Este blog personal estuvo activo de marzo de 2008 a julio de 2010. La continuación está en jeri4queen.blogspot.com

jueves, 31 de diciembre de 2009

Métanse por sus doce uvas...

Toda mi vida he sido Grinch de año nuevo. El trauma inició a una edad muy temprana, cuando me obligaban a permanecer despierta hasta media noche, únicamente para la ridiculez de abrazarnos, comer 12 uvas y expresar los buenos deseos de siempre (salud / dinero /amor). ¿Qué no se puede hacer eso a una hora decente, como a las 7 pm? Y es que para mí las horas de sueño son sagradas.

En la adolescencia -cuando era más mamona que ahora- a mis padres les dio por salir a restaurantes a cenar. Había que llegar como a las 9 pm y esperar 3 horas para el penoso ritual. Tengo muy presente una ocasión que me obligaron a ir y yo quería quedarme cuidando a un perrito recién nacido. Entonces, metí al chucho a mi bolsa y por ahí de las 10 me descubrieron. Aún así, nos quedamos en el lugar.

Ya adulta, seguía con mi necedad de no festejar y seguí mucho tiempo enfrascada en mi berrinche. Mi alegato siempre fue que era un día como cualquier otro, consecuencia del calendario y el paso del tiempo. -Pinches ganas de marcar hitos- decía. En realidad, nada me costaba cenar y chupar con los que querían compartir conmigo, como si fuera “cualquier otro día”.

Los treintayuno de diciembre comenzaron a ser más entretenidos en Querétaro (dosmiltres / dosmilcuatro). Hacíamos de cenar algo rico y nos poníamos borrachos. Es decir, era como cualquier otro día, pero me peinaba. (jajaja me acabo de acordar de los cabrones de Pedro y Pablo estaban impactados porque no traía puesto pants y me había maquillado).

La entrada del dosmilcinco fue muy especial para mí. Tenía dos días en Madrid y en la Puerta del Sol conocí a la que se convertiría en unas de mis mejores amigas: La Reyna. Un año después, pero esta vez disfrazada y con acento gachupín, no falté a la cita de la bola cayendo entre uvas de lata, pitos y gritos. Aquella noche me comencé a despedir de una de las experiencias que marcaron mi vida. Las Nocheviejas en Madrid son contagiosas. Son un excelente símil de mi vida madrileña: devoré a la ciudad y me dejé llevar por su alegría, cultura y forma de vivir. El papelito de la maestría pasó aun undécimo lugar.

Sin embargo, hoy no es un día como cualquier otro. No es sólo un cambio de calendario flaco por uno más gordo.

Vengo llegando de unas vacaciones en la playa en la que ninguna noche dormí bien. No era mi cama y mis perros, al sentirse fuera de lugar y con calor, jodían de más. Me levantaba a mear (¿será incontinencia por la edad? bujuju) y soñaba mucho. Demasiado. Ninguna pesadilla, pero me hacían preguntar demasiadas cosas sobre los muchos cambios que en este 2009 he tenido.

Además, salí del closet escritoderil ante mis papás.

Se me hace que soy la única pendeja que regresa de la playa con estrés en la espalda.

Por eso, decidí estar sola esta noche. Tengo podcasts por escuchar, preguntas por responder (y hacer ) y en una ventanita hay tuiteros igual de adictos que yo. Además estoy escribiendo.

Métanse las doce uvas… por donde más les guste.

martes, 29 de diciembre de 2009

¿Donde andas pinche vieja?

Y otras preguntas de la vida, el mundo computito, el amor entre insectos, blogs y etcéteras que les inquieten, favor de hacerlas aquí mero.

Prometo contestar con la mayor honestidad posible (osease, media ebria)

FELIZ FIN DE AÑO!

viernes, 18 de diciembre de 2009

Pa que me dejan sola si ya me conocen

Y bueno, la semana comenzó muy muy muy mal. Pero bueno, poco a poco una le va agarrando el modo, los perros corren como almas endemoniadas y la tucita me saca reverendas carcajadas en las que hasta eso de "dame la pistola para dormir tranquila" tiene nuevo significado. Creo que soy la única que se intenta curar el corazoncito viendo Los Tres Huastecos en yutub, ja.

Entonces sé que estaré bien.

Hablando de reír, chequen mi primer post en No le cuentes a mi padre. ¿Que es lo que quieren las pinches viejas? Hasta videíto tiene.

Además quiero agradecer a Agustín y a Luis, que me mandaron posts de invitados para el blogcito cochinón, snif. También gracias infinitas al Poeta sin inspiración, Rurie, Rojo y Spider que se unieron al proyecto y que lo están haciendo con un chingo de ganas.

Me gusta que la gente escriba, pero más me gusta que lo hagan con ganas :)

Quien quiera participar, ya sabe. No escriba con "k" y mándenme un mail a rossymr@gmail.com



miércoles, 16 de diciembre de 2009

El gatito chino

Para este cuento, sólo me dieron a tocar un gato chino de la fortuna.
De ahí inventé todo. Algunas cosas de la repisa existen de verdad :)

Recién estrenaba marido cuando éste me dio un gordo presupuesto para amueblar nuestra casa a mi gusto. “Tú que has viajado, elige cómo la quieres decorar, cariño”. Así que la vestí de pared a pared: colgué cuadros con figuras abstractas, atiborré los libreros de roble y coloqué grandes y engañosos espejos que dan más amplitud. Cubrí el piso con alfombras en las recámaras y tapetes en las salas. No faltan las grandes televisiones, equipos de sonido y computadoras. Hay burós, mesas, sillas y sillones de colores obscuros y solemnes, acordes a un político y su nueva familia.

Sin embargo, en un pasillo, hay una vitrina de latón que desarmoniza con la elegancia de la casa. -Es mi espacio egoísta, mí pasado- le dije cuando ese gesto de desaprobación se asomó en su cara. Además, por este pasillo sólo pasa la servidumbre. Él alzó los hombros y chasqueó la lengua aceptando esa pequeña derrota.

En su interior, mi vitrina tiene un mate y su hace mucho no utilizada bombilla de metal. A su lado, una lamparita con base de alambre y pantalla hecha de pedazos de vidrios verdes. Algunos están rotos y no tiene la vela para iluminar. Un poco raspado está un avioncito de madera pintado en rojo y amarillo brillante. A la muñeca de trapo le falta un ojo, la moto-estatua de bujías se ha comenzado a oxidar y sin vodka se encuentra esa botellita de Stolichnaya que tomé en un avión trasatlántico. Al fondo, un cuadrito del arcángel Gabriel.

Alguna vez todas esas piezas estuvieron libres en los libreros de una casa que no tenía sala, ni tapetes. En vez de cuadros, había postales del mundo regadas, intentando adornar la blanca pared. Una casa en la que mucho tiempo sólo la habité yo.

Cada pieza cuenta una historia, unas personas, un lugar. En cada una estoy yo o al menos, una versión de mí. El último elemento que se incorporó a esa colección fue el gatito chino. De color dorado, su altura no pasa diez centímetros. Su larga cola apunta hacia arriba y está en tres patas, ya que la cuarta la utiliza para saludar.

En el 2010 visité Pekín. Mi estómago aún se estaba acostumbrando a su grasosa y exótica comida, pero negaba a comer en restaurantes para turistas. La fila para entrar a aquel restaurant era inmensa y yo que era amante de las multitudes, me formé. Cuando por fin fue mi turno, me asignaron una pequeña mesa para una persona, bajo una de esas lámparas-bola de techo de color rojo y dorado. Me sirvieron un té que sabía a maderas y con señas ordené lo que me pareció menos asqueroso del menú fotográfico.

En la mesa se encontraba esperándome el gatito chino; lo sostuve a pocos centímetros de mi cara para verlo mejor, mientras mis dedos sentían sus finos ángulos. Otro comensal se acercó a mi mesa con una gran sonrisa y en un inglés apenas entendible, me dijo que la tradición es tomarlo, traerlo algunos días y volverlo a liberar en otro restaurant chino. -Estos chinos milenarios tan locos- pensé. Sin embargo, pocos días después y ya habiéndole agarrado el gusto a su comida, lo liberé en una mesa para dos de un restaurante de Shanghai.

Siete años después fui a Nueva York, acompañando a mi político esposo a una gira por la ciudad. La cita diplomática era en un restaurant chino, pero en éste, a diferencia de los que conocí cuando la década nacía, había que hacer reservaciones y su menú estaba en inglés.

Mi cabello ya no era rojo, no iba sola, ni cargaba un bulto en la espalda. Pero el gatito chino estaba ahí, esperando a ser tomado, para posteriormente obtener la libertad. Le conté la historia al grupo que me acompañaba y todos me regresaron una sonrisa condescendiente. ¿Hay cosas menos banales en este mundo por hablar, cierto?

Tomé el gatito y lo guardé en mi bolso de satín y de ahí directo a la vitrina. Si yo me encerré ¿Por qué no había de hacerlo él?

martes, 15 de diciembre de 2009

¿Soñaré contigo?

Anoche caché en uno de los 8 canales que el cable me dejó gratis, la película Eternal Sunshine of the Spotless Mind, una de mis muy favoritas.

La escena que más me gusta es la del lago congelado, en la que el loco personaje de Kate Winslet (Clementine) incita a un muy temeroso Jim Carey (Joel) de que entre. El no se atreve, le dice que regrese, que si está segura, que el hielo se puede romper. Al final de la escena, ambos están recostados en el hielo, mirando las estrellas. Entonces, él dice que nunca antes había sido tan feliz.



La historia nos cuenta que el evento que desencadenó el borrado mutuo de memorias, fue una borrachera de Clementine, en la que Joel la insulta. En ese momento, él no se da cuenta que ambas caras son la misma moneda. Es la misma Clementine siendo loca, atrevida, libre, comiéndose la vida. Sólo que en vez de estrellas, ahora hay aliento alcohólico.

Hace algunos años, yo me di cuenta de eso. Nuestra forma de ser es una, pero las demostraciones de lo mismo, son diferentes y a veces, no muy gratas. Desafortunadamente, no puedes partir la moneda en dos y tirar lo que no te gusta.

Cuando los recuerdos están siendo borrados de la mente de Joel, él se da cuenta de "la moneda" y trata de evitar que Clementine desaparezca de su memoria, como este diálogo:
Clementine: Look man, I'm telling you right off the bat, I'm high-maintainance, so... I'm not gonna tip-toe around your marriage, or whatever it is you've got goin' there. If you wanna be with me, you're with me.
Joel: Okay.
Clementine: Too many guys think I'm a concept, or I complete them, or I'm gonna make them alive. But I'm just a fucked-up girl who's lookin' for my own peace of mind; don't assign me yours
.

Y una vez borrados, los personajes se reencuentran y vuelve a aparecer esa línea:
Clementine: I'm just a fucked up girl looking for my own piece of mind, I'm not perfect.

Y los Okays que van mucho más allá de estar de acuerdo: el recuerdo de un pasado común no existe, pero ellos son los mismos y la atracción continúa, esa no se puede borrar.

Por supuesto, la premisa de borrar un recuerdo es un recurso literario / cinematográfico. La forma de almacenar en nuestro disco duro tiene un formato que aún no se termina por entender. A veces es un olor, a veces sólo una imagen que desencadena un gran recuerdo.

Dudo que alguna vez a nuestro consciente se le olvide alguna de nuestras relaciones. Sin embargo, creo a nuestro subconsciente es más selectivo y en sólo en sueños reaparecen.

Yo sólo sueño con 2. En unos años sabré si son más.

lunes, 14 de diciembre de 2009

De cochinadas y emociones

Antes de ir a la FIL, volví a leer los Diarios del fin del mundo. El orden quedó perfecto y descubrí en algunos cuentos, cosas que en la primera revisión no me había dado cuenta.

Mi cuento lo leí en voz alta ante los participantes de mi taller de escritura y al final, se me quebró la garganta. Estaba emocionada, porque es mi texto en papelito y por el personaje que aparece al final. Algunos, incluyendo la inspiración de ese personaje no entendieron mi cuentito… que se le va a hacer.

Caminando por la FIL veía las toneladas y toneladas de libros que hay para ofrecer. Y yo tengo tres ¡hojotas y media! Qué impresión.

Leyendo la autobiografía “Quién soy, Dónde estoy, Qué me dieron” de José Agustín, me di cuenta que así escribiré la autobiografía que estoy haciendo. La había planteado en formato de blog, pero eso apesta. Lo loco es que esos “on writtings” los escriben DESPUÉS de haber escrito un libro, no antes. Bien original yo.

Pero bueno, tanta mamada es nomás para anunciarles que ahora sí, No le cuentes a mi padre deja de ser beta y comenzará a llenarse de cochinadas y suciedades que tanto nos gustan. Por ahí hay tres cuentitos míos, que si bien ya los conocen, tienen más escenario, para que mi maestro se sienta orgulloso de mí.

También está Agustín Fest, el mismísimo Árbol como invitado del día inaugural. Y el Poeta sin inspiración hizo un poema bien cachondito.


Dense la vuelta y díganme que opinan. Muchas gracias, valen mil.

PD. También planeo escribir en Recolectivo, pero aguántenme tantito!.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Ayer me cagaron los pájaros y otras trivialidades.

Yo vivo en el cerro. Y lo mejor de vivir en el cerro es bajar por las tardes, justo cuando el sol está cayendo y el horizonte se torna rosa-naranja turquesa. Las luces de la calle aun no se encienden, y las casitas se ven como de maqueta. Así que ayer bajé a esa hora y los pajaritos se disponían a dormir en los árboles del camellón.

Putos pájaros.

Le pusieron una cagotiza a mi coche recién lavado. Así como que no es muy bonita la tarde queretana.

***

La semana pasada para irme a la FIL, lo hacía en minibús (ruta 626) porque me salía más barato y rápido que llevar coche. Y yo no sé porque chingado la pinche gente se sienta del lado del pasillo, teniendo libre el lado de la ventana. Del lado del pasillo te pueden arrimar el camarón al hombro o darte un bolsazo, o aventarte el tufo. Además que el que está de junto, se atraviesa constantemente.

No lo entiendo. Subía al camioncito y todos los lugares ocupados eran del pasillo. ¿Apoco creían que no les iba a pedir permiso para pasar?

Como sea, me di cuenta que soy demasiado correcta y mamona con la gente que no conozco. Les hablaba de usted y sin saludar. Muy distinto fue mi “¿Disculpe, me da permiso?” al coloquial de un chavito de gorra y pants rotos “Hola amigo, ¿me das chance?” o el “¿Si me deja pasar? De una señora con cara de malcogidez.

***

Ayer perdí durante una hora más o menos mi celular. Me puse histérica y de pésimo humor. ¿Y así me quiero comprar un teléfono bueno para tuitear? Hasta me dolió la cabeza. Para acabarla de amolar, tenía que ir con mis vecinos a poner mi carota y pedirles de favor que me presten su credencial para votar y me firmaran un hojita con sangre porque el gobierno no cree que vivo en Querétaro.

Mi vecina me preguntó que como me sentía como “ama de casa” y si pronto pensaba tener un bebe. ¿WTF? Y otro vecino no estuvo y no puedo hacer el tramitito.

Post pendiente: Cómo comprobarle al gobierno de Querétaro que vivo aquí.

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Ayer pase por un Toks y había una posada de empresa. ¿Tan gruesa está la crisis que ya no les alcanza para un lugar menos cutre? (hace mucho que no decía cutre, ustedes disculpen). Como sea, estaba pensando que es genial no estar en una empresa esta navidad: Que hueva los intercambios, los compañeros ñoños borrachos que se te acercan demasiado porque están borrachos, la clásica pregunta ¿Qué vas a hacer en navidad?. Y sobre todo, que hueva trabajar. JA.

Así que yo sola haré mi posada, mi intercambio y me insinuaré cochinadas. Ódienme.

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Terminé "la Tumba" de José Agustín con unas ganas locas de ir a chilangolandia y chupar puro jaibol. A ver si así hablo con onda.

***

Valerie es muy bonita (rojita y pequeña), pero no me da el ancho. Es lenta, se traba y no tiene cidi. En resumen: necesito una compu nueva y estoy en búsqueda de una de escritorio de seis mil pesos. ¿Alguna recomendación?

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Que no se encuentre una gringa

Para este ejercicio, se me solicitaron personajes y escenario. Si los transporto a la estación ranchera, ya chingué.

Faltaban apenas tres minutos para la salida del autobús y pensábamos aprovecharlos por completo. Por eso, nos besábamos con pasión, a labios abiertos y manos exploradoras. El que los demás viajeros se incomodaran nos tenía sin cuidado. Una vez que Daniel tomara aquel autobús, sólo Dios sabía cuándo lo volvería a ver.

Cuando el empleado de Greyhound anunció la salida inminente de ese apestoso autobús, nos separamos. El llanto ensuciaba mi vista, pero aún así, no pudo apartarse de Daniel, que subía a su destino primermundista. “Que no se encuentre una gringa / que no se encuentre una gringa” rezaba en mi mente.

El autobús se alejó de la estación y yo me senté en una de esas incomodísimas sillas de plástico azul a continuar con mi letanía. Quizás, si lo repetía diario y con fe, mi plegaria se haría realidad. Así lo había hecho desde que vi el infame boleto comprado.

Desolada, miraba con asco aquella estación de autobuses pueblerina. El piso estaba tan sucio que era imposible ver su color original. Casi no había luz y el olor a garnacha quemada apestaba la minúscula sala de espera.

Tirado en el piso, un indigente haraposo jugaba con una cámara de fotos digitales. Traía puesto un gorro negro y un guante del mismo color. Sólo uno. Un guante sin pareja, una mano fría en este invierno. “Sé lo que se siente” pensé, suspirando con resignación.

Desvié la mirada de aquel hombre. Ver la decadencia tercermundista me hacía recordar las palabras de Daniel. “En el norte no hay pobres” me repetía con admiración casi fanática de los hijos de Micky Mouse. “En el norte no estoy yo” le contestaba besándole los ojos. Sentí un fuerte dolor en el pecho, lo que me hizo subir los pies a la silla y abrazar mis piernas muy junto a mí. Clavé mi cabeza en el hueco que quedaba entre ellas, dejando las lágrimas correr.

Gritos y golpes me sacaron del trance. Mano-Fría se peleaba con otro indigente –gordo y peludo- por la posesión de la cámara. Tenía la mano sin guante, enredada en la sucia greña de su contrincante y le sostenía la cabeza con firmeza. El puño vestido estaba cerrado y golpeaba con fuerza los flácidos cachetes cubiertos de barba.

El gordo ya sangraba cuando la “seguridad” de la estación los separó. Ellos, por supuesto, opusieron resistencia. Entre gritos, mentadas y golpes contenidos, la cámara digital salió volando directo a mis pies. Nadie notó cuando la recogí, ni cuando comencé a recorrer las fotos con curiosidad.

En la primera foto que se mostraba estaba yo, devorando la boca de Daniel. Me asombré y seguí recorriendo las fotografías. Una a una, se mostraba la misma escena pero con distintos protagonistas y fechas. Todo un romántico resulto Míster Mano-Fría. Tal vez y aún sigue esperando a su amada, tal vez así termine yo.

Esos absurdos pensamientos se encontraban en mi cabeza cuando en esa minúscula pantalla apareció una vez más Daniel. Pero la fecha era de ayer y la mujer, mi prima Ramona. “Puta vieja” exclamé con rabia.

Al parecer, mi oración había sido escuchada. ¿Pero tenías que tomar las cosas así de literal?. Dios es hombre, me cae.

Los consejos de mamá

En este ejercicio tenía que delinear personajes. Pero pasan tantos, que ustedes díganme si lo logré :)

“Mide tu tiempo hijita” rebotaba en mi cerebro mientras seguía platicando con Lina, una colombiana caliente, de melena alborotada y sonrisa automática que vivía conmigo. Solíamos platicar entre risas e interrupciones mutuas. Aquella mañana, tratábamos de armar el rompecabezas llamado: que-pasó-en-la-peda-de-anoche. Yo tenía un vuelo que tomar a Amsterdam a las 3 de la tarde y aún no tenía la maleta preparada.

Pero estaba confiada en mis tiempos y rutas. Los consejos subconscientes de una madre que se encuentra al otro lado del atlántico no me alteraban. Ya hacía tiempo en que mi “nueva” ciudad había dejado de ser “nueva”. Era ama y señora de mis dominios, de mi tiempo, de mi vida. Además, el acento, la ropa y corte de pelo gachupines me hacían mimetizarme en esa masa amorfa de gente que recorre en metro los subsuelos de Madrid. Túneles que yo conocía casi como si los hubiera cavado con mis uñas de silicona.

Cuando Lina me abrazó para despedirnos vi el reloj de la sala: sus manecillas marcaban las doce y media. Pensé que tal vez y tendría que correr una vez que llegara al aeropuerto. No le vi ningún problema. Como sea, mi maleta al hombro apenas y pesaba. Como experta viajera sabía la cantidad exacta de ropa que llevar.

El metro no estaba tan lleno. Aquel sábado de otoño los madrileños estaban relajados y sonrientes. Aunque el calor comenzaba a ceder, aún no era tiempo de que esas señoras de pelo corto y rubio sacaran sus abrigos largos de piel que las hacen ver como osos emperifollados. En cambio, unos jóvenes escandalosos con piercings si traían suéter y me pregunté si el no cargar con el mío a la cintura había sido un error.

Estaba feliz y confiada, ese viaje al Oktoberfest lo había deseado y planeado desde que comencé con mi vida alcohólica. Nada podía salir mal. Con canciones de pop español en mis oídos, me sujetaba fuertemente de la barra superior del vagón, ya que decidí no bajar mi maleta del hombro, al fin que ni pesaba.

Faltaban algunas estaciones para mi destino final cuando los operadores del metro nos bajaron del vagón e indicaron que había que continuar en un autobús, ya que parte de la estación se encontraba en construcción. Pensé en el tráfico a nivel del suelo en un puente de vacaciones, por lo que decidí tomar un tren de cercanías que me dejaba en el aeropuerto. Mi guía roji cerebral me indicaba que era la mejor opción.

Caminé hacia el transbordo y me di cuenta que lo estaban remodelando. No me parecía fácil comprender la utilidad de aquella construcción. Era una sala de exhibición que intentaba pasar por encima de las vías. Me sentí defraudada y ansiosa. ¿Por esa tontería me retrasan? Para qué construyen esas pendejadas, en una estación tan transitada, como ésta.

Cuando llegué al andén del tren, lo vi partiendo. Maldito Murphy y sus leyes... Impaciente, vi la tabla de tiempos: 15 minutos para el siguiente tren. Pasaron dos trenes del lado contrario y comencé a dudar de mi sabiduría sobre el sistema de transporte. ¿Y si había leído mal la tabla de tiempos? El agobio se sentía en mi garganta y el “mide tu tiempo, hijita” se repetía en mi cerebro cada que veía el reloj del andén. O sea, cada dos minutos. ¿Estaba bien ese reloj de mierda? Los segundos se alargaban y la maleta se hacía más pesada. Comencé a sentir gotitas de sudor en mi espalda a consecuencia de los nervios y del peso que cargaba. De pronto, un fuerte aire se coló a la estación y a mi blusa de tirantes, lo que me hizo estremecer. “Llévate un suéter, hijita” se repitió automáticamente en mi cabeza. Sólo faltaba que me enfermara.

Me enojé con mi madre y con sus consejos insertados en mi corteza cerebral. Comencé a reprocharme el no haber salido antes de la casa por estar hablando de pendejadas con Lina. Estaba a punto de auto-cachetearme cuando llegó el tren y me subí.

Los trenes de cercanías son de largo trayecto, por lo que el tiempo entre estaciones es mayor... ¡Pero no tan mayor! Por las distancias que había entre cada una, comencé a sentir que llegaba a Francia. El vagón iba prácticamente solo y tuve la oportunidad de ocupar dos lugares al momento de sentarme: uno para mí y otro para mi maleta, la cual se había fundido a mis hombros. El sudor continuaba y tenía muchas ganas de llorar. Estaba segura que iba a encontrar el check-in cerrado. Ya me veía rogando a las empleadas del mostrador, inventando algún abuelo muerto o una junta importante. Me insulté en mexicano, colombiano, inglés y gachupín. Ya ni la chingaba.

Por fin llegué a Barajas. El reloj marcaba 2:15, que era la hora de cierre del vuelo. Aún así, decidí correr. Capaz que el vuelo se retrasaba… suele suceder, podría tener suerte, ¿cierto? La maleta a mis hombros pesaba como si cargara piedras en vez de ropa, por lo algunos metros después comencé a sentir que mis pulmones se escapaban por la garganta. Decidí bajar mi ritmo y seguir a pasos largos pero constantes. Aún así, veía desdibujada a la gente que pasaba a mi lado. Eran sólo una enorme mancha por sortear.

A las 2:25 llegué al mostrador de KLM, quienes ya voceaban mi nombre completo. Me identifiqué, e hicimos el trámite para obtener el pase de abordar. Por fin, bajé esa horrible maleta de mis hombros y me indicaron que corriera a la sala de espera B. Supuse que me iban a regañar, pero ni una palabra. Para eso ya tengo a una madre mexicana pegada al subconsciente.

Cuando abordé y me senté en el lugar indicado en mi boleto, aún me sentía abrumada, histérica, llena de adrenalina. Mis sienes palpitaban y en mi blusa se notaba mi transpiración. Con los hombros adoloridos, me recargué en el pequeño asiento y prometí hacer más caso de los consejos de mamá. Lamentablemente, apenas aterrizaba el avión cuando desobedecí un “No hables con extraños, hijita”.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Crónicas FILiescas 2009

De miércoles a domingo de la semana pasada, estuve en Guadalajara con el objetivo de asistir a la FIL (Feria Internacional del Libro). Para mí, esta semana es un Oktoberfest pero de libros y cerveza. Por supuesto, hay mucho libro de superación personal y porquería paranormal empuercando el ambiente, pero también hay conferencias chingonas y uno que otro autor ídem.

El miércoles y con mi look moreno (que odio, quiero mi pelo rojoooo, snif), intenté asistir a una conferencia llamada "La web 2.0 y su impacto en el mundo de la edición, la librería y la lectura" pero como no soy editora ni me registré antes me mandaron a la chingada. Según esto Jorge Pinto estaba como conferencista, pero supongo que era éste Jorge Pinto espurio. Decepcionada y para aliviar mi dolor, me compré dos libros de Garibay. Después entré a una conferencia de Juan Villoro, quien es un tipo amenísimo y con un humor chingón. Le compré dos libros. Saliendo, me encontré uno de José Agustín a 70 pesitos y dije “pues ya que”.

El jueves y después de zamparme unas quesadillas en Santa Tere, vi a Guffo para arreglar algunos asuntitos de la presentación del sábado. Para la comida, Chilangelina tenía un estómago más que dispuesto para las Karnes Garibaldi. Apenas la conocí y sí, es una viejota muy guapa. Por la tarde y junto a sus amigas Concha y Jazmín, entramos -y nos salimos- de algunas conferencias. También fue el día en que Mario Vargas Llosa me estafó: Le compre un libro y no llegó el desgraciado a la firmita. Por la noche, cena-chisme-recorteada con mis primitas.

El viernes por la mañana me dediqué a recorrer sexshops. No sólo de libros vive la mujer. Por la tarde-noche volví a la FIL, pero me engenté muy rápido, ya estaba atascado y ese día había venta nocturna. La verdad es que en la FIL no están más baratos los libros. Si acaso, te encuentras algún clásico en 25 pesitos, pero el precio es el normal de lista. Así que no conviene gastarse el aguinaldo. Kabeza se reportó y quedé en alcanzarlos (andaba con Guffo y los demás moneros) en el centro, pero cuando llegué ya iban de salida y tenían cosas de moneros por hacer. Damosamente, saludé a los presentes, entre ellos Cavazos y Pinto (no espurio). Me llevé a Kabeza a cenar y lo dejé en su hotel a una hora muy decente.

El sábado desde tempranito fui a la FIL para la conferencia de Guffo, El Mudo, Bachán y compañía y luego corrí a la de Chilangelina, que era a la misma hora, pero más larguita. Me quedé en el encuentro de periodistas escuchando a Rubén Luengas. Volví con los moneros, en la entrega de un reconocimiento a Palomo, conocí a Cavazos (con quien me tome foto) y a Cucamonga. Además traía mi playera de Isabel. Fui a comer a mi casa y descansé un poquito, porque tenía el presentimiento de iba a necesitar fuerzas.

Por la tarde llegó Luis y para que se callara (comenzó a mentar madres de tapatilandia), lo llevé a comer una sopita. Con la panza llena, recogimos a Chila, Concha y Renato.

Los primeros asistentes

Puntualitos estábamos en la Pulquesa para comenzar a chelear. Ya estaban ahí Mario y Angélica, mis compas desde aquellos años del foro sin nombre. Guffo no tardó en llegar y como a las 9 o algo así comenzó a caer la raza, por lo que nos movimos a la terracita. El clima fue bueno con nosotros y se estaba bastante a gusto. Las cheves (2x1!) empezaron a rolar y la plática a animarse. Además que andaba por todos lados, conociendo a los que asistentes. Soy malísima con los nombres y más si no los tenía presentes como lectores / blogueros. Así que de ante mano una disculpa por los nombres que se me van. Poco después de que Kabeza y Beto llegaron nos tomamos LA FOTO del recuerdo.


También llegaron mis papás y hermana, a quienes les presenté todos mis amiguis-bloggers. No sé cuantas cervezas después llegaron Mamasan, Postdata, Caballo Negro (Jorge Cavazos), y Zónico (mi tapatío favorito, que nos regaló un cidi), GeZeta (y compañía) y Iosephus que se unieron a Vicky, DudeDuda (que está bien loca), Vizente, Alex y otros pseudocomputitos, Natalia y su mamá (que son a toda madre), el de Honduras y su vieja y el "Chemo" (o algo así)que nos trajo un tequila de nomamesquebuenoestá. Ah y los compas de la Chila, quien demostró ser toda una socialité. Una vez más disculpen los nombres faltantes, pero ya estaba un poco peda.

Un agradecimiento especial para Anaíta y a la gerencia del Pulcasa, por tratarnos tan bien. El lugar está harto recomendable. En la planta baja es posible platicar y arriba está como más para el ligue.

A las 2:30 salimos a corretear a sabequeviejabuena a quien aman todos los moneros y después de que nos corrieron de un bar de sabedonde donde tomé fotos artísticas y perdí mi bufanda-boa morada y me dediqué a repartir borrachos.

En verdad un agradecimiento muy grande para los que asistieron. Me encantó verlos/conocerlos, son a toda madre. Espero que se la hayan pasado chingón, yo ni en un lugar me podía quedar, por estar en la comadrera con todos.

Y gracias a los que compraron el libro, con la edición superespecial que incluye a Caballo Negro.


Un beso grande a todos

jueves, 3 de diciembre de 2009

Peda-Presentación en Guadalajara

Este sábado 5 de diciembre Guffo, Chilangelina, Luis, Kabeza, Beto y yo, no estaremos presentando el libro "Diarios del fin del mundo", ni tampoco estaremos en la FIL. Aunque sí intentaremos vender libros, emborrachar gente y robar virginidades.

La cita: La Pulquesa. López Cotilla 1885. Desde las 8PM. UNA cerverza GRATIS para los primeros CINCUENTA asistentes.

En esta página de feisbuk esta la información de la peda-presentacion, así como un mapita para los perdidos.

Los esperamos!

martes, 1 de diciembre de 2009

On Writting

1. A un mes y algo de haber renunciado, ando un mucho perdida, tengo algunos proyectos, pero no me organizo. Siempre brinca algo y termino haciendo otra cosa. Hago mucho y nada al mismo tiempo. Ya decidí que tengo que hacer un plan diario y seguirlo. Ahora que regrese de la FIL.

2. En mi taller, tengo 45 minutos para escribir un cuentito. Y siguen saliéndome como posts, divago y no voy al grano. Cuando reescribo, ya queda bien y cumplo con la asignación solicitada. Eso me molesta, pero supongo que es parte del proceso.

3. El miércoles pasado, llegó una niña de 15 años a la clase e hizo un cuentito que a todos nos dejó boquiabiertos. Se le pidió escenario y puso en un patio de escuela (a la hora del timbre) dos personajes perfectamente delineados. ¿Qué onda con las nuevas generaciones?

4. Ya tuve mi primer problema POR escribir. Fue con gente de la universidad a la que asisto que se sintió ofendida por mi post de “Queretanas y Cabronas” y “Las mascaras de la calle Altamirano” de nolecuentes.com. El asunto me molestó un par de días, situación que se agravó cuando fui acusada de “poco ética” él sábado. Lo platiqué y pedí consejos.

Ayer fui a hablar con el director del diplomado, un señor que no sólo es una eminencia en su ramo, sino que también posee la sabiduría de un maestro humanista. Entendió mi punto de vista, al explicarle el porqué de mis acciones y darle el contexto de la página. Me dijo que él no iba a hacer nada por callarme, ni su intención fue hacerme sentir mal, porque ante todo defiende la libertad de expresión y que sabe que no hay palabras buenas ni malas. Todas son palabras.

En fin, fue una buena conversación, me movió algunas cosas. Sobre todo, lo que yo soy y mi posición ante la historia. Mi reto es ser sarcástica sin utilizar el recurso fácil de la grosería. Cuando lo edite, pediré su amable opinión.

5. Todo lo anterior me hace ver que estoy en un proceso de aprendizaje, que no es fácil, pero que tengo que agarrarme los ovarios y darle. Sí, tengo miedo. Y eso es bueno.

****VA MAS DEL CHISME****

Creo que uno debe hacerse responsable de los que escribe. Si causa algún tipo de molestia, no está de más entender el origen de la misma. Tal vez y no hagas nada, pero nunca crecerás si no entiendes qué es lo que pasa. Nolecuentes.com es diferente a este blog. Aquí si tengo ese valemadrismo que comentas.

Me acusaron de poco ética porque no di el crédito de un trabajo en equipo, sin embargo, y por el tono del sitio, si nombro quien participó en la investigación, los "quemaría", ya que de entrada se, que ellos no aprueban mi manera de escribir.

El pedo es que se quiso tomar a nolecuentes.com como un sitio de divulgación histórica. Yo le expliqué al maestro y entendió muchas cosas. Le había llegado el chisme incompleto. Le dije de mi ignorancia ante la rigurosidad histórica, pues no soy mas que una aficionada. Por eso, en la re-edición sólo quise dejar bien claro que son leyendas, por si algún incauto que no conoce mi forma de redactar cae en el sitio y quiera utilizarlo para una tarea.

Me gustó hablar con el maestro, es una persona humanista y no estaba asustado por las groserías. El AMA la historia y me invitó a que comparta su pasión, que mis escritos motiven a conocer más de la misma, mas allá de la carcajada fácil (eso último lo agregué yo)

En este caso, no se trata de defender. Yo lo veo como un aprendizaje. Mis compañeritos tal vez y no lo entiendan o consideren que no es suficiente, y eso si, me tiene sin cuidado.

Pos ya.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Infiel

A veces siento cosita por la gente que consideran su ciudad únicamente como el lugar que esta su casa, su trabajo, su familia. Creo que amar al lugar en que vives te alimenta, te transforma. Incluso físicamente... al menos a mí me pasó. ¿Qué serían de los escritos de Alice y Salvador Leal sin el tráfico chilango? ¿O los de Daniel y Manuel sin su frontera? ¿o del Falso Profeta sin sus lanchas?

El sentir “cosita” no es más que una especie de ternurita. Cómo el que puedes sentir por una casada que le ponen los cuernos y ella los acepta con resignación. O del que estudia algo por dar gusto a sus papás. En 3 palabras: Me vale madre.

Lo que si me enerva son los nacionalismos o regionalismos. Aquellos que sostienen que incluso en su ciudad, los pedos huelen mejor. Que no soportan una crítica a su terruño. Crítica que incluso podría ser idiota, hecha de una primera impresión o desde alguna perspectiva. Y ternurita cuando la defensa es “en tu ciudad han de ser muy bonitos”. Bleh.

Cuando abrí No le cuentes a mi madre nunca me imaginé que habría gente que se ofuscara por mis opiniones sobre un lugar y su gente. Que me exigieran un expertís digno del Travel Pleasure, cuando claramente digo que llegué a un lugar sin saber porqué, estuve pocos días y sin tour.

De eso se trata viajar. Que tus ojitos descubran nuevos edificios, que tus piernas se pierdan entre sus calles y tu lengua pruebe nuevos sabores. Que odies o te enamores. Que te asusten o te hagan feliz. Y si algo me pareció FEO, lo digo, aunque sus habitantes se ofendan.

En la última reunión con mis amigos reales, me preguntaban sobre mi viaje a Nueva York. Y mi respuesta fue: vayan a Argentina o a Sudamérica. Me miraron con incredulidad, pero yo lo sostengo. Es más, de mi dinero no saldrá otro viaje a gringolandia. No dudo que el gabacho tenga muchas cosas dignas de verse, pero prefiero el calorcito y acento sudaca.

Yo adoro vivir en Querétaro. Me encanta pasear por el centro, conocer gente que hace cosas con pasión y la historia que hay en sus calles. Pero también me choca que 12 de la noche (y entre semana) me corran de las cervezas, que no haya oxxos abiertos, ni lugares para cenar bien. Creo que la gente es más fea que en Guadalajara y hay mucho gordo. Pero son más amables. A cualquier lado te mueves en 20 minutos, siempre y cuando no llueva o se accidente alguien. Y sobre todo me encanta haber encontrado gente que hace las cosas con pasión y no por borreguismo. ¡Y su historia!

Pero por mucho que adore este lugar, soy una gran infiel. Todavía lloro por Madrid y fantaseo con Buenos Aires. Sin duda, si mi maestría hubiera sido en Buenos Aires, me cae que no regreso… me enculé bien cabrón con la ciudad de la furia.

Por eso, más de una persona me ha tachado de mala mexicana por hablar bonito y encularme con países extranjeros. Pues prefiero ser mala mexicana que una nacionalista -o regionalista- a ultranza. Es una lástima ver que el amor que profesas te impida ver que afuera hay mucho más. Sería como sólo escuchar a un grupo de música, leer a sólo un autor o comer siempre lo mismo.

La vida da para mucho más que eso.

Si no lo quieres ver por pendejaditas no es mi pedo. La verdad es que hasta el más fiel voltea a ver unas piernotas con minifalda.



(y más si utilizan medias negras de red)

lunes, 23 de noviembre de 2009

De casados y rancheros

El fin de semana fui a Guadalajara. Mi viaje exprés tenía dos objetivos: el de menos importancia, una comida de reunión escolar. El más importante les vale madre.

Hace unos seis meses que vi a mis compañeros de la universidad y como salió tan bueno el desmadre, se dispusieron a organizar otro para fin de año. Quitando esa reunión anterior, yo no los veía desde hacía unos 8 años. No me llevo con nadie, ni siquiera por comentarios de “me gusta (manita arriba)” en Facebook. Así que cuando vi que la raza se comenzaba a rajar, le dije al organizador QUE ONDA. Él me aseguró que había gente fuera de esa red social que iba a ir. ¿Están tuirer?, le pregunte por chat. Un ¿En qué? Brincó en la ventanita. Ok, aun hay gente 1.0. tengo que aprender a aceptarlo.

La cita era en un restaurante ranchero donde van los tapatíos rancheros que tienen mucha lana, pero eso no les quita lo rancheros. EDÁ. Por si no los conocen, estos lugares fueron creados por la mano del hombre para el gusto y disfrute de los carnívoros borrachos –y rancheros- y tienen la característica de ser enooormes. Las mesas están amplias y separadas, para así evitar que el vecino metiche ande viendo que es posible tragar un kilo de carnes rojas variadas y chupar hasta que no sabes si llevas dos botellas o tres. El mariachi y la banda pasan por las mesas y hay unas flacas con ropa pequeñita ofreciéndote botellas de tequila, flores y fotos. Éste lugar en especial tiene la característica de tener una megafuente con cascadas intercomunicadas. Y palmeras. Y caballos (no, pero casi).

En fin. Pues al mentado lugar ranchero sólo llegué yo y el organizador con su familia. Lo sabía. Los mexicanos en general y en especial los tapatíos no saben (o no quieren) convivir si sus amigos del alma no están. El “¿Y quién va a estar?” me asquea y me pone violenta. Pero ante la indecisión sobre vomitar o golpear en la cara al susodicho(a) sólo digo “Yo voy a estar, ¿para qué quieres más?”

Pero no me voy a ir contra los tapatíos rancheros. Que culpa tienen ellos de no conocer más mundo que el que marca su estatus social. La verdad es que desde que el amor llegó a mi vida, mi empatiómetro se ha elevado y acepto que entiendo ese gran vacío existencial que los matrimonios con hijos tienen: La falta de parejas estables y con hijos.

Cuando a una amiga casada se enteró que tenía novio le sobrevino una crisis. Primero no lo creía, después dudó de su cordura al tenerme como vieja (cosa que yo también hago) y acto seguido nos invitó a salir con su marido. “Parejas salen con parejas” me dijeron las sabias palabras un amigo en común. Por supuesto, yo me negué. ¿Qué hicieron nuestras mártires pioresdedo para soportar al otro? Ni se conocen, ni tienen nada más en común además de cogerse a las amigas en cuestión. (osea no a ambas, ¿Qué me creen?) Me burlé, hubo drama y perdí mi teléfono.

Ahora me arrepiento. Merecía el perder el celular.

Volviendo a mi reunión ranchera, la esposa de mi excompañero me explicaba lo difícil que es encontrar un círculo de amigos donde haya más parejas con hijos. Los niños solitarios se aburren y nadie los comprende cuando ya se tienen que ir porque el chamaco ya está berreando. Cuando por fin una pareja decide firmar el contratito con el cual tienes derecho a seguro social, deciden no tener hijos. Lo hizo con tal maestría que me di cuenta que nunca debí burlarme de sus sentimientos.

Los casados se sienten tan inadaptados como yo. Creo que ninguno merecemos esto y que por algo existen las reglas de urbanidad y decencia. Que el pobre de Carreño no tiene porqué estar retorciéndose en su tumba ante esta absurda modernidad.

Así que desde hoy, cuando asista a una reunión, voy a chillar cuando me quiera ir, quitaré los juguetes a los niños, me quejaré de la comida, miraré feo a la gente que no conozco y los golpearé.

Es un gran plan, ¿no creen?

viernes, 20 de noviembre de 2009

Yo soy mas bueno que tú

Esta crónica de las entusiastas organizadoras del PerritoFest me recordó a mis días como trabajadora en la calle. Para quien no lo sepa, una de las fuentes de manutención de mis años españoles, fue pedir dinero en la calle… para una ONG. Trabajé para Médicos del Mundo y Médicos sin Fronteras. Aunque mi preferida era PLAN, para apadrinar niños en el tercer mundo. Mi trabajo consistía en utilizar mis encantos para conseguir gente que se cayera cada mes con 10 euros o más.

La cuestión es que como el mío, había muchos grupitos más, intentando convencer a los españolitos de porque ayudar a los niños era mejor que ayudar a los refugiados o al planeta. Alguna vez hasta de palabras nos hicimos con los de Greenpeace. Había que llegar temprano para agarrar lugar en la calle. También nos corrieron indigentes y policías que consideraron que vernos con una batita ridícula afeaba el lugar. Si, la vida es difícil cuando trabajas en la calle.

Esta clase de movimientos y donaciones de particulares no existen en México. Por supuesto, mucho tiene que ver que todos estamos de la chingada. La cultura del “ayudo” se queda en donaciones al Teletón o para las fundaciones Telmex y Televisa. En general somos apáticos y valemadristas, es la verdad. El Foxista ¿Y yo porque? es extremadamente mexicano.

Pero bueno, aun hay gente que abandera causas como P.Brux y Carol, que andan organizando el PerritoFest, que no es más que un acopio EN ESPECIE de croquetas y demás cositas que necesitan los asilos de perros.

Y quien se iba a imaginar que precisamente, un asilo los intenta correr del lugar (Parque España). Vamos, ni siquiera es competencia, desde diferentes trincheras trabajan para el mismo fin: ayudar a los perros desamparados. Y no conforme con eso, la semana pasada las corrieron de Coyoacán, donde necesitaban una “licencia” para poner su changarrito de acopio.

No lo entiendo de verdad.

Lo que más coraje me da es que muy poca gente le pone energía y tiempo a las causas en las que cree (cada quien las suyas) y tanto el gobierno como las otras organizaciones les meten las patas. Pinche gente, me cae.

Ya sé, debería ser más correcta, como el comunicado que hizo PerritoFest al respecto, pero me da coraje. A ver hasta cuando los pinches mexicanos aprendemos a convivir, respetar y a tolerar. Decía Ibargüengoitia que la nacionalísima frase “El respeto al derecho ajeno es la paz” en realidad es porque el ajeno es uno, y si yo soy más que tú, entonces todos se chingan.

En fin. Ya me alargué mucho. Sólo quiero mandarles un abrazo solidario a las organizadoras del PerritoFest e invitarlos a participar.

Pachanga. 28 de Noviembre. Bar "Baja Street". Baja California 274. Col.Condesa. Tocan *CIRCO BEAT *RICCA BRACCI . Entrada: donación


Vayan Chilangos!

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Diarios del fin del mundo

2012. Para unos, será un año catastrófico y cabalístico. Para los integrantes de Recolectivo es sólo un pretexto para lanzar su primer proyecto editorial: Diarios del fin del mundo.



Sus autores trabajaron en veinte cuentos cortos bajo la misma premisa: narrar el fin del mundo desde diferentes perspectivas y estilos.

El resultado salió a la luz en noviembre de 2009, te invitamos a conocerlo.

Querétaro, 15 de mayo de 1867

El sábado fui a 1867.
Había unos señores muy engalanados que estaban planeando cómo sacarle
más dinero al pueblo y así defender a Querétaro de otros mexicanos.

Entonces empezaron los rumores que llegaban los republicanos y
como andábamos con los europeos tuvimos que huir

Pero a medio camino se armaron los catorrazos

Hubo algunos heridos y muertos

Por fin agarraron al europeo y lo juzgaron por traición a la nación

Mientras estuvo preso, el pobre güero comenzó a alucinar con su vieja.
Y se lo echaron en el cerro de las campanas.

Desde entonces, los europeos dejaron de intentar tener una corona mexicana.
Para festejar, mis amiguis y yo nos fuimos de pachanga.




PD.
Si algún militar de la obra de teatro EL SITIO
le presta un traje a mi novio,
haría realidad una fantasía sexual de su servidora.
Aceptamos imperialistas o republicanos.
GRACIAS

jueves, 12 de noviembre de 2009

La otra y la disléxica.

La asignación de la semana era escribir un relato sobre un hecho trivial. Yo escribí dos que tienen que ver conmigo, pero los exageré. Sobre todo mis sentimientos del primer texto.
En este ejercicio me di cuenta que soy muy blogger. Es decir, quiero escribir con otro formato cuando tengo una idea y cambiarla a relato, me cuesta. Más logrado está el segundo, que también salió para Recolectivo.
Saludos!

LA OTRA

La semana pasada me enteré que yo soy la otra. Sentada en una banca incómoda de aquel frio salón, observé a mi alrededor y me di cuenta que sí, soy la otra. Hace seis años llegué a vivir a Querétaro. Unas semanas antes me había enamorado del centro histórico adoquinado, de los atardeceres turquesa y de las iglesias coloniales pintadas en amarillo mostaza. En aquel entonces, llegué a trabajar a una empresa que venía del norte del país, llena de no-queretanos.

Y como pasa con los grandes amores, poco a poco fui conociendo más de sus calles e historia. Aunque siempre lo hice rodeada de extranjeros como yo. Entonces me quedé vivir aquí. Hace poco, me inscribí a un diplomado en Historia de Querétaro en el que me enteré que soy la otra.

Durante la última clase, “usos y costumbres queretanas”, mis compañeros comentaban que en los cincuentas, los queretanos “originales” vivían en el centro y llamaban despectivamente los otros a aquellos que llegaban a vivir del rio Querétaro (avenida Universidad) hacia afuera. Lo que hoy es la colonia Primavera.

Los otros traían costumbres que atentaban contra la moral queretana. Eran libertinos, ladrones y se corría el rumor que ni se bañaban. Estos emigrantes ni siquiera a las leyendas respetaron, puesto que hasta a las brujas expulsaron de la colonia por la que antes paseaban y que ahora lleva su nombre.

En respuesta, los queretanos se encerraron en su precioso centro histórico y conservaron sus costumbres y tradiciones. Explicaban con una mezcla de emoción y añoranza que en los setentas, aún se “echaba reja” y que alguno de los hijos -sin importar el sexo- se quedaba soltero para cuidar a los padres hasta su fallecimiento.

Por supuesto, el enterarme de todas estas costumbres me tenían en shock. Durante el receso, observé a mis compañeros de clase: todos mayores que yo y todos –a mi parecer- muy queretanos. Hablan un lenguaje de común de calles y acontecimientos de los que yo quedo excluida. Se visten sin llamar demasiado la atención, hablan con tranquilidad y se preguntan por familiares y amigos con los que han convivido toda su vida. Y que yo llegué sin bañarme, cruda y con el pelo pintado de rojo…

Comencé a fijarme en el cuello de las señoras que asisten. A la que no le veía un crucifijo colgando era porque estaba utilizando bufanda. Sin embargo, una de ellas traía una figura plata en relieve, pero no encontraba forma de qué. Era curvilínea y tenía un hoyo en medio. La verdad es que le encontré forma de vagina, lo que se me hizo muy extraño.

Le pregunté sobre su dije y mirándome con incredulidad me dijo: “Es la Virgen de Guadalupe”. Lo dijo en un tono de voz que clarito escuché “otra pinche hereje extranjera”. Las demás señoras me voltearon a ver con desprecio. Me disculpé justificando tan aberrante equivocación con miopía. Apenada, me alejé de ahí.

Todos esos descubrimientos se amontonaron todo el día en mi cabeza. ¿Cómo nunca lo había notado? ¿Cómo es que la gente de la ciudad que amaba y que me había recibido era tan diferente a mí? ¿Qué es lo que le queda a este Querétaro?


¿Cuál derecha?

Durante toda mi vida, la gente con la que me he rodeado sabe y reconoce que soy una mujer inteligente. En mi etapa escolar, siempre fui una estudiante modelo. De esas niñas que caen mal porque siempre buscan sacarse dieces y lo hacen con facilidad. Ya de adulta, me he destacado en mi trabajo, logrando incluso puestos gerenciales.

Pues bien, creo que es el momento de revelar un obscuro secreto. Hay un sector de mi cerebro que se encuentra dañado y que me impide saber cuál es la derecha y cuál la izquierda. Intentando ocultar mi retraso, me río y minimizo la situación, asegurándole al descubridor que soy ambidiestra. Por supuesto no lo soy.

Ningún método me ha resultado 100% efectivo. Como no soy religiosa, el intentar persignarme no sirve de mucho. Escribir a mano ya lo hago poco, puesto que utilizo la computadora. Tampoco uso reloj.

Muy poca gente se ha dado cuenta de mi tara mental, ya que me las he ingeniado para que sea menos notorio. Frases como “sigue por donde va el coche rojo” o “mejor agárrame las dos tetas” me han permitido salir triunfal al momento de tener que dar instrucciones. Sin embargo, ante la pregunta directa de “¿Derecha o izquierda?” me congelo, titubeo, pienso un momento cuál lado es, expreso mi respuesta y segundos después la pongo en duda. Lo peor que puede pasar es que después corrija, ¿Cierto? No en la última vez.

El gimnasio al que asisto con regularidad tiene valet parking. Aquel triste día salí recién bañada y cambiada, con mi ropa interior sucia guardada en una bolsa de Soriana. No muy lejos se veía mi coche estacionado junto a otro de la misma marca y color: Almera Plata. El escuincle del valet me preguntó cual coche era. “El de la derecha” contesté con prisa y sin precaución, puesto que iba tarde para una junta.

Por supuesto, era el de la izquierda y 10 minutos después de comenzar a conducir, me di cuenta que no era mi coche. Enojada, regresé al gimnasio y le reclamé al escuincle acomoda-coches quien asustado, me entregó mi auto. Me olvidé del asunto todo el día, hasta que en la noche recordé la ropa interior sucia: se había quedado en el otro Almera.

Aunque me llené de vergüenza, decidí olvidarme del asunto. Antes muerta que aceptar que me apendejé y confundí mi auto. Total, que los dueños del otro coche tiren la tanga y el bra de entrenamiento. Pero no resultó así de sencillo. Tres días después y a la salida del gimnasio un señor me esperaba recargado en mi coche. Con un tono calmo y amable me explicó que había hecho una pequeña investigación con la que se enteró de la “leve” confusión de coches y me pedía de favor que le explicara a su muy celosa esposa lo ocurrido, puesto que aquella no le creía.

"¿En realidad es alguien tan idiota para no saber cuál es su coche? Imposible" aseguraba la insegura señora.

Accedí a su petición. Al final, no debiera ser tan difícil de explicar. Culparía a la prisa, al acomoda-coches o a la luna. Eso sí, nunca aceptaría mi dislexia ubicacional. Cada quien en su auto, nos dirigimos a su casa. El hombre llamó a su mujer para saliera e hiciera la verificación visual de los coches. La celosa mujer nos miró con sospechosismo y después de analizar ambos coches se dio cuenta que efectivamente, podría haber habido una confusión por parte de alguno de los involucrados.

Una vez aclarado el asunto, me invitaron a pasar a la sala, en lo que su sirvienta me traía la ropa interior olvidada. La señora se encontraba mucho más tranquila y relajada, por lo que comenzamos a hablar con del clima, los baches en la calle o algún tema de esos sin sentido. Cuando recibí mis calzones pedí permiso para utilizar el baño.

“En el pasillo, al fondo a la derecha” me dijo la hacía unos minutos, infeliz mujer. “Demonios, ¿Cuál derecha?” pensé. Con pesadez, me dirigí al pasillo indicado y durante todo el camino me dediqué a reflexionar cuál era la derecha, hasta que no me cupo la menor duda.

Abrí la puerta y me encontré al señor de la casa con todo el pene de fuera y meando. Apurada, salí de ahí. En mal momento se me ocurrió saber cuál era la derecha.

martes, 10 de noviembre de 2009

Dos crónicas y media

0.5: Viernes de aniversario. Radio, vino tinto y carnes frías. Y que el tiempo se siga yendo igual de rápido que aquel jueves de tres meses atrás.

1.5: Sábado. Botellazo Literario.
El sábado me junté con mis compañeros del taller de motivación a la escritura a hablar, comer y chupar. No había ningún motivo en especial. Era sólo por el placer de hacerlo. Yo no cumplo ni el mes en dicho taller, pero estaba puestísima. Me comentan que somos alrededor de 20 asistiendo, sin embargo, algunos están en San Juan y a otros no se les da eso de chupar y comer como dice la biblia que debe hacerse.

Como suele ocurrir en este tipo de reuniones, entre más se vaciaban las botellas, más se soltaba la lengua. Asistimos unos 10, de los cuales un par eran adolescentes y otras dos señoras con hijos adultos. Los demás andamos en los veintes y treintas. La plática brincaba de libros a viajes. De sentimientos respecto a la forma de llevar el taller a propuestas de nuevos ejercicios. De lo que habías vivido en otros países al Querétaro mocho. De exhibir tus textos y de blogs.

Aunque utilicé la formula de una copa de tinto y una de agua, parece que el agua me la tomaba muy rápido porque comencé a tirar copas y a responder cosas que ni me habían preguntado. Efectivamente, mi capacidad alcohólica ha disminuido. Por eso, la omnipresencia no se me dio y falté a un concierto al que había asegurado ir :/

Yo me la pasé a toda madre. Hacía mucho que no compartía así con “desconocidos” y la experiencia me encantó. Quedan cafés, comidas y más reuniones por compartir.

2.5 Domingo. Concierto The Killers
La camioneta partía a las 3:30 y a mí se me estaba bajando el azúcar o algo así. (Ok, me pegó la cruda retardada). Nada que un par de aspirinas y muchos besos en la carretera no quitaran. Cuando arribamos al Palacio de los Deportes de nuestra amada capital, lo hicimos con suficiente tiempo para comprar la camiseta y el DVD del concierto que la ley obliga. Yo ya estaba emocionadísima, los comentarios de Guadalajara, Monterrey y del día anterior habían sido todos positivos. Aún así, yo tenía mis reservas: dicen que la acústica en el Palacio no es la mejor y en los videos de Youtube se oye un Brandon Flowers un poco descompuesto y gritón.

Abrió Hello Seahorse, quienes se ganaron un abucheo por tocar un par de canciones de más. La verdad es que ya estábamos impacientes y con la adrenalina a todo por ser las Víctimas. A mí me atraparon desde la primera canción, Human creo que fue. El escenario precioso, con palmeras de sus amadas Las Vegas, iluminación perfectamente sincronizada y videos muy originales. Para Human, un latido del corazón (de esos de electrocardiograma) estaba de fondo. Supongo que a las 20mil almas nos latía a ese mismo ritmo. "This is your life" para bajarle tantito y "Somebody told me" para volver a brincar. "Tranquilize" es una de esas rarezas (a dueto con Lou Reed) y ¡la tocaron!. Esa canción es muy especial para mí, puesto que la utilicé una y otra vez para escribir un texto importante. El concierto tuvo un enorme climax que comenzó con "Smile like you mean it" + "All these things I’ve done" (con un Flowers más cercano y dirigiendo un coro de histéricos cantanto I got soul, but I'm not a soldier! I got soul, but I'm not a soldier!) + "Spaceman" que casi nos hizo llegar casi al orgasmo con el cover de Elvis “Can’t Help Falling In Love”.

Entonces, miamorcito me dijo al oído y no sabes la que sigue. El sinth de los primeros acordes de “Read my mind” me pusieron la piel chinita y me hice pipí. Esa canción es la más bonita del mundo mundial y la disfruté enormidades. El solo de guitarra que se avienta el Dave Keuning fue orgásmico. Y no sé de dónde saqué garganta para gritar:
Slippin’ in my faith until I fall.
You never returned that call.
Woman, open the door, don't let it sting
I wanna breathe that fire again.

She said I don't mind, if you don't mind
'Cause I don't shine if you don't shine.
Put your back on me,
Put your back on me,
Put your back on me.

The stars are blazing like rebel diamonds cut out of the sun.
Can you read my mind?

El lugar no podía estar más prendido y que comienza "Mr. Brightside". El IT WAS ONLY A KISS!! retumbó al recinto. Después de eso, el encore. ¿Pues que dejaron para al final? le pregunte afónica a mi adorable acompañante. ¿Solo "When you were young"?

Efectivamente con esa cerraron, no sin antes tocar “Jenny was a friend of mine” y “Losing Touch”. Me parece increíble que para 3 discos, los Killers tienen esa cantidad de hits que algunos, ni sencillos fueron.

Simplemente espectacular y delicioso el concierto. Gran concierto, gran noche, gran fin de semana.

Muchas gracias a todos los que me acompañaron :)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Avisos varios

1. Lunes de Recolectivo. Exageración de una de mis tantas taras mentales en ¿Para donde dices?

2. Ya mande un mail para los interesados en escribir para No le cuentes a mi padre. Si alguien más quiere participar, escriban a rossymr@gmail.com para contarles más como esta el chou.

3. Ya está actualizada la liga del Flickr, la verdad me gusta más que el facebook, que ya lo ando abandonando.

4. Una gran historia en No le cuentes a mi madre. Mi primer post histórico, directo de un trabajo del diplomado y una arriesgada investigación muy a la Indiana Jones. Dice miamorcito que me estoy haciendo más queretana cada día, juar.

Saluditos

viernes, 6 de noviembre de 2009

Capaz que se trata de TRATA

A mi si me dio miedito.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Inadaptación

El último día de trabajo de computita, fui con miamorcito a ver un espectáculo de danza moderna. Antes de comenzar la función, me presentó una señora en sus sesentas que había sido bailarina. Además de bailar, su pasión es leer. Me dijo que tenía una biblioteca grandísima en su casa y comentó sobre un autor del medio oriente con un nombre tan extravagante que me quedé con cara de WHAT.

La señora me preguntó que a qué me dedicaba. “Es escritora” Augusto aseguró.

Por supuesto, miamorcito además de ser un encanto, es mi fan.

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Lo que haces para ganarte la vida define lo que eres. Desde ese día he conocido a mucha gente e invariablemente la pregunta que recibo más frecuentemente es ¿Y tú qué haces?

Cuando mi respuesta era “ingeniero en software” más de uno se quedaba apantallado. “Has de ser muy inteligente, ¿no? o “Eso es muy difícil” o “¿Me arreglas mi computadora?”. Te etiquetan como ñoña, sistemática, necia, tecno-adicta, perfeccionista y hasta atea.

Ahora ante esa pregunta no sé qué decir. Bajo un poco la mirada y titubeo. Y es que, como ya lo dije en un comentario de Recolectivo, aún no me siento escritora. Mi respuesta es que escribo y que tengo varios proyectos personales cocinándose. Blogger sería la respuesta más acertada, pero eso es un hobby, ¿cierto?

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Mi maestro del taller literario sostiene que escritor es el que escribe. Ante eso, todos somos escritores.

Los defensores de esas corrientes de felicidad absoluta sostienen que para empezar a ser alguien, primero tienes que comenzar a creértelo.

Yo soy de ideas y prefiero aceptar el momento: estoy en transición. Hay gente saliendo y entrando a mi vida, al parecer serán muchos más. Estoy saliendo del clóset, arriesgándome por un sueño y poniendo las bases para el mismo. Apenas comienzo a aceptar las consecuencias de lo que escribo, que pueden ser no muy gratas.

****

El sol aún no se termina de poner y la luna llena ya se hace presente sobre los arcos. La veo y pienso que dice "aquí estoy, aunque aún no sea mi momento". El otoño llegó con más frio del esperado. Mi pelo ya está más largo y siento cómo el viento lo revuelve. Las noches despejadas hacen que volteé a ver la luna y las estrellas mientras encorvo el cuello bajo mi bufanda rosa mexicano. Sin duda, el clima de los atardeceres Queretanos es perfecto para esta inadaptación que disfruto.


Atardecer en los arcos

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Interesados, mandar solicitud por triplicado

naaa, sólo déjenme un mail (rossymr@gmail.com) los que quieran escribir cochinadas para contarles bien el chisme antes de la gran inauguración.



(picarle en la imagen para el preview del blog)

Escenario 2: Bajo la lluvia.

Esta vez, me dieron la siguiente frase para desarrollar dos relatos: Bajo la lluvia, un hombre con paraguas se acercó caminando tranquilamente Esto es lo que salió

El llanto del cielo rompió el silencio queretano
Bajo la lluvia, un hombre con paraguas se acercó caminando tranquilamente. Me sorprendí al verle, puesto que era el único que contaba con protección ambulante ante esta repentina tormenta.

Media hora antes, el sol abarcaba todo. No había una nube que interrumpiera ese inmenso azul. La procesión apenas comenzaba cuando un fuerte viento anunciaba el caos en forma de nubes grises. Gotas gordas comenzaron a golpear con fuerza a los callados fieles congregados aquel viernes santo.

Cuando comenzó a llover, las cofradías sólo apuraron el paso, sin embargo, minutos después tuvieron que correr. Los menos devotos se olvidaron de la cruz que cargaban, se remangaron las enaguas y corrieron a protegerse a los pocos techos que se encontraban cerca. Las cruces quedaron abandonadas a media calle, como un improvisado cementerio. Otros, más estoicos, aguantaron sin inmutarse los embistes de la naturaleza o de Dios, como los entrevistados dijeron mas tarde en los noticieros.

Pero la gran alharaca la armaron los niños, quienes vestidos de angelitos, comenzaron a buscar a sus madres. Mientras lloraban, corrían en todos sentidos y algunos se golpeaban contra las cruces de madera o las cadenas que los participantes cargaban. Otros al borde de la histeria eran los líderes de cada cofradía puesto que las santas imágenes que momentos antes llevaban en sus hombros, corrían el riesgo de echarse a perder.

Empapada, me quedé en medio de la calle observando el caos y pensando cómo titularía mi artículo para el periódico del día siguiente:

“Procesión del silencio callada por Dios”
“No hubo silencio en este viernes Santo”
“El llanto del cielo rompió el silencio queretano”

En esos absortos pensamientos me encontraba cuando el hombre del paraguas se acercó y dijo seriamente:

-El problema es que no escuchan, apenas ayer dijeron que iba a llover con fuerza.

-¿En serio? ¿Lo dijeron en las noticias? Le pregunté incrédula, mientras protegía mis ojos del agua. Así lo observé mejor: vestido completamente de negro, su pálido rostro no reflejaba sentimiento alguno. En el dedo medio de la mano que sostenía al paraguas, llevaba un anillo muy grande y puntiagudo que me llamó la atención. Tenía grabado en relieve un dragón con unas letras que no alcancé a distinguir, ya que el hombre se dio cuenta que lo observaba y rápidamente cambió el paraguas de mano.

-No, lo dijeron en la liturgia- me contestó de manera seca y se fue.



Y usted, ¿De qué se quiere morir?

Bajo la lluvia, un hombre con paraguas se acercó caminando tranquilamente. El paraguas estaba cerrado y lo sostenía con elegancia a modo de bastón. Sólo le faltaba el bombín, el frac y el monóculo, para parecer uno de esos hombres de sociedad de principios del siglo pasado. Uno muy mojado, eso sí. Pero el porte sí que lo tenía. Bajando un poco su cabeza y con un ademán a modo de pequeña reverencia, me ofreció su paraguas.

Esa noche regresaba del trabajo y esperaba el camión cuando comenzó a llover, por lo que me refugié en el toldo verde de una tienda de cigarros. Sin embargo, la lluvia comenzó a arreciar y yo temía por la seguridad de mi nueva y costosa cámara. Supongo que la preocupación se notaba en mi rostro y que por esa razón el hombre se acercó y me entregó su paraguas.

-Toma, no te preocupes que pronto dejará de llover- me dijo sin esperar una respuesta. Entró a la tienda y cinco minutos después salió con un cigarro encendido.

Tal como lo predijo, la lluvia torrencial había disminuido y el hombre mirando al cielo exclamó -Te dije que pronto dejaría de llover- Yo me limité a sonreír.

Se recargó en la desprotegida pared y siguió fumando a largas bocanadas. En sus sesentas, lo blanco en su barba comenzaba a dominar. Pronunciadas arrugas se formaban en sus ojos, ya que los entrecerraba para protegerlos del chipichipi que aún caía. Su piel era obscura -más bien quemada-, su nariz aguileña y en la frente tenía una cicatriz. No, no podía decirse que era un hombre guapo, pero la pose, el gesto, el desenfado mezclado con elegancia bajo la lluvia llamaron mi atención.

-¿Por qué no se refugia bajo el toldo?- Le dije, haciéndole un espacio.

-¿Para qué? Si de algo nos tenemos que morir. Personalmente, apuesto por enfisema pulmonar - Me dijo sonriendo con malicia y levantando el cigarro. –Y usted señorita, ¿de qué se quiere morir?-

La pregunta me sorprendió. ¿Qué clase de persona hace esas preguntas? Sin embargo, decidí seguirle el juego e inventar distintas y excéntricas “muertes”.

-¡Devorada por los leones! O en un parto de trillizos. No… ¡mejor un asesinato! que mi amante en un ataque de celos me tire desde un décimo piso. O que sea víctima de un fuego cruzado del narcotráfico y que en la investigación policiaca me confundan con una de ellos y nunca se sepa que morí. Mejor me aviento a un volcán en erupción… la lava roja me hipnotiza. ¿Son impresionantes los volcanes, no cree?

El hombre seguía fumando y mirándome a los ojos exclamó -Piénselo bien señorita, que se le puede cumplir-

-En un accidente- respondí con seguridad- rápido y en seco. Sin demasiada sangre, pero que en un instante, saz! deje de existir.

La luz artificial de un faro lo iluminaba a la perfección. La lluvia seguía, pero en pequeñas gotas que permitían que el humo que salía de su boca ascendiera formando extrañas figuras. Su pelo y barba estaban mojados y pequeñas gotas se resbalaban por su rostro. Sin embargo, eso parecía no importarle y disfrutaba cada bocanada del cigarro.

La escena era perfecta, por lo que saqué mi cámara y con un tímido “¿Puedo?” lo comencé a fotografiar. La Iluminación difusa daba un balance que nunca antes había fotografiado. Con o sin flash, la escena resplandecía. Le hice close-up, cuerpos completos. Cada foto era mejor que la anterior, lo que me tenía muy concentrada. Ya veía mis fotos en una exposición en Nueva York, en revistas de prestigio, ganando el Pulitzer…

Entonces vi esa fuerte luz y escuché un fuerte grito acompañado de un rechinar de llantas. Y así fue como llegué aquí. Y tú… ¿Cómo te convertiste en recoge-muertos?

viernes, 30 de octubre de 2009

Justicia, Historia y Consecuencias


Me comenzó a gustar la historia por herencia: mi mamá es maestra y nos explicaba los hechos históricos de los lugares que visitábamos. Posteriormente la chismosita que hay en mí no se conformó con los cuentos actuales, si no que comencé a buscar más.

Sin embargo, mi maestro de Historia de Querétaro hacía algunas reflexiones al respecto en la clase pasada. ¿Para qué nos sirve la historia? ¿Cuáles son los juicios que hemos hecho ante ella? Ante esto, el profesor comentaba amargamente de todo el relajito que ha hecho esto del bicentenario. Él, como experto en la independencia comentaba la injusticia que se ha hecho para con Don Miguel Domínguez, el Corregidor, a quien la historia “oficial” lo ha difuminado ante la imagen de su mujer, Doña Josefa Ortiz. (De quien otra vez, es el altar de muertos del gobierno)

Me quedé pensando que ojalá la justicia tuviera que ver con la historia. Mi abogado de cabecera me dijo que se conocen como agravantes, sin embargo, sólo se utilizan para disminuir la sentencia. Por supuesto, esto es a nivel Derecho formal (o como se diga).

A nivel personal emitimos constantes juicios y sentencias. Y sin otra guía más que nuestra moral y forma de ser, decidimos el castigo. Existen tantos juicios como cabezas, incluso del mismo tema o situación. Por eso, calificar la sentencia como correcta, justa o exagerada no sólo es imposible, si no también es una pérdida de tiempo.

Al final, sólo quedan las consecuencias, la forma de llevar la condena y con el tiempo, le darás un lugar en la historia. No queda más que hacer, supongo que esa es la única verdad.

Porque sabía
Que la verdad desnuda
Guarda oculta detrás de la corteza
El hueso de cereza
De una duda

martes, 27 de octubre de 2009

Escenarios UNO

Los siguientes textos son mis tareas del taller de escritura. El objetivo es plantear un escenario, la historia es muy pequeña, casi mínima. Estais advertidos


La habitación

Me despertó el sonido del teléfono. Me levanté a tientas siguiendo el ruido del aparato. Estaba oscurísimo y la habitación aun era desconocida para mí por lo que en mi prisa por contestar, choqué mi cabeza con la cama de arriba. Adolorida, me dirigía a la puerta, buscando en su marco el encendedor de luz. Cuando lo encontré, el teléfono ya había callado. Olvidé que el interruptor se encontraba apenas a un metro del suelo y yo buscaba más arriba.

Encendí la luz y observé mi nueva habitación: las sábanas eran rosas, la pared tenía ositos y la lámpara del techo estaba adornada con listones de colores. Sí, era una habitación para niñas, pero decidí rentarla porque tenía computadora con internet.

Me acerqué a la ventana y subí la dura persiana. La primera vez que la vi no supe bien cómo subirla. Nunca había visto una persiana así y sin duda, me sorprendió. De color café muy obscuro, se encuentra entre dos vidrios, por lo que el mecanismo para subirla se encuentra incrustado en la pared y hay que jalar con fuerza. Jalar y soltar. Jalar y soltar.

La luz invernal se asomó por la ventana, que daba justo a una glorieta nevada. Abajo, los carros ya circulaban con prisa y yo, congelada, no quería ni quitarme la pijama. A pesar que el suelo de parquet (una especie de madera al parecer, muy popular en España) contenía mucho del frío, enfundé mis pies en un par de pantuflas acolchonadas.

Afuera, muchos árboles contenían la nieve nocturna y contrastaban elegantemente con los edificios de apartamentos color marrón. La primera vez que vi la nieve me emocioné mucho, ya que nunca antes lo había hecho. Sin embargo, ahora que el paisaje ya era habitual esperaba ansiosamente a que avanzaran los meses e hiciera un poco de calor.

Volví al escritorio de madera que soportaba a la rudimentaria computadora. En lo que encendía, acomodé los pocos recuerdos que había traído de México. Fotos, una muñeca, una botella de tequila.

No elegí llegar a Madrid en invierno, eso lo marcó el calendario de clases. Yo prefiero sentir el sol sobre mis hombros aunque mi piel se queme. Me gusta usar ropa liviana y zapatos abiertos. Levantarme el pelo y usar lentes obscuros. El frío español de aquellos primeros días combinaba con mi estado de ánimo: melancólica, asustada, nostálgica, solitaria. Cuando el calendario avanzó obtuve mi ansiado calor y usé alpargatas de colores.

Ahora sé que así tenía que ser. 

Gente chismosa.

Las dos mujeres hablaban sin cesar; la de más edad gesticulaba mucho por lo que me llamó la atención y quise escuchar. Sin embargo, el ruido de aquella cafetería me lo impedía. Era hora del desayuno y el lugar estaba a reventar. Su mesa estaba justo frente a la mía, por lo que para enterarme mejor del chisme, me levanté con la intensión de cambiarme de equipal, pero dentro de la misma mesa.

Sin embargo, torpemente derramé el café sobre el mantel azul marino que cubría la mesa. Tres meseros vestidos de manera idéntica –negro con delantal blanco- se acercaron en mi ayuda. El alboroto que hice llamó la atención de los comensales que estaban cerca, quienes me miraron con ojos inquisidores. Todos voltearon, exceptuando estas dos mujeres, quienes seguían enfrascadas en su discusión. La mujer más joven tenía la mirada hacia abajo y el ceño fruncido. Quizá era muy blanca, pero yo notaba palidez en su rostro. Cuando apenas intentaba hablar era callada por quien supuse era su madre.

Una vez que pasó el caos, me senté más cerca de ambas mujeres, pero dándoles la espalda para escuchar mejor. Los meseros me ofrecieron otro café, pero preferí un jugo de naranja. Servido en un vaso de vidrio soplado con posta azul, entonaba perfectamente con la vajilla de cerámica.

Ordené chilaquiles verdes con pollo y volví a poner atención en las mujeres: confirmé mi teoría de que la mayor era su madre ya que hablaba con las frases clásicas de aquellas “me vas a matar de esta decepción” repetía. La hija, con voz muy baja y temerosa le aseguraba que no se iba a casar.

Tuve que voltear la cabeza cuando la enojada madre tomó el clavel de adorno y comenzó a golpear la mesa. Después lo aventó a un macetero que tenía cerca. La hija, con las lágrimas ya visibles tomó una de las servilletas de tela y se dirigió con prisa al baño.

Por supuesto, ambas mujeres se habían vuelto centro de atención del lugar por lo que muchos rostros siguieron el accidentado paso de la menor hacia el baño.

Una mujer gorda, peinado de salón y maquillaje exagerado se acercó a mí y me preguntó si sabía por qué la menor estaba llorando.

-No se quiere casar- contesté.
-Ah, si… ya se le ve la panza, ¿No crees?- Y se fue sin esperar respuesta.

Pinche gente tan chismosa, pensé.

¿Qué es lo que haces todo el pinche día?

En estos momentos me encuentro escribiendo desde mi cama, acurrucada y tapada con 3 cobijas ensima puesto que hace frio y me duele la garganta. Contrariamente a lo que más de un tuitero afirma, no me dedico todo el día a echar hueva.

He vuelto a la escuela y soy una flamante estudiante de la Facultad de Filosofía de la UAQ, situación que me hace extremadamente feliz ya que siempre quise decir “voy a la facu”, vestirme con huaraches e ir a clases sin bañarme. Estudio un diplomado en Historia de Querétaro en un edificio histórico (fotos después) con maestros hippies y queretanos que ama su ciudad.

También me he inscrito a un taller de escritura, tal como lo recomendó un anónimo. Aunque sólo he tomado una clase y me sentí tímida en cuanto a mis letras, me gustó muchísimo. La crítica entre pares es muy gratificante y salí muy contenta. Saludos a Coatl!

Por último, me inscribí en un taller de fotografía, del que apenas tengo mi primera clase hoy, por lo que aun no tengo comentarios al respecto.

El resto del tiempo lo ocupo en leer y armar blogs. El Seductor de la Patria me tiene atrapadísima. Enrique Serna es de mis autores favoritos y su novela satírica sobre la vida de Santa Anna y lo que pasa durante esos 80 años de la historia de México es soberbia. Ya que termine de leerlo tendrá su reseña. También estoy leyendo a la colombiana de Restrepo con Delirio. Una novela muy amontonada que no me ha atrapado. Creo que mejor terminaré a Santa Anna antes de seguirle.

El blog sexoso ya casi está y terminándolo armaré la sexshop. Quiero tenerlo para navidad, que es cuando se dan regalos. Así que desde orita anuncio que busco bloggers quieran postear anónimos o no. Y claro, en noviembre tengo que escribir mi novela con el nanowrimo. Ora si, sin excusas.

Hago ejercicio, como bien, saco a los perritos, mi casa está limpia, me voy a cantinas, veo al –para algunos imaginativo- novio, investigo, leo blogs, etc.

Como verán no me aburro. Y por supuesto, tampoco extraño ser computita.

LIFE IS GOOD.

jueves, 22 de octubre de 2009

¿Donde esta mi cuchillo, EL BUENO?

Cuando te mudas solo a tu casa (rentada seguramente), no sólo organizas la semana de orgías y drogas duras que marca la ley del soltero emancipado, sino que también vas al súper a surtirte de las cosas que siempre diste por hecho que surgían por generación espontánea: destapadores, abrelatas, tarros cerveceros, cubiertos, 2 platos, 3 vasos, tablitas para picar, botes de basura, etc.

En aquella primaveral mañana del 2003 yo compré muchas cosas, sin embargo, olvidé comprar cuchillos buenos. Ya saben, de los que necesitas para cortar carne, manzanas, etc. Entonces hice lo que me pareció más correcto: le robé uno al vecino y me olvidé del asunto.

Mi cuchillo “el bueno” me acompañó desde entonces y lo utilizaba lo mismo para picar cebolla o cortar piña, que pan o jícamas. A veces, hasta de desarmador servía. Ya sé, una pesadilla para cualquier chef, que utiliza mil cuchillos diferentes. Sin embargo, yo era muy feliz con mi único cuchillito.

Cuando desempaqué mis cosas de Querétaro V.1 en aquel 2006, mi cuchillo “el bueno” seguía ahí, y continuó cortando con singular alegría. Sin embargo, hace días desapareció.

Al notar su ausencia, no me preocupé mucho, ya que suelo guardar las cosas en lugares de la cocina que no le corresponden, como el cajón de las tapitas de tupperware. Más o menos por esos días –y creo que esto es importante como evidencia policial- perdí como 200gr de jamón. Ya me ha pasado que guardo en la alacena cosas del refrigerador y sólo el olor a podrido me avisa de mi dislexia almacenaria.

Ya busqué por todos lados ambos elementos y nada más no salen. Mi investigación apunta como culpable a mi novio, puesto que le dije que me quería comer su pene con jamón (¡¡era chiste amorcito!!). Aunque también existe la probabilidad de que Scampi se haya comido todo el jamón y haya tirado mi único cuchillo a la basura.

Seguiremos investigando.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Avisos Varios

1. Cambie mi template. Lectores de feeds, ¡asómense!

2. Prontamente tendre Flickr

3. Denuncia de cabronas en Querétaro solo en nolecuentes.com

4. Soy rete-feliz, pero extraño a los tuirers.

5. Los niños bien.

martes, 20 de octubre de 2009

No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana

no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma

no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios

no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana

y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo

y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño

y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino

y te salvas
entonces
no te quedes conmigo






El diseño de mis tatuajes no significa nada. La cantidad de flores o rayas no tienen alguna analogía en mi vida. Es un diseño que me gustó y ya.
Y como mocosa fresa que soy, escojo flores rosas / tintas.

Tampoco soy mucho de poemas, pero este de Benedetti me llega... y mucho.

Mis tatuajes adquieren su significado por el momento de mi vida en que decido hacerlo.
En mi piel quedan marcados ciclos, personas, momentos.

Y bueno, que mejor momento que ahora.