Este blog personal estuvo activo de marzo de 2008 a julio de 2010. La continuación está en jeri4queen.blogspot.com

martes, 23 de marzo de 2010

Soy una escritora pagada y otras chingaderas.

Ayer fui a chilangolandia con el objetivo de cobrar el cuentito que hice para la revista Donde-Ir (¿ya la compraron? Sólo sale en el DF y sólo este mes). Después de 4 transbordos de metro y un taxi, por fin llegué al lugar (Polanco), donde una señorita muy amable me dijo que me había pasado por 73 pesos en el recibo, pero que no importaba, ya verían como meterlo. Llené hojas, cedí derechos presentes y futuros de mi cuentito “Torta de Tamal” y extendí la mano para recibir el millonario cheque. Resulta que hasta mayo me pagan. Ni pex. ¿Qué tanto son 7 días sin comer?

A las 6 de la tarde emprendí mi regreso desde Polanco a casa de mi abuelita (en serio), avecindada en Tlalnepantla, Estado de México. A las 7:30 traía un hambre chilanga por lo que me chingué una torta caliente llamada submarino. El pan con jamón me dio valor para meterme al metro, donde los vagones eran mostros de metal que escupían chilangos. Cuando por fin pude entrar al vagón, lo hice con estilo rockero: alzada entre brazos.

No cierto, pero casi. Como sea, creo que los chilangos tienen esa mezcla de demencia y buen humor necesaria para enfrentar apachurrones de esa índole. El griterío de "desalojenlé!" "dejen bajar!" "circulando / circulando!" estaba muy divertido, ja.

Salí de la Raza y tomé el minibús a casa de mi abuelita. Cuando me bajé en la iglesia donde me bautizaron, me salió un lobo y corrí sin voltear atrás. Capaz que era un sacerdote. Llegué casi a las 9 con dolor de piernas y espalda. Soy repueblerina, me cae.

Y bueno, estos días he estado leyendo harto. Uno No Sabe de Mónica Lavín tiene cuentitos que se me antojan semi-autobiográficos, por lo que estoy pensando seriamente en aprovechar mi bio y hacerle al cuento. Su narrativa es ágil y sencilla, aunque algunos cuentitos son medios Blah, otros, como el de los padres carnívoros, la coqueta tragona o la reportera subida a diosa me latieron.

Mecenas, de William Rotsler es un cuentito que viene en una antología de CF del que la mitad me gustaron y otros me los salté porque no entendía ni madres. Pero ese lo amé. Amé la personalidad ecuánime y estoica del protagonista y cómo describe a sus grandes pasiones: el arte y su mujer.

Afortunadamente, ya le estoy hallando el pedo a tanta palabrería de Delirio, de Laura Restrepo. Y es que no mamen, ni está tan complicado, más bien no me atrapa. Pero soy necia y ese sí que lo pienso acabar.

También he andado de metiche en conferencias magistrales de mi facu. (Me siento muy chingona cuando digo “facu”). Fui a un ciclo de conferencias de la llegada del tren a México y a Querétaro, así como su influencia en la Revolución. Y andaba de masona en unas conferencias de Derechos Humanos con Roberto Blancarte, una chingonería de señor. Otra de las excomuniones de Morelos e Hidalgo.

La dieta va mal y los perritos van bien.
Life is good.

3 comentarios:

ricardos dijo...

Yo también empecé (hace años) a leer Delirio y lo dejé. No captó mi atención.

Algún día lo reintentaré.

Rox dijo...

Me da gusto saber que no soy la única. Ya te contaré...

Anónimo dijo...

Se pone bueno en la ultima 3ra parte, lo demas es de de pesadilla para engancharse. Suerte.
De lo que me acuerdo mucho son de las gordas del gym. Bleh.

Tj.