Este blog personal estuvo activo de marzo de 2008 a julio de 2010. La continuación está en jeri4queen.blogspot.com

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jueves, 22 de julio de 2010

Otro de futbol y Villoro

Ya saben que chingo mucho con que Villoro es su Padre y todo eso, pero este cacho de su última contribución al Proceso rulea:

(...)El presidente Tabaré Ramos terminó su mandato en Uruguay logrando que cada niño tuviera una laptop: la justicia pasa el acceso a la información. La selección uruguaya estuvo a la altura de esas transformaciones. Chile, el país con mayor desarrollo económico en la región de los últimos años, dejó de tener un equipo que apelaba a la picardía (la falta simulada por el portero Rojas en Maracaná, en tiempos de la dictadura de Pinochet) para volverse competitivo, terminar su fase eliminatoria en segundo lugar de Sudamérica y ganar dos partidos en Sudáfrica. España mostró en la cancha que es una nación de clase media, integrada en la igualdad y respetuosa de las diferencias. Holanda, bastión de la libertad individual, discutió demasiado en el vestidor y combatió como si quisiera ganarle terreno al mar; de manera ejemplar, después de su derrota, hizo un pasillo de honor para celebrar a España.

¿Qué pasó con México? El domingo 4 de julio, el futbol coincidió con las elecciones en 12 estados del país. El candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas llegó a votar con chaleco antibalas. El gobierno federal había grabado conversaciones de militantes de la oposición y algunos partidos optaron por alianzas oportunistas que nada tenían que ver con sus idearios.

La Selección Mexicana tuvo un capitán distinto en cada partido. En la nación del miedo, toda autoridad es relativa. La mejoría de la selección depende de la mejoría del país. Esperar lo contrario significa suponer que la recompensa antecede al esfuerzo. De nada sirve que la Federación Mexicana de futbol le mande una almeja suculenta al pulpo Paul.

No hay que cambiar las profecías, hay que cambiar la realidad.

A ver que tanto chillan en 4 años ¬¬

lunes, 24 de mayo de 2010

El no-disfraz de Bukowsky

1. Bukowsky

Dicen que la gente no lee. Dicen que los jóvenes son apáticos. Dicen.

El jueves pasado a las 8pm y con mi primera chelada Victoria de la noche, comenzó la proyección de Barfly en el bar Donkey & Beer de esta ciudad. El pretexto: el segundo homenaje a Bukowsky en Querétaro.

Cualquiera puede ser un no borracho. Se requiere de un talento especial para ser un borracho. Se necesita resistencia. La resistencia es más importante que la verdad.
Rio Ayutla es un colectivo formado por desconocidos de las letras queretanas que gustan de organizar eventos a borrachos que gustan de la poesía y la literatura en general. El evento al que asistí fue el segundo pero tenía excelentes referencias del primero: lleno total, poemas, alcohol, putas y todo lo que se requiere para que un homenaje haría sentir a Bukowsky orgulloso.

Cuando se terminó la película, el lugar estaba a reventar. Cerca de 120 borrachos e impertinentes se encontraban listos para la puesta en escena “¿Le pasó esto alguna vez a Cervantes?”. Un monólogo inspirado en relatos y poemas de Charles Bukowski que narra las peripecias de un escritor en el DF y su vuelta a Querétaro. Amor, desamor y ebriedad. El monólogo era interrumpido por un ebrio que creyéndose muy machito, comenzó a interrumpir al actor. Yo estaba emputada y le hice una seña obscena. Al final nos chingamos todos porque no se calló, supongo que eso resulta muy bukowskiano.

Me interesan más los pervertidos que los santos. Me encuentro bien entre los marginados porque soy un marginado.

Terminado el acto, nuestro anfitrión tomó el micrófono agradeciendo nuestra asistencia. Entonces premió a los ganadores del concurso “Vine al Bajío y sólo me gané un pinche herpes”. Casi todos poemas, no fueron muy de mi agrado, pero admiro el esfuerzo.

Ya avanzada la noche tuve oportunidad de platicar con él. He estado en conciertos en bares queretanos parecidos al Donkey & Beer y si llegaban a 50 personas era un gran logro. Convocar a más de 100 por la pasión a las letras me dio esperanzas. Felicité a Benjamín y lo incité a hacer de más autores. Sí, hubo alcohol, hubo canta autores de camión, hubo sexo. Pero sobre todo, hubo literatura.

Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener.

2. Disfraces
El pretexto del disfraz no era más que el intentar ser otro. Ese otro del que puedes escribir, ese otro que esperas ser (o no ser). Ese otro que no deja de tener algo de ti, porque tú lo inventaste. Sin embargo, ese otro no eres tú.

Todos usamos disfraces a diario. La camisa a cuadros de hombre de familia, el traje de profesionista, el maquillaje para ocultar las ojeras, la tanga para sentirte puta, la playera de malote, la barba de huevón, los besos de fidelidad.

Mi disfraz de Amy Winehouse era con el pretexto de usar ese minivestido que compré con el único y sincero objetivo de provocar. Provocar quitarlo. Usarlo en público jamás. Pero era una fiesta de disfraces, no importa que mis nalgas pesen lo mismo que la raquítica cocainómana esa.

Comprometida con el papel, toda la tarde me dediqué a tomar. Muchas cervezas, un delicioso mezcal, pichones de tequila y el disfraz se comenzó a caer (no en el sentido literal). Entonces quedé yo con una enorme raya delineada en el párpado. También quedaron los demás y las pláticas que se caen de sinceras.

Nunca me he disculpado con el pretexto del alcohol ni lo pienso hacer. El “es que estaba muy borracho, yo no soy así / yo no lo hubiera hecho” es falsísimo. En esos casos, lo mejor que puede pasar es olvidar todo al día siguiente. Y yo casi nunca olvido.

3. Asquerosa publicidad

miércoles, 21 de abril de 2010

Somewhere, something incredible is waiting to be known

Ya sé, esto lo acabo de poner en recolectivo, pero este vídeo me sacó una lagrimita. :')




Corrían los ochentas y un señor vestido con cuello de tortuga y traje café hablaba en la televisión sobre los planetas y las estrellas; de la gente que ha habitado este mundo que se llama Tierra, las características de ésta y de cómo habían contribuido al conocimiento universal del que ahora él hablaba emocionado. Desde su sillón, ese hombre recorría el universo utilizando animaciones que a ojos de este siglo, parecen maquetas colgadas de hilitos. Su nombre era Carl Sagan y la serie se llamaba Cosmos.

Tiempo después, las computadoras y los hombres comenzaron a llamar mi atención, por lo que dejé de alimentar mi vena científica.

En el 2003 volví a encontrar a Sagan, pero ahora el formato era de papel y con títulos como El mundo y sus demonios y El cerebro de Broca. Pero fue hasta el 2005 cuando devoré Cosmos en pocos días, ya que el librote llegó a mis manos en préstamo de una biblioteca. Al terminarlo, tenía un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. También me dieron ganas de robármelo, pero al final lo regresé.

Cuando la instrucción escolar nos vomita nombres por separado y en diferentes “materias” como Filosofía, Matemáticas, Astronomía, Biología, Historia, etcétera, en Cosmos, Carl Sagan hace un todo y relaciona a Pitágoras con Platón con Hipatía, Kepler, Newton, Da Vinci, Colón, Darwin, Huygens, Einstein. Su lectura me acercó a ellos como hombres (no sólo como teorías), a sus errores, problemas y a las fallas históricas que hemos tenido como raza. El conocerlos por separado me había quitado el placer de entender la relación entre sus teorías y propuestas; tampoco me di cuenta del común denominador que existe entre ellos e incluso, conmigo.

Sagan me llevó de la mano por la historia del hombre como un ser pensante e inteligente. Entendí que el conocimiento, antes que otra cosa, significa libertad. Libertad de elegir a través de la razón, libertad para no subyugarte ante las ideas de otros, libertad para atreverte a soñar en más.

Si me preguntan la distancia al Sol, la gravedad de Júpiter o la elasticidad del tiempo por la aceleración de las partículas a velocidad de la luz, tal vez no les pueda contestar o les diga una tontería. Pero ahora entiendo que la ciencia es mucho más que números, datos, fechas y nombres. La ciencia es lo que nos da esencia como humanos, sus logros y adelantos unen, mientras que las guerras destruyen. La ciencia ilumina, mientras que la charlatanería oculta y miente.

Sabía que sólo era cuestión de tiempo, ahorro y decisión para adquirirlo. Así que desde la semana pasada, Cosmos está en mi librero y es parte de mi evangelio.

lunes, 19 de abril de 2010

Time is ticking out

De vez en cuando me gusta ir a Waldo’s Mart para comprar cosas de doce pesos que no sabía que necesitaba. O que si sabía que me faltaba, pero no me acordaba. Supongo que es algo así como un guilty pleasure porque ya sé que si compro una palita de cocina, ésta se va a deshacer con el calor de los huevos revueltos y me quedará un nutritivo omelet de jamón y plástico. Yomi.

Mi adicción a Waldo’s comenzó en Manzanillo, donde compraba una caja que trae como 99 galletas con chispitas de chocolate a doce pesos. ¿Cómo la ves pinche Marinela? Dos kilos después incluí entre mis compras pilas, botes de basura, azucareras y unos jugos de pinturita.

Hace unos días me sobraba media hora de vida y setenta pesos, por lo que decidí entrar a la tiendita para averiguar qué necesitaba. Salí feliz con una lata de atún, un mantel de plástico, un foco y un reloj. El atún ya me lo comí con salsita verde picosita y tostadas. El mantel de plástico se ha comenzado a fruncir así como de pegado porque le puse un traste caliente. El foco no lo pude meter en ningún socket porque está flaco y se cae.

Pero la verdadera tragedia está en el reloj de pared, el cual colgué a lo que llamo “oficina”. Es redondo y tiene colores simulando parches sobre un fondo negro, así que como adorno cumple su función. Como reloj, cumple su función exageradamente, ya que cada segundo hace tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac lo cual me está volviendo loca.

Con cada segundo siento como literalmente se me va la vida. Los tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac se han convertido en latigazos: “ponte a escribir!!” tac-tac-tac-tac; “es hora de sacar a los perritos!” tac-tac-tac-tac ; “no pusiste a descongelar el pollo!” tac-tac-tac-tac; “a ver si ya te duermes, cabrona!” tac-tac-tac-tac.

Sí, lo escucho hasta el cuarto por las noches. Anoche pensaba que tal vez era mi esquizofrenia paranoica, porque la puerta de la habitación estaba cerrada. Mientras escribo estas líneas el puto reloj está encerrado en el baño. La solución es fácil: colgarlo en la sala sin sillones o quitarle la pila y ponérsela al vibrador.

Pero tengo ganas de que mi esquizofrenia paranoica regrese. Además necesito algo a que odiar.
El reloj se queda un rato más, lo he decidido.

viernes, 19 de febrero de 2010

Madres vs Modernidá

La manera en la que el populacho mexicano incorpora a su vida la modernidad tiene su símil con la época de la conquista gachupina: tiene que haber madrazos, llanto y sangre. De estos tres elementos, sólo la sangre faltó hoy en mi intento por pagar la luz en la muy mentada CFE. (Por cierto, en mi nuevo recibo está iluminado de amarillo los 400 pesos que papá gobierno paga de mi luz. Y yo ni ISR pago, ja!)

Supongo que esta “empresa de clase mundial” de tanto recibir la queja de que las cajeras tenían cara de malcogidas que alguna mente brillante se le ocurrió poner cajeros automáticos para pagar. Única y exclusivamente cajeros automáticos, que se jodan todos los que le temen a los bytes y den la bienvenida a la modernidá.

Pongo en contexto de la experiencia que es ir a una de estas estancias de belcebú para aquellos extranjeros o hijos-de-papi que no van a pagar servicios básicos. En un cuartito hay de 3 a 5 máquinas de las cuales sólo funcionan una o dos. Como puedes pagar a cualquier hora, los borrachos aprovechan la noche para miar y fornicar, así proporcionar emoción a la nocturna experiencia pagadora. Por eso, al pagar por la mañana sólo quedan olores a pipí y torta Filos.

Al ver la inmensa fila, el alma de ingeniero que trae cada mexicano brota y se acerca al aparatejo inservible. Con el dedo en la pantalla, mueven el mouse. Nada pasa. Entonces, revisan que no haya billetes atorados en las ranuritas. No hay nada. Por último, intenta darle un madrazito (o madrazote) al vergonzoso cajero automatizado. Acto seguido, sale muy sonriente anunciando todos los de la fila lo que ya sabíamos: “No funcionan”.

Una nota al margen del post: el puto programita está hecho en Windows y ya no te deja teclear el nombre del dueño del contrato de la luz, así que si no tienen un recibo o el pinche numerito de servicio, olvídense de poder pagar. Lo sé porque lo viví. Pinches computitos que no saben levantar requerimientos.

El aspecto más desgastante de es el orden de la fila. Invariablemente los más pendejos están antes que uno. Desde los idiotas que no saben dónde está el código de barras, hasta los que intentan pagar 4520 pesos en billetes de a cincuenta. Y, aunque el chafísima programa indique la forma de meter los billetes, no falta el atolondrado que quiere meterlos hechos bolita.

Bueno, creo que quedó muy claro que considero que los cajeros de la CFE son una mierda. Pues hoy, esa mierda se mezcló con mi subespecie humana más odiada: las madres desconsideradas.

Frente a mí, una vieja fodonga traía a una mocosa de 2 años en brazos y la otra de 4 años corría por toda la calle con riesgo a ser atropellada. Con voz dulce y suave, le dio un par de billetes de a 100 para que se distrajera y la morrita se dedicó a vandalizar los cajeros inservibles con los billetes. La madres exclamaba unos muy serenos “hijita, vas a romperlos, ven acá” ante el nulo caso de la escuincla del diablo.

No sabía a quien golpear –mentalmente- antes: a la madre que no hacía nada por aplacar a su demonio o a la mocosa, que me veía con cara de jodete. Ya saben, esos niños que se te quedan viendo fijamente, por lo que yo le regresé la misma mirada de “que me ves pinche niña”.

Cuando por fin le tocó el turno a la mujer que-nació-para-ser-madre-y-que-se-chingue-el-mundo, bajó de los brazos a la niña de 2 años, quien apenas puso un pie en el piso, comenzó a chillar con la hermana por el control de los billetes que ya estaban hechos rollito. En su fodonguismo computacional, la madre no sabía ni cuál era el código de barras y cuando por fin lo averiguó, los billetes no pasaban.

¿Cómo iban a pasar si los habían agarrado de trapeador? Ya estaba a punto de cambiarle sus dos billetitos por uno de doscientos cuando el cajero automatizado recibió uno… el cual se quedó atorado, bloqueando el sistema al instante. Ahora sabemos porque eligieron plataforma Windows.

Las niñas chillaban y la mujer salió mentando madres contra los cajeros de clase mundial. La imbecilidad humana no tiene límites y la computación no va ayudarles.

Hoy no es un buen día para ser computito, snif.




PD. Un postito menos amargosito en repollo y atún
PD2. I'm back!.

lunes, 15 de febrero de 2010

Fuentes del paraíso

Estuve algún tiempo alejada de la ciencia ficción por ninguna razón en específica. Simplemente llegaron muchos libros a mis manos. Como sea, retomé el tema con Fuentes del Paraíso de Arthur C. Clarke.

La novela trata más o menos de esto:


Las buenas novelas de ciencia ficción son de las más ricas que he leído. No sólo hacen fantásticas descripciones (en las que si tienes una buena imaginación son más bellas que el mundo de Avatar) si no que también te hacen reflexionar sobre asuntos sociales, como tecnología, economía, historia, religión… Por supuesto, las bases científicas existen, pero las dudas no van más allá de una búsqueda en wikipedia.

Esta novela trata sobre la construcción de un elevador al espacio. El protagonista (Morgan) es un ingeniero de esos que viven para su trabajo. En una sociedad futurista, la renuncia a otros ámbitos de la vida (como viajar o tener hijos) es algo común y aceptado. Los obstáculos para construir esta maravilla van desde temas religiosos, políticos y psicológicos que no son ajenos a este siglo.

El “no se va a poder” es una constante durante todo el libro, por eso es que el final me pareció extraordinario. Devoré los últimos capítulos de la novela y las últimas líneas me movieron mucho.

Por eso me dan penita los que leen libros de superación personal. Esos llenos de frases pre-hechas e historias de triunfo predecibles. Una buena novela te lleva a reflexionar, a sentir esa victoria, a ver las cosas desde otro punto de vista.

Por cierto, la novela es setentera y me causaba mucha risa la inclusión de conceptos que ahora aplican a facebook y google. ¿Qué se habrá sentido leer esto hace 30 años? ja. Lean CF, no se van a arrepentir.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Métanse por sus doce uvas...

Toda mi vida he sido Grinch de año nuevo. El trauma inició a una edad muy temprana, cuando me obligaban a permanecer despierta hasta media noche, únicamente para la ridiculez de abrazarnos, comer 12 uvas y expresar los buenos deseos de siempre (salud / dinero /amor). ¿Qué no se puede hacer eso a una hora decente, como a las 7 pm? Y es que para mí las horas de sueño son sagradas.

En la adolescencia -cuando era más mamona que ahora- a mis padres les dio por salir a restaurantes a cenar. Había que llegar como a las 9 pm y esperar 3 horas para el penoso ritual. Tengo muy presente una ocasión que me obligaron a ir y yo quería quedarme cuidando a un perrito recién nacido. Entonces, metí al chucho a mi bolsa y por ahí de las 10 me descubrieron. Aún así, nos quedamos en el lugar.

Ya adulta, seguía con mi necedad de no festejar y seguí mucho tiempo enfrascada en mi berrinche. Mi alegato siempre fue que era un día como cualquier otro, consecuencia del calendario y el paso del tiempo. -Pinches ganas de marcar hitos- decía. En realidad, nada me costaba cenar y chupar con los que querían compartir conmigo, como si fuera “cualquier otro día”.

Los treintayuno de diciembre comenzaron a ser más entretenidos en Querétaro (dosmiltres / dosmilcuatro). Hacíamos de cenar algo rico y nos poníamos borrachos. Es decir, era como cualquier otro día, pero me peinaba. (jajaja me acabo de acordar de los cabrones de Pedro y Pablo estaban impactados porque no traía puesto pants y me había maquillado).

La entrada del dosmilcinco fue muy especial para mí. Tenía dos días en Madrid y en la Puerta del Sol conocí a la que se convertiría en unas de mis mejores amigas: La Reyna. Un año después, pero esta vez disfrazada y con acento gachupín, no falté a la cita de la bola cayendo entre uvas de lata, pitos y gritos. Aquella noche me comencé a despedir de una de las experiencias que marcaron mi vida. Las Nocheviejas en Madrid son contagiosas. Son un excelente símil de mi vida madrileña: devoré a la ciudad y me dejé llevar por su alegría, cultura y forma de vivir. El papelito de la maestría pasó aun undécimo lugar.

Sin embargo, hoy no es un día como cualquier otro. No es sólo un cambio de calendario flaco por uno más gordo.

Vengo llegando de unas vacaciones en la playa en la que ninguna noche dormí bien. No era mi cama y mis perros, al sentirse fuera de lugar y con calor, jodían de más. Me levantaba a mear (¿será incontinencia por la edad? bujuju) y soñaba mucho. Demasiado. Ninguna pesadilla, pero me hacían preguntar demasiadas cosas sobre los muchos cambios que en este 2009 he tenido.

Además, salí del closet escritoderil ante mis papás.

Se me hace que soy la única pendeja que regresa de la playa con estrés en la espalda.

Por eso, decidí estar sola esta noche. Tengo podcasts por escuchar, preguntas por responder (y hacer ) y en una ventanita hay tuiteros igual de adictos que yo. Además estoy escribiendo.

Métanse las doce uvas… por donde más les guste.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Infiel

A veces siento cosita por la gente que consideran su ciudad únicamente como el lugar que esta su casa, su trabajo, su familia. Creo que amar al lugar en que vives te alimenta, te transforma. Incluso físicamente... al menos a mí me pasó. ¿Qué serían de los escritos de Alice y Salvador Leal sin el tráfico chilango? ¿O los de Daniel y Manuel sin su frontera? ¿o del Falso Profeta sin sus lanchas?

El sentir “cosita” no es más que una especie de ternurita. Cómo el que puedes sentir por una casada que le ponen los cuernos y ella los acepta con resignación. O del que estudia algo por dar gusto a sus papás. En 3 palabras: Me vale madre.

Lo que si me enerva son los nacionalismos o regionalismos. Aquellos que sostienen que incluso en su ciudad, los pedos huelen mejor. Que no soportan una crítica a su terruño. Crítica que incluso podría ser idiota, hecha de una primera impresión o desde alguna perspectiva. Y ternurita cuando la defensa es “en tu ciudad han de ser muy bonitos”. Bleh.

Cuando abrí No le cuentes a mi madre nunca me imaginé que habría gente que se ofuscara por mis opiniones sobre un lugar y su gente. Que me exigieran un expertís digno del Travel Pleasure, cuando claramente digo que llegué a un lugar sin saber porqué, estuve pocos días y sin tour.

De eso se trata viajar. Que tus ojitos descubran nuevos edificios, que tus piernas se pierdan entre sus calles y tu lengua pruebe nuevos sabores. Que odies o te enamores. Que te asusten o te hagan feliz. Y si algo me pareció FEO, lo digo, aunque sus habitantes se ofendan.

En la última reunión con mis amigos reales, me preguntaban sobre mi viaje a Nueva York. Y mi respuesta fue: vayan a Argentina o a Sudamérica. Me miraron con incredulidad, pero yo lo sostengo. Es más, de mi dinero no saldrá otro viaje a gringolandia. No dudo que el gabacho tenga muchas cosas dignas de verse, pero prefiero el calorcito y acento sudaca.

Yo adoro vivir en Querétaro. Me encanta pasear por el centro, conocer gente que hace cosas con pasión y la historia que hay en sus calles. Pero también me choca que 12 de la noche (y entre semana) me corran de las cervezas, que no haya oxxos abiertos, ni lugares para cenar bien. Creo que la gente es más fea que en Guadalajara y hay mucho gordo. Pero son más amables. A cualquier lado te mueves en 20 minutos, siempre y cuando no llueva o se accidente alguien. Y sobre todo me encanta haber encontrado gente que hace las cosas con pasión y no por borreguismo. ¡Y su historia!

Pero por mucho que adore este lugar, soy una gran infiel. Todavía lloro por Madrid y fantaseo con Buenos Aires. Sin duda, si mi maestría hubiera sido en Buenos Aires, me cae que no regreso… me enculé bien cabrón con la ciudad de la furia.

Por eso, más de una persona me ha tachado de mala mexicana por hablar bonito y encularme con países extranjeros. Pues prefiero ser mala mexicana que una nacionalista -o regionalista- a ultranza. Es una lástima ver que el amor que profesas te impida ver que afuera hay mucho más. Sería como sólo escuchar a un grupo de música, leer a sólo un autor o comer siempre lo mismo.

La vida da para mucho más que eso.

Si no lo quieres ver por pendejaditas no es mi pedo. La verdad es que hasta el más fiel voltea a ver unas piernotas con minifalda.



(y más si utilizan medias negras de red)

martes, 20 de octubre de 2009

Se nos acabó el amor

Ya saben cómo son esas cosas. Se conocen y hay un ligero coqueteo. Tal vez ya tenías alguna referencia, pero no estás seguro que todo sea tan bonito como te lo imaginas. Te preguntas “¿Cómo será estar dentro?”. La primera impresión es más que buena, de las mejores que has tenido últimamente, porque hay que aceptarlo: estás urgido.

Precisamente el día que estás al borde de la desesperación llega esa ansiada llamada: una voz que dice representar el área de Recursos Humanos y te pregunta si aún estás interesado en la vacante. Tu corazón brinca de alegría y tu garganta intenta no quebrarse cuando sueltas un nervioso SI, ACEPTO.

Así fue el comienzo de mi historia de amor con mi ahora ex-trabajo. Yo estaba emocionada y desesperada por entrar. Me la hicieron cansada, pero ambos sabíamos que el puesto estaba más que pintado para mí. Era para lo que había estudiado en Madrid, por lo que rechacé 23mil pesos de mi ex-ex-trabajo.

Pero antes de continuar, trataré de dar claridad a algunos conceptos ñoños que sirven muy poco para entender este post, sin embargo, iluminan mi corazón computito. El área de calidad en software es cubierta por distintos perfiles y en distintos momentos. Pruebas o Validación, para asegurarse que el programa HAGA BIEN lo que le fue solicitado por el idiota cliente o usuario. Verificación: para asegurarse que esté BIEN HECHO, que cumpla con los estándares de la industria y de la empresa, que las clases estén bonitas y se tiene la oportunidad de pendejear colegas. El último –y más culero- ente son las Auditorías, que son los policías que hacen que los pobres computitos se apeguen a un proceso que tiene la característica de ser tan violado como nuestra Carta Magna.

Pero volvamos al 2006. Con pelo largo y acento gachupín entré a Pruebas. Y cómo son las cosas que ocho meses antes a mi jefa le dio por coger y estaba por parir. Así que cuando yo entré, me las arreglé con una de las personas más profesionales y dedicadas que conocí durante mi estancia ahí. MJ me incitó a participar en el grupo, lo cual para mí es como preparar margaritas –de tamarindo con chilito *babeando* -. Como buena ñoña apoyaba a mis compañeritos y les compartía dinámicas, documentos y demás peipers que tuve durante mi maestría.

Tres meses después regresó mi jefa y poco a poco comenzamos a chocar. Ahora que lo veo en perspectiva, siempre tuvo un “pero” a mis propuestas. Entonces, comencé ignorarla y a hacer lo que me dio mi chingada gana. Cambiaba el proceso a lo que mis equipos necesitaban y no me fijaba en nimiedades. Aún así, yo era una chingonería haciendo y coordinando pruebas. Incluso ella se dio cuenta y, cuando vinieron las iniciativas de optimización para lograr una certificación, aceptó ponerme al frente.

En una empresa donde lo común y corriente es la apatía, yo andaba de mitotera de mejoras. Tanto así, que más de un quacito nuevo creyó que yo era la segunda al mando y se acercaban en pos de mi sabiduría. Sobre eso, ya escribí aquí. Para quien no quiera leer ese post (chingue a su madre, está bien chido) les cuento que los numeritos salieron y la iniciativa que tuve a cargo fue una de las dos que permitió a la empresa tener el nivel 5 de CMMi.

Durante ese tiempo, cultivé muy buenas relaciones con personas fueras de mi grupo inicial. Gente que llegó a apreciar mi trabajo, a admirar y reconocer las ganas que le ponía. Pero no todo es miel sobre hojuelas y el choque final con la jefa no tardó en llegar, por lo que a la primera oportunidad me largué de pruebas.

Caí entonces a un tipo de auditorías, pero internas. En aquel 2007, esa área "oficial" estaba tan mal llevada que tenía un megatalón de Aquiles: eran cuadrados y no eran computitos. Los ingenieros son la especie más orgullosa que conozco y si un no-computito llega a joder porque la manera en que hizo su programa no cumple con el proceso, el choque es apocalíptico. Mejor díganle que sus hijos están feos, en serio. Lo que yo hice entonces fue aminorar ese choque, buscando lagunas en el proceso y amañando evidencias. Era una especie de abogada de narcos buena ondita.

Mi trabajo era mucho más relajado, por lo que tenía tiempo para otras cosas, como estar a cargo de más iniciativas y escribir en mi blog. La segunda y tercera iniciativa que llevé fueron a nivel organización (la primera sólo fue para el grupo de pruebas), por lo que el reto fue mayor. Esta iniciativa estaba enfocada a Verificación, actividad a cargo de cada computito y de su equipo de trabajo.

En pruebas si mi jefa decía “háganlo”, nadie chistaba. A nivel organización, tenías que convencer, enseñar escote, endulzar el oído. Durante ese tiempo, fui Mrs. Popularity, la referencia y sabionda en técnicas de verificación. SuperRox parte madres. OK, mi ego es el que acaba de hablar. Realmente esa iniciativa de verificación no significó ninguna innovación tecnológica ni marcó algún parte aguas. Sólo hicimos de la costumbre, una ley.

La situación me comenzó a desesperar, la apatía de los demás se me contagiaba. Además comencé a no creer en lo que predicaba. En este blog nunca he hablado de mis opiniones sobre software, en lo que toca a procesos, calidad y metodologías de desarrollo. No porque no las tenga, si no porque eso es de hueva y respeto mucho a mis lectores (ajá). Lo importante aquí es que me di cuenta que mi propuesta no era, ni nunca sería la última maravilla computita. Ahora sé que hay factores más importantes a considerar para establecer una forma exitosa de trabajar.

Derrotada e incrédula me enteré hace poco que los numeritos dijeron que mi había tenido un éxito abrumador. Igual me valió madres.

Pero volvamos a finales del 2008. El “resfrío económico” hizo que cayeran las primeras cabezas en la empresa. Entre ellos, los pesados de Auditorías. Quien se quedó a cargo era fan de mi trabajo y me puso al frente del grupo. Entonces, en conjunto a otros 3 ñoños, comencé a planear la dominación mundial organizacional. Sin embargo el gusto no me duró mucho, ya que a los 3 meses corrieron a mi jefa y a otros 2 de mi equipo. La nueva a cargo trajo una propuesta diferente, la cual puedo decir que me gusta y que siempre la cumplí.

Durante ese tiempo aprendí -y mucho- de lo que se trata CMMi. Apliqué los conceptos, buscando entender si el equipo requería lo que el modelo pedía o cómo lograr cubrirlo. Por primera vez un NO APLICA nos convenía a todos. Sin embargo, la organización no estaba ni siquiera para aceptar un NA.

Los despidos, el ambiente, las fusiones vinieron a mermar una ya deprimida organización. No había prozak suficiente en el mundo para remediarlo. No quiero balconear mucho, pero les aseguro que las cosas estaban más feas que matar focas bebés.

Esta vez no habla mi ego cuando les digo que no me iban a despedir. Mi buen desempeño -incluso cuando estaba derrotada e incrédula- me precedía. El único escenario en el que me podían liquidar era si la fábrica se dedicaba a maquilar. Que la gente trabajara para terceros, que no tuviera el control de nada. Y eso no ha pasado y parece que a la gerencia no le conviene que pase.

El jueves que me despedí, mucha gente me dijo que hubiera pedido mi despido o esperado un poco más a que pasara. Levantarte cada día esperando que te despidan me parece lamentable y lastimoso. No soy rica ni orgullosa, pero hay algo en esa actitud que no cuadra con mi forma de ser. Es como esperar lana de un marido golpeador en vez de mandarlo a la chingada y ponerte a trabajar para salir adelante. No creo en dios y mucho menos en Slim, por lo que mi destino lo controlo yo.

Así que preparé el ambiente. Corté vicios y gastos. Me fui sin voltear atrás o llorar. Me había enamorado de un desconocido y ahora tenía los medios para conocerlo, para saber si funcionamos juntos.

Desde mañana, voy a escribir ocho horas al día.



(bueno, pasado mañana... es que tengo cosas que hacer)

miércoles, 14 de octubre de 2009

A computita's end?

Ya saben cómo es el tiempo y su manía de avanzar. No importa si es para bien o para mal pero los hitos llegan y se cumplen.

Hoy fue mi último día laboral en una empresa que me dio muchas satisfacciones, retos y derrotas como computita de QA. Mis fellow twitters han presenciado quejas, arranques, berrinches y maldades. Alguna alegría se ha de haber colado, supongo. Por mucho de lo que he escrito, quizá el lector piense que renuncio a ser computita para siempre y no lo culpo, yo también lo llegué a sentir así.

Pero entonces llegó Ángel (el del Rincón del Ornitorrinco, no de esos de los dioses) y me pidió un post para su sección histórica y antropológica de internet a 9600. Por supuesto, acepté.

Sin embargo, me costó trabajo hallarle el modo al post, ya que sus columnas han sido completísimas, me queda poco por agregar sin llegar a meterme en detalles muy técnicos y aburridos.

Entonces escribí como más me gusta: con el corazón. Así que narré mis inicios en eso de apachurrar teclas (no en un modo lesbiano, cerdos).

Lo mejor de escribirlo fue que me di cuenta que siempre seré computita. Quizá no escriba código, si no letras. Capaz que no jodo computitos, si no diseñadores. No lo sé. Las computadoras, su tecnología y su desarrollo siempre serán parte de mí, de una manera que varios de ustedes mortales nunca entenderán.

El post del cambio de rumbo queda para después. Hoy el chisme está aca

La cultura geek en los 80s

Gracias Ángel! :)

viernes, 4 de septiembre de 2009

Sexo e Intimidad

Muchos nombran intimidad al sexo. Quitando el lado romántico al nombrecito, tienen razón. Al ver en pelotas a un hombre, no sólo te enseñan de que lado les cuelga, también te enseñan de donde son vulnerables. Al verse descubiertos, algunos brincan agresivamente o se ocultan aún más. O te enseñan algo para lo que no estabas preparada y no tienes una puta idea de qué hacer.

Pobres hombres, la sociedad los presiona mucho. En tenerla larga, en durar mucho, en ser los mejores amantes y tener muchas viejas. Y las mujeres tampoco lo tenemos tan fácil. En la cama (silla, mesa, coche, etcéteras donde se coja) no sólo están dos, hay una carga social muy fuerte.

Carga que es posible que no sepas manejar cuando eres es muy joven. Cuando tu carácter se está formando, cuando te da miedo, cuando esperas cosas maravillosas -e ilusas- de los hombres. Si el desempeño fue pobre -y ambos lo saben- se justifican. Te preguntas si tu tienes la culpa, capaz que no aprietas o eres demasiado zorra. Lo que no saben es que así tiene que ser.

Por eso, nunca antes me había sentido tan feliz de tener más de 30. Mis lonjas y arrugas son un precio muy barato para ahora poder disfrutar el sexo. Llegué a esta nada humilde reflexión a consecuencia del post anterior.

Me imaginé a los 16, 18 años con tanta chingadera en la cabeza (y en el corazón) y aparte embarazada por un chavito con la misma (o más) cantidad de mierda que yo. Me pareció doloroso y triste. Alguno llamará a esto irresponsable. ¡Son niños, por dios! Vean lo que los medios les enseñan, lo que los "adultos" les dan por ejemplo.

Quizá les parezca sorprendente que yo escriba lo siguiente después de hacer relatos tan cachondos o escribir de sexo abiertamente:

Creo que las niñas deben esperar para coger. Que conozcan su cuerpo, que sepan que pueden tener orgasmos sin necesidad de penetración. De menos hasta que emocionalmente puedas manejar un poco de tanta chingadera que viene tras una relación sexual.

Porque cuando logras manejar eso (aunque sea algo, siempre se sigue aprendiendo), es de las mejores experiencias que la vida te puede dar.

jueves, 20 de agosto de 2009

5 películas para llorar que pueden ser vistas por machos

Llorar sin estar triste es uno de esos placeres femeninos creados para compensar la menstruación, la desvirginada y la gastadera en papanicolau. Como reza ese sabio himno Shakirezco "lloro una vez al mes, sobre todo cuando hay frío", esta práctica debiera ser calendarizada y patrocinada por el gobierno, así habría menos accidentes viales.

Cuando las mujeres lloramos, nuestros fantasmas internos nos abandonan y quedamos en excelente disposición para el sexo. Para esta cuasi-sagrada actividad, las películas o series manipuladoras logran el objetivo. Desafortunadamente, el 87.46% de las veces, terminamos mocosas y sin hombre a un lado. (Posible muerte por aburrición).

Los hombres que se creen muy machos se niegan a ver películas donde no maten al menos a 100 personas, los utensilios de cocina se conviertan en robots extraterrestres o haya zombis. Por eso, ver un Chic Flick es impensable.

Sin embargo, no todo está perdido, la Administración de este H. Blog ha pensado en ustedes y en su satisfacción sexual, por lo que ha hecho la siguiente lista de películas que no son rositas, son aguantables y que garantiza el llanto femenino

(La escala es 0-5 donde 5 es la calificación máxima)


5. Before Sunset.
Esta película es secuela de otra obra de arte llamada "Before Sunrise" y su trama es ideal para las mayores de 26. Aunque es una historia de amor, los protagonistas no se enamoran durante la misma. Eso ya paso en "Before…" En esta película, los protagonistas pasean por París, compartiendo lo que han vivido durante esos años de separación. Los protagonistas hablan de temas con los que nos identificamos completamente aquellos que hemos vivido poquito: que la adultez apesta, que con el tiempo se tiene el corazón aún más roto y que el futuro da miedo. En el clímax de la película ella lo abraza para él sepa que "no se disuelve en moléculas". Mocos 3. Llantos histéricos: 2

4. August Rush. Importantísimo ver esta película con un sonido y pantallota de esas de hombres traumados con el tamaño de sus aparatos (de audio y video). O de menos, audífonos chingones. La película es un cuento de hadas moderno, en la que un huérfano prodigio-musical busca a sus padres. Los protagonistas fueron separados por el mago maldito, pero la conexión músico-espiritual de los 3 es más fuerte. Enmarcado en Central Park, el final me tenía emocionadísima. Mocos 4. Llantos histéricos 2


3. In to the Wild. El hombre contra la naturaleza, los malos y la globalización. ¿Suena más macho que una película de Bruce Willis, cierto? en realidad es un flaquillo recién egresado de la prepa que tiene ideas radicales y socialistas. El morro decide no estudiar una carrera y lanzarse a vivir a la Alaska salvaje solo. Es un road trip donde el protagonista conoce lugares y gente que lo marcan e impulsan a lograr su objetivo: Alaska. Para los amantes de los viajes y la naturaleza es imperdible. La música del Eddie Vedder chingona. El final cargado de emociones encontradas. Mocos 4. Llantos histéricos 4.



2. My Life. Esta es quizá la única película que raya un poco en lo rosita, pero como el protagonista es hombre y hace cosas de hombre, pues es totalmente válida. El personaje de Michael Keaton se entera que va a ser padre y que tiene cáncer terminal casi al mismo tiempo. Entonces se pone a grabar en VHS (es película noventera) consejos sobre la vida para el hijo que tal vez no conozca. Como desde el principio sabemos que se va a morir, hay sufrimiento tras sufrimiento. La película intercala los videos caseros del padre con el crecimiento del niño en la panza y del cáncer en cuerpo del BatmanNoventero. Yo lloro cada vez que la veo. Mocos 5. Llantos histéricos 4.


1. Trilogía del Señor de los Anillos extendida. UN MARTIRIO en el que enanos descalzos, maricones de pelo largo en caballos, árboles parlante-móviles y otros personajes de esos que se ven cuando fumas mariguana, buscan un anillo. O esconderlo del malo. O dárselo a alguien. No lo sé, ni me importa saberlo. Pero esa película me hace llorar. Es más gacha que el sexo anal. Mocos 5. Llantos histéricos 6.

martes, 18 de agosto de 2009

Obedece a mis nalgas

Hace casi un año, cuando engordé (y me gustaban mis redondeces), Ingrid -la psicologa de los bloggers- me dijo que mi anorexia inversa también era una enfermedad psicológica. No hace mucho, Ángel pegaba una reflexión sobre la fantasía de estar delgada y la aceptación de nuestro propio cuerpo. Por eso, ya debía este post.

Tenía yo 17 años y me sentía un patito feo. Aún así me conseguí un noviecillo y en una ocasión que salimos me puse shorts ya que era verano y hacía calor. Fue la primera vez que supe cúal es el impacto del cuerpo femenino en los varones penes. El jalisquillo se lanzó a mi como perro flaco ante un bistek.

Una vez que el individuo cabrón antes mencionado me mandó a la chingada por no querer darle mi florecita himen, volví a renegar de mi cuerpo. Fueron muchos años no lo acepté e incluso lo ocultaba. A los 24 me vestía de señora.

En Querétaro comencé a cambiar y a aceptarme, pero la transformación definitiva se dio en Madrid cuando me enamoré de las faldas amplias ya que era imposible usar pantalón en verano. Recuerdo claramente una vez que llegué a la universidad corriendo, mientras cargaba mi laptop y varios libros. Ese día estrenaba mi amado vestido rosa. Al verme llegar, no uno, si no tres o cuatro de mis compañeritos se dispusieron a ayudarme, buscando estar muy cerca de mi.

Hace unos meses me encontré unas fotos de cuando tenía 22 o 23 años. Por supuesto, estaba mas buena que ahora a mis 34, pero entonces no lo creía. Hoy me gusta mas mi cuerpo y lo que puedo hacer con él. Aprendí a comer y camino con mis gazpachos bastante seguido lo que me mantiene saludable. Sé que ropa me queda y no me obsesiono con lo que como o dejo de comer.

El sábado fui a un concierto -Sussie 4, que abandonamos por una cena mucho más disfrutable- y había mucha morrilla con minifalda o minivestido. A la mayoría no se les veía seguras, se acomodaban mucho la ropa, se paraban sin la cabeza en alto. Mucha pataflaca, que se verían y sentirían mejor con un pantalón a la cadera o una blusa escotada.

Supongo que es la sabiduría que llega con la edad a punta de madrazos. Por eso, estoy obligada a compartirla por ley.

  • Si alguien les dice GORDA, díganle que se sienten lastimadas con su comentario. Es directo y sincero. Si salen con la babosada de "como si tu estuvieras tan bueno/a" es pura ardidez, que da pie a más carrilla.
  • Vayan con un nutriólogo y aprendan a comer. Yo me sorprendí de la energía que requiere mi cuerpo, cómo la pide y la mejor manera de saciarla. Nunca hagan dietas de la luna, la regla y el epazote milagroso que recomiendan las amigas y la tele.
  • Cómprense ropa con la que se sientan cómodas, seguras y que enseñe su mejor atributo. No tienen a huevo enseñar pata o chiches, si eso las hace sentir inseguras. Una pésima expresión corporal afea más que un pantalón blanco.
Y lo más importante:

Los hombres no son tan complicados, aunque mueran por una artistilla o modelo buenísima, tienen diferentes obsesiones. Hay incluso algunos degenerados que gustan de mujeres que usan faldas con tenis, ¡yiaks!. Encuentren que le gusta de ustedes a su pioresdedo y úsenlo para conseguir sexo.

Si no, una buena mamada nunca falla.