O que si sabía que me faltaba, pero no me acordaba. Supongo que es algo así como un guilty pleasure porque ya sé que si compro una palita de cocina, ésta se va a deshacer con el calor de los huevos revueltos y me quedará un nutritivo omelet de jamón y plástico. Yomi.

Mi adicción a Waldo’s comenzó en Manzanillo, donde compraba una caja que trae como 99 galletas con chispitas de chocolate a doce pesos. ¿Cómo la ves pinche Marinela? Dos kilos después incluí entre mis compras pilas, botes de basura, azucareras y unos jugos de pinturita.

Hace unos días me sobraba media hora de vida y setenta pesos, por lo que decidí entrar a la tiendita para averiguar qué necesitaba. Salí feliz con una lata de atún, un mantel de plástico, un foco y un reloj. El atún ya me lo comí con salsita verde picosita y tostadas. El mantel de plástico se ha comenzado a fruncir así como de pegado porque le puse un traste caliente. El foco no lo pude meter en ningún socket porque está flaco y se cae.

Pero la verdadera tragedia está en el reloj de pared, el cual colgué a lo que llamo “oficina”. Es redondo y tiene colores simulando parches sobre un fondo negro, así que como adorno cumple su función. Como reloj, cumple su función exageradamente, ya que cada segundo hace tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac lo cual me está volviendo loca.

Con cada segundo siento como literalmente se me va la vida. Los tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac se han convertido en latigazos: “ponte a escribir!!” tac-tac-tac-tac; “es hora de sacar a los perritos!” tac-tac-tac-tac ; “no pusiste a descongelar el pollo!” tac-tac-tac-tac; “a ver si ya te duermes, cabrona!” tac-tac-tac-tac.

Sí, lo escucho hasta el cuarto por las noches. Anoche pensaba que tal vez era mi esquizofrenia paranoica, porque la puerta de la habitación estaba cerrada. Mientras escribo estas líneas el puto reloj está encerrado en el baño. La solución es fácil: colgarlo en la sala sin sillones o quitarle la pila y ponérsela al vibrador.

Pero tengo ganas de que mi esquizofrenia paranoica regrese. Además necesito algo a que odiar.
El reloj se queda un rato más, lo he decidido.

martes, 13 de abril de 2010

Leer es malo

Leer es malo. Nada bueno puede venir de agarrar un libro de ficción, mucho menos si eres mujer. Como hombre, debes vigilar lo que tu vieja lee. Como maestro, es tu deber inculcar que la lectura sea sólo de libros técnicos ya que muy probablemente sean de tu autoría y te representarán un gran ingreso futuro. Como padre, es más fácil ponerlo al televisor y ahorrarte un adolescente cuestionador.

Irónicamente, utilizo este medio para advertir los peligros de tan abominable actividad.
  1. No ganas dinero leyendo ficción. ¿En qué ayuda eso a tu carrera profesional?
  2. Las mujeres que leen piensan cosas raras que las alejan de la reproducción humana.
  3. Los libros son amantes de ocasión y desmemoriados. Te acompañan un momento, se meten en tu pensamiento y cuando te estás enculando, se acaban. ¿Quién quiere sufrir?
  4. Puedes convertirte en un paria social. Tu madre comenzará a presentarte como Mi hijo, el que lee (a diferencia de tu hermano, el arquitecto) o te señalarán por en la calle junto al bulto que cargas en la espalda.
  5. Además de ser señalado, no podrás integrarte funcionalmente a la sociedad. ¿Cómo piensas convivir sin hablar del caso “Paulette”? ¿En realidad crees que alguien quiere escuchar tu teoría sobre “El joven aquel” de Garibay?
  6. Te volverás orgulloso e insoportable. Un día te descubrirás citando libros o autores y la gente te odiará.
  7. No hay moral en los libros. Lo mismo matan, engañan, roban, devoran, violan… suficiente tenemos con las noticias.
  8. En sus páginas encontrarás historias de lugares, gente y épocas que nunca podrás vivir, lo que te provocará gran frustración.
  9. Te vuelves cómplice del autor y resulta que, o estaba exagerando o esta muerto.
  10. Leer te mete ideas. Luego mandas a la chingada tu trabajo y te quieres dedicar “a escribir”
Esta es una misión que me he autoasignado y no terminará con este decálogo. Prometo hacer una reseña semanal de un libro que no deben leer y porqué.

(Y es que no he hecho mucho más estos días, jiji)

lunes, 12 de abril de 2010

Visit Querétaro

Lo siento, este no es un post de no le cuentes a mi madre. Ando ocupada juntando y editando mis cuentos.

Sólo quiero decirles que pasear por el centro de Querétaro en estas tardes/noches de primavera son de las cosas que no deben dejar de hacer en su pinche vida. Ya no necesitas suéter, las calles están cerradas (los domingos) y la gente anda contenta. Puedes comer desde tacos hasta gorditas sin olvidar los elotes, cuya temporada buena está por comenzar.

Y las fotos salen geniales.






ANUNCIO CULERO:
En tres pedazos de Norberto hay un cuento en que agarré a mi abuelo de personaje. En tres imágenes tienen que encontrar a un viejo de puta madre, si no, habré fracasado totalmente. Es posible que las cosas no pasaran así, pero en la esencia, si que es él.

Y como siempre, lunes de Recolectivo con mi típico Miranda Mode ON. Lea bajo su propio riesgo.

sábado, 10 de abril de 2010

No andaba muerta

Ni andaba de borracha...
Tampoco me quedé sin internet...
Mucho menos conseguí trabajo...
Estaba ocupada tirándome en pelotas en una alberca de agua fría.

¡Pero ya estoy de vuelta! (aunque dentro de 13 días me lanzaré a GDL a ver a Sabina (Joaquín) y no se si vuelva pronto ya que lo pienso seducir.



¡Disfrútenme mientras puedan! *blink*blink*

1. Un semicadaver exquisito semierótico semimamón en Repollo y Atún
Sé que estuviste aquí. Sé que estuviste en mi cama. Sé que estuviste leyendo. Lo sé porque me dejaste un regadero. Y no me refiero a las sábanas enredadas en la colcha o la almohada tirada en el piso. Me refiero al montón de letras que dejaste esparcidas sobre el colchón y al libro sobre el buró que está furioso porque se las robaste.

2. Una colaboración fuera de lunes en Recolectivo. Nadie se a atrevido a decir cual es mi cacho de texto... si se nota, ¿no?
Llegué al Acólito por causalidad. Esa tarde caminaba sin rumbo por Ezequiel Montes cuando vi las nalgas de Edna afuera del local. Me gustó el lugar: todos los muebles estaban hechos de madera antigua, la decoración era publicidad de los 20´s y era pequeño y acogedor. Sería mi santuario de inspiración y de creación de allí en adelante. Cargaba libreta y lápiz todos los días, y pasaba largos ratos tomando café sobre la coja; el nombre con que bauticé a la silla que ocupaba.

miércoles, 7 de abril de 2010

Torta de Tamal

Casi no escribo de amor, pero los de Donde-Ir
me pidieron un texto que fuera decente y que no tuviera
sexo, así que esto salió.

-¿Torta de tamal otra vez?- Reclaman el par de niños tapados hasta las orejas. Los furiosos ojitos negros reprenden sin éxito al padre, quien contiene la risa que le provoca el adivinar las caritas de enojo que se encuentran por debajo de cada bufanda. -¡Se la comen, dije!- Les ordena con fuerza, mientras recuerda que a él tampoco le gustaban las tortas de tamal.

Fue en el amanecer de otro invierno cuando Miguel llegó al paradero del metro La Raza, tras sortear una multitud de coches mientamadres que en Insurgentes Norte casi acaban con su esquelética humanidad. La gente se multiplicaba, lo que le dio la impresión de que todos los habitantes de la ciudad se dirigían al mismo lugar que él.

lunes, 29 de marzo de 2010

Decoradora

El muro de la presunción o "Antes muerta que sencilla".



Bien artística yo (ajá)

Ya pues, pónganse a leer:
En Recolectivo me puse existencial y robavidas (dicen)
Y en Repollo un poco equivocadiza (dicen también)

viernes, 26 de marzo de 2010

3/15 Chilangas

III.

Los zapatos de tacón le dan significado a ser mujer. Como aquellas, son bellos y tortuosos. Vienen mil texturas, colores y formas diferentes. Cada par tiene un alma gemela en forma de vestido y sus accesorios. Aunque por supuesto, ser infiel de vez en cuando con un pantalón no es pecado mortal. Pero sobre todo, sólo con los zapatos de tacón es posible anunciar una entrada triunfal.
Por eso comencé a coleccionarlos y después, a usarlos.

Mi esposa dijo que era un fetichismo enfermo. Mi madre, que era la crisis de los cuarenta. Por fortuna, mi padre está cremado, de lo contrario se hubiera levantado de su tumba. Yo sigo sospechando que en realidad lo que les molesta es la idea de compartir el poder que siete centímetros más de alto les da.

Con lo que me sobró del divorcio, renté un departamento y me compré vestidos que les hicieran juego. Me tomó un poco de tiempo para aprender a andar bien en tacones y vestidos. Tuve que acostumbrarme sentir la tela sobre mis pantorrillas y el aire correr libremente por mis huevos. Pero una vez dominado el paso, comencé a salir vestido de mujer.

Afortunadamente, para que en esta ciudad llames la atención, debes pertenecer a alguna tribu urbana de moda, como emos o darketos. Por eso, el llevar vestido y tacones siendo un hombre delgado, lampiño y sin facciones toscas, pasa por completo desapercibido. Siempre tenemos tenemos mucha prisa por esquivar al de enfrente, como para tomarnos unos segundos y pensar si el bulto casi atropellamos es hombre o mujer.

Los pocos amigos que me quedan y con quienes salgo muy de vez en cuando (siempre bajo la advertencia de ir vestido de machín), me preguntan si me siguen gustando las mujeres. Como si alguna vez me hubiera vuelto maricón. No los critico y tampoco esperaba que me entendieran cuando decidí mostrarme como soy: un hombre que gusta vestirse de mujer.

Enseñarme tal cual soy es lo más difícil que he hecho. Al sincerarme con la gente que me importa a pesar de prever su reacción, su negativa y su crítica fue una patada en los huevos. No había salida más honesta me repito cada vez que la incertidumbre, la soledad y la depresión amenazan mi cabeza. Cuando el dolor de saberme negado o minimizado vuelven en cada llamada o reunión familiar.

“No es más que ropa: tacones y vestidos”, les repito sin éxito y con la esperanza de ser aceptado. Pero bueno, supongo que si voy a andar triste por la ciudad, es mejor hacerlo en tacones.

martes, 23 de marzo de 2010

Soy una escritora pagada y otras chingaderas.

Ayer fui a chilangolandia con el objetivo de cobrar el cuentito que hice para la revista Donde-Ir (¿ya la compraron? Sólo sale en el DF y sólo este mes). Después de 4 transbordos de metro y un taxi, por fin llegué al lugar (Polanco), donde una señorita muy amable me dijo que me había pasado por 73 pesos en el recibo, pero que no importaba, ya verían como meterlo. Llené hojas, cedí derechos presentes y futuros de mi cuentito “Torta de Tamal” y extendí la mano para recibir el millonario cheque. Resulta que hasta mayo me pagan. Ni pex. ¿Qué tanto son 7 días sin comer?

A las 6 de la tarde emprendí mi regreso desde Polanco a casa de mi abuelita (en serio), avecindada en Tlalnepantla, Estado de México. A las 7:30 traía un hambre chilanga por lo que me chingué una torta caliente llamada submarino. El pan con jamón me dio valor para meterme al metro, donde los vagones eran mostros de metal que escupían chilangos. Cuando por fin pude entrar al vagón, lo hice con estilo rockero: alzada entre brazos.

No cierto, pero casi. Como sea, creo que los chilangos tienen esa mezcla de demencia y buen humor necesaria para enfrentar apachurrones de esa índole. El griterío de "desalojenlé!" "dejen bajar!" "circulando / circulando!" estaba muy divertido, ja.

Salí de la Raza y tomé el minibús a casa de mi abuelita. Cuando me bajé en la iglesia donde me bautizaron, me salió un lobo y corrí sin voltear atrás. Capaz que era un sacerdote. Llegué casi a las 9 con dolor de piernas y espalda. Soy repueblerina, me cae.

Y bueno, estos días he estado leyendo harto. Uno No Sabe de Mónica Lavín tiene cuentitos que se me antojan semi-autobiográficos, por lo que estoy pensando seriamente en aprovechar mi bio y hacerle al cuento. Su narrativa es ágil y sencilla, aunque algunos cuentitos son medios Blah, otros, como el de los padres carnívoros, la coqueta tragona o la reportera subida a diosa me latieron.

Mecenas, de William Rotsler es un cuentito que viene en una antología de CF del que la mitad me gustaron y otros me los salté porque no entendía ni madres. Pero ese lo amé. Amé la personalidad ecuánime y estoica del protagonista y cómo describe a sus grandes pasiones: el arte y su mujer.

Afortunadamente, ya le estoy hallando el pedo a tanta palabrería de Delirio, de Laura Restrepo. Y es que no mamen, ni está tan complicado, más bien no me atrapa. Pero soy necia y ese sí que lo pienso acabar.

También he andado de metiche en conferencias magistrales de mi facu. (Me siento muy chingona cuando digo “facu”). Fui a un ciclo de conferencias de la llegada del tren a México y a Querétaro, así como su influencia en la Revolución. Y andaba de masona en unas conferencias de Derechos Humanos con Roberto Blancarte, una chingonería de señor. Otra de las excomuniones de Morelos e Hidalgo.

La dieta va mal y los perritos van bien.
Life is good.

Los budistas son los peores

Hace algunos años, cuando era más joven y menos sabia, vivía en Madrid. “La calor" -como dicen en aquellas latitudes- aún se negaba a mostrarse por completo, no así mi calentura. Habían pasado 4 meses desde mi cambio de continente y la misma cantidad tiempo sin que nadie me hiciera un "favorcito" (aunque fuera malo) y como que ya tenía cosquillas.

Estábamos en una borrachera cuando conocí a Malik, un francés tan bonito que me hizo preguntar si no era yo medio lesbiana: ricitos rubios, ojos claros, nariz aguileña, pestañotas… ya saben, una niña sin tetas. Los ebrios del lugar eran en su mayoría eran latinos, por lo que la conversación sudaca / competitiva había alcanzado un punto álgido: colombianos y venezolanos estaban a punto de volverse a declarar la guerra por el control de la frontera.

Con el fin de no participar en divisiones políticas que atentaran contra los ideales de Bolívar y San Martín, busqué al güerito franchute. Comenzamos a platicar de temas internacionales de gran relevancia, como el impacto de la guerra franco-prusiana como disparador económico del sorgo alemán. Malik comenzó a hablar muy entusiasta, casi como un orador de las naciones unidas. En mi semiebriedad me di cuenta de su nulaebriedad. Le pregunté la causa de su abstinencia y mirándome directamente a los ojos me dijo: “Soy budista y no necesito el alcohol para divertirme”.

(tó-ma-la, pin-che bo-rra-cha)

jueves, 18 de marzo de 2010

Escribator

Buscando un libro harto loco que no venden en el Sótano (chiste interno), encontré que el autor tiene un blog im-per-di-ble:

Apuntes de un escritor malo
Por fin la controvertida columna que ningún editor quiso publicar: "Hola, mi nombre es Anónimo Hernández. Soy un escritor malo, me gustan la reiteración y el efecto cacofónico. Tiendo a lo superficial y nunca he podido estructurar una buena estructura. Como sea, escribo lo que me da la gana". Un nuevo texto cada 30 días, no te lo pierdas.

Casi nos hacemos pipí al leer lo siguiente. Y poquito menos (pero que aún es un chingo) con éste.

ESCRIBATOR
por Anónimo Hernández

Jamás sospeché que una huelga de escritores en Hollywood traería a varios productores a las puertas de mi casa. Al principio me sorprendí y supuse que debía tratarse de una confusión, pero viéndolo bien, resultaba natural. En su momento me lo expliqué así: yo no estoy en huelga; les salgo más barato; y sus obras son tan malas como las mías.
Provenientes de varios estudios cinematográficos, los hollywoodenses me pasaron montones de películas (que nunca pude ver porque mi tele no funciona desde hace años), lo mismo que algunas carpetas con recomendaciones técnicas; de entre éstas, hubo una que llamó mi atención y terminó por persuadirme: “En el desarrollo de sus historias, siéntase libre de mezclar distintos tipos de géneros, personajes, lugares. Por ejemplo: combine millonarios con vampiros; zombies con jugadores de hockey; drama con horror…”, etcétera.
Con tantas licencias poéticas pensé que sería una tarea de lo más fácil, pero después resultó que no se me ocurría nada. Pasaron días tan tranquilos y soleados que no se inquietaba ni mi imaginación. Días que se convirtieron en semanas.
Hasta que comenzaron las llamadas de larga distancia. A diferencia de los escritores gringos, a mí me pagarían a destajo y sin adelanto alguno. Y aún así los telefonemas fueron aumentando y recrudeciéndose hasta que llegaron a las amenazas de demandas legales, de vetos, y hasta de extradición, como si fuera un narco. No me sentí en posición de reclamar nada, por el contrario, me asusté tanto que me escondía bajo la mesa cada vez que sonaba el teléfono. Me aboqué a seguir las sugerencias que me habían dado con el fin de inventarme un sistema creativo, cuyos generales enumero aquí.
Primero, vinieron a mi mente (a mi rescate) varios amigos de juventud, principalmente el Gumaro. Éramos un grupillo de golfos que bebíamos cerveza refugiados en los zaguanes de distintas vecindades. Una noche, el Gumaro, embelesado por una película en boga, y ya medio pedón, pidió que a partir de entonces le llamáramos el Terminator.
–No seas ridículo…
–Qué tiene…
–Nadie inventa su propio apodo.
–Además, te pondríamos el Kelvinator, no el Terminator…
–A huevo, tienes más cuerpo de estufa que de refrigerador!
–JAJAJAJA…
Allí hallé mi primer componente.
El segundo provino de otro héroe fílmico de la época, Robocop, cuya indumentaria lo hacía más impresionante que Schwarzenegger –con todo y su cara de robot, su inglés de robot y su mentalidad de robot–: un exoesqueleto metálico y resplandeciente le quedaba de maravilla a mi protagonista.
El tercer elemento sólo podía provenir de lo único que me importa en la vida. Mi superhéroe, inmerso en un medio ignorante y vulgar, buscaría hacer justicia a una de las máximas manifestaciones del hombre: la Literatura Universal.

Saliendo de un auto futurista en plena colonia Doctores, estremeciendo el pavimento a cada paso bajo el peso de su armadura, cobró vida Escribator, el Defensor de las Letras.
Escribator. Un nuevo héroe, un héroe para nosotros.
Escribator: mitad androide, mitad estufa.
Sobre su pecho destacaba una especie de teclado de computadora que activaba parte de sus artilugios bélicos. Su casco simulaba un ratón (de computadora, no de biblioteca). Y de sus puños sobresalían dos finos cañones en forma de pluma fuente. Una chingonería. Sobre todo porque su arsenal producía sonidos como: Pfffffffffff! Yyyiiikkk! Chiu-chiu-chiu!
En pleno Bronx mexicano, un barrio muy cabronx, Escribator inició su labor justiciera contra lo primero que le indignó: los anuncios de negocios que leían: “Hamburgesas y jodogs”, “Proibido miar aqui”, “Tortas gigantes Las Moustrosas”, “Jugos y Yugurs”, “Cluchs y amortigüadores”, etcétera, achicharrándolos con su lanzallamas: Pfffffffffffff!
El héroe prosiguió sus labores aplicando el infamante Calzón Chino a todos aquéllos que escuchaba diciendo cosas como “mas sin embargo” o peor aún “mas sin en cambio”.
–A-la-alberca! –comenzó a sentenciar, como parte del folclor heredado de su tío el Kelvinator, con una voz robótica que, mas sin en cambio, recordaba mucho al Charro Avitia.
La gente gritaba dispersándose por las calles presa del pánico:
–Corran!
–Huyamos a estudiar gramática!
Implacable, Escribator centró después su atención en los puestos de periódicos. Revisó las revistas de chismes, las publicaciones deportivas, los semanarios sensacionalistas. Al llegar a los suplementos culturales, por un error de su creador –o sea, mío–, se vio imposibilitado para maniobrarlos hábilmente. En busca de un buen escritor, las lajas de papel se escurrían entre sus dedos mecánicos desfoldándose y volando por los aires, cual gaviotas a la mar.
Yyyiiiikkkk. Quedaron reducidos a tiras.
Enfurecido ante tanta ignominia lingual, Escribator tiraba los kioskos y les prendía fuego con su lanzallamas, dejando un panorama de destrucción tras de sí. En ese momento me di cuenta que la limpieza literaria, propósito para el que fue creado, estaba yendo muy lejos, casi como la limpieza étnica de los Balcanes.
Y al igual que otras bestias creadas por el hombre –creadas concretamente por un escritor– Escribator finalmente cobró vida propia.
Ha dejado de obedecerme. Ahora zarandea policías, voltea patrullas.
–A la alberca!… A la alberca!
Errando pero no errando, ha cruzado ya por varios barrios, populares y popoff…
Pero esperen!… Oh my God!… No! Ahora se perfila hacia una afamada casa de libros!
–Detente, esto es demasiado!
Entra destruyendo las puertas de la librería y reduciendo a escombros las mesas de novedades.
–A la alberca!
Se detiene cerca de las promociones como si revisara internamente los comandos a ejecutar:
–Primero-los-aburridos –sentencia su voz metálica.
–No, Escribator, acabarás con los teóricos, con los historiadores, los filósofos…
Chiu-chiu-chiu. Lanza una ráfaga de microbalas que reduce muchísimos libros a simple confeti.
Ha escapado de mi control.
–Ahora-los-parásitos…
–Qué? Destruirás a los críticos?… Qué haremos sin ellos!… No!
Yyyiiikkk. Rajados como serpentinas.
–Faltaba-un-poco-de-alegría-por-aquí… –ironiza para sí misma la máquina infernal, arrojando confeti y serpentinas por doquier.
Yendo de un lado a otro con su cuerpo de lavadora, decide su próximo paso:
–Siguen-los-pedantes-y-farsantes… Aunque-haga-verso-sin-esfuerzo.
–Eso no! Maldito! Acabarás con casi toda la literatura mexicana actual!…
Pfffffffffffff!
Fuego por todas partes...
De aquel paisaje apocalíptico sólo se han salvado unos cuantos libros, los de siempre...
El robot literario se detiene como si admirara su obra y buscara el toque final:
–Sólo-faltan-los-escritores-malos…
–Qué?… No puedes hacerme esto!…
–A la alberca!
–Soy tu amo!
Chiu-chiu-chiu.
–Aaaggghhh!

FIN

miércoles, 17 de marzo de 2010

2/15 Chilangas

II.

El sol aún no se asoma tras esos cerros y volcanes cuando salgo a trabajar. De un portazo estoy fuera de mi casa y escucho al viento azotar unas contra otras las hojas que les quedan a los árboles de Tlalpan. El ruido de periódicos y botes vacíos arrastrándose por el piso me hacen resguardarme en el marco de la puerta, en un intento por evitar que el polvo me entre a los ojos. Esta siempre ha sido mi ciudad y sé cómo cuidarme… hasta de esos vientos invernales.

En ocasiones me he preguntado si en el fondo no soy más que una pueblerina. Y es que las calles angostas y empedradas de Tlalpan dejan fuera al tráfico de la ciudad. Caminando de la mano de Eugenio me enamoré del quiosco que adorna el centro de su plaza, del elotero, de los hippies que venden collares los domingos. Mi cuerpo comenzó a tornearse por devorar los tamales de la esquina -con champurrado y en torta-, el pan y la cerveza de la Jalisciense. Ya no temo a los borrachines meados y tirados, a los teporochos o a la loca de negro que pasea por las noches.

A lo lejos, escucho a los perros que ladran y a los coches que rugen. La Ciudad de México está despertando. ¿Acaso durmió? Yo, al menos, no.

El viento se llevó la flojera que la combinación de baño y café no habían podido sacar de mi cuerpo y comencé a caminar con pasos decididos. No había tiempo que perder, que los minutos chilangos avanzan más aprisa que en el resto del mundo y aún me quedaba más de medio Insurgentes para llegar al trabajo.

A pesar de la prisa, no pude evitar el detenerme en aquella lomita desde donde se ve cómo la ciudad quiere escapar de sí. Donde por cada luz hay una persona, con sueños, esperanzas, problemas y decisiones por tomar. ¿Qué se sentirá ese idiota por dejar a su perro congelarse en el techo? ¿Qué usará por la mañana aquella que dejó los calzones en el tendedero? Y el dueño de ese coche destartalado, ¿Cuándo lo irá a tirar?

Desde la primera vez que las vi, le dije a Eugenio que eran estrellas en el piso. Sus ojos científicos se entrecerraron y las cejas muy juntas me hicieron ver que su cerebro se había puesto a funcionar -Es la capital tratando de opacar a tus amadas estrellas y yo digo ganó- agregaba sólo por chingar. Entonces se reiniciaba la vieja discusión sobre hombres y estrellas. Pleitos de astrónomo con antropóloga que no buscaban encontrar un punto en común en otro lugar que no fuera nuestra cama.

Y es que en realidad no importaba mucho el no convencernos de teorías y prácticas, cuando apenas hace algunos meses nos habíamos convencido que nos era imposible dormir sin ver antes el resplandor de nuestros ojos. Entonces supimos que la pelea entre luces artificiales y estrellas tenía un ganador.