El sentir “cosita” no es más que una especie de ternurita. Cómo el que puedes sentir por una casada que le ponen los cuernos y ella los acepta con resignación. O del que estudia algo por dar gusto a sus papás. En 3 palabras: Me vale madre.
Lo que si me enerva son los nacionalismos o regionalismos. Aquellos que sostienen que incluso en su ciudad, los pedos huelen mejor. Que no soportan una crítica a su terruño. Crítica que incluso podría ser idiota, hecha de una primera impresión o desde alguna perspectiva. Y ternurita cuando la defensa es “en tu ciudad han de ser muy bonitos”. Bleh.
Cuando abrí No le cuentes a mi madre nunca me imaginé que habría gente que se ofuscara por mis opiniones sobre un lugar y su gente. Que me exigieran un expertís digno del Travel Pleasure, cuando claramente digo que llegué a un lugar sin saber porqué, estuve pocos días y sin tour.
De eso se trata viajar. Que tus ojitos descubran nuevos edificios, que tus piernas se pierdan entre sus calles y tu lengua pruebe nuevos sabores. Que odies o te enamores. Que te asusten o te hagan feliz. Y si algo me pareció FEO, lo digo, aunque sus habitantes se ofendan.
En la última reunión con mis amigos reales, me preguntaban sobre mi viaje a Nueva York. Y mi respuesta fue: vayan a Argentina o a Sudamérica. Me miraron con incredulidad, pero yo lo sostengo. Es más, de mi dinero no saldrá otro viaje a gringolandia. No dudo que el gabacho tenga muchas cosas dignas de verse, pero prefiero el calorcito y acento sudaca.
Yo adoro vivir en Querétaro. Me encanta pasear por el centro, conocer gente que hace cosas con pasión y la historia que hay en sus calles. Pero también me choca que 12 de la noche (y entre semana) me corran de las cervezas, que no haya oxxos abiertos, ni lugares para cenar bien. Creo que la gente es más fea que en Guadalajara y hay mucho gordo. Pero son más amables. A cualquier lado te mueves en 20 minutos, siempre y cuando no llueva o se accidente alguien. Y sobre todo me encanta haber encontrado gente que hace las cosas con pasión y no por borreguismo. ¡Y su historia!
Pero por mucho que adore este lugar, soy una gran infiel. Todavía lloro por Madrid y fantaseo con Buenos Aires. Sin duda, si mi maestría hubiera sido en Buenos Aires, me cae que no regreso… me enculé bien cabrón con la ciudad de la furia.
Por eso, más de una persona me ha tachado de mala mexicana por hablar bonito y encularme con países extranjeros. Pues prefiero ser mala mexicana que una nacionalista -o regionalista- a ultranza. Es una lástima ver que el amor que profesas te impida ver que afuera hay mucho más. Sería como sólo escuchar a un grupo de música, leer a sólo un autor o comer siempre lo mismo.
La vida da para mucho más que eso.
Si no lo quieres ver por pendejaditas no es mi pedo. La verdad es que hasta el más fiel voltea a ver unas piernotas con minifalda.
(y más si utilizan medias negras de red)
