Encontré a Delfina muerta en la alfombra del estudio. En realidad estaba medio muerta, ya que su abdomen subía y bajaba con prisa, como queriendo sacarle el oxígeno al aire. Su cuerpo rojo tornasol aún tenía rastros de agua y los ojos sin párpados me suplicaban la salvación de su alma. Pinche Delfina, volviste a saltar pa’ fuera, le dije al mismo tiempo que mis dedos la recogieron con cuidado y la aventaron de nuevo a su hogar. La pez beta cayó directo al fondo de su pecera sin que su cuerpo ofreciera un poco de resistencia; una piedra habría caído más rápido. No sé cómo no se murió del golpe de haber caído del tercer nivel del librero, donde solía nadar en círculos dentro de su tranquilo y acuoso hogar con fondo de piedras de cristal rojas y azules. Ya antes había saltado fuera de su pecera, pero yo había estado ahí para ayudarla a regresar. Los brincos altos comenzaron un día que estábamos jugando en la mesa de la computadora. En realidad, ella nadaba y yo intentaba terminar mi tarea de psicología. Le acerqué un dedo a la superficie y la reté a morderlo. Obediente, Delfina pegó un brinco y sentí un leve pellizco en el dedo índice. Reímos las dos. Desde entonces comenzó a brincar al verme y al escuchar su nombre, por lo que un par de veces cayó sobre la mesa. Antes, Delfina era sólo “la pez”. Se ganó su nombre por dar brincos como delfín por fuera de la línea del agua cuando llegaba la hora de comida. Nadaba desde el fondo de la pecera moviendo su cola en rápidas ondas hacia la superficie y ¡splash! brincaba salpicando agua. Al alimentarla, yo le hacía una lluvia de hojuelas: tomaba esas diminutas ostias con olor a pescado y tras machacarlas en el puño, las esparcía en su pecera. Supongo que por eso comenzó a nadar con fuerza de arriba abajo demostrando su alegría. Con el tiempo, no sólo aprendió a brincar hacia arriba, sino que también lo hacía en diagonal.
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Tenemos que salir a comer. Nuestro anfitrión nos ha asegurado que “El Tucho” está a 6 cuadras, pero a las 2:30 de la tarde me parece una misión imposible. Después de un baño, vestido de algodón, sandalias, sombrero y mucho bloqueador, emprendemos la caminata al ansiado oasis.
Por algún pleito existencial con el centro del país, en Yucatán las calles son nombradas con números en vez de héroes. Está bien, no puedo asegurar que tienen algo en contra de Hidalgo o Morelos, simplemente que con números la orientación es más sencilla… excepto para los anuméricos y desubicados como yo. Y es que en vez de ir aumentando -o disminuyendo- numéricamente conforme avanzas, resulta que los pares -o los nones- aumentan hacia el este -o el oeste-. Es decir, al combinar pares y nones con ejes cardinales y sentido de las calles, obtenemos direcciones logarítmicas más o menos así:
¿Entendieron? Yo sé que no. La verdad no era mi intención explicar, sino quejarme amargamente de su pinche nombramiento de calles y viví perdida bajo el sol.
Sin calculadora, salimos a la calle. El piso y las paredes irradiaban calor. Conforme nos acercábamos a la Plaza Grande, más gente salía a nuestro paso. Después nos enteramos que todos, absolutamente todos los camiones (ellos les dicen colectivos) llegan a algún lugar del centro. Entré a un oxxo y compré mi agüita. Doblamos por la 60 con la botella vacía y entramos a una librería que tenía aire acondicionado para tomar fuerzas. Habiendo vencido temporalmente el calor, volvimos a la calle y encontramos al mentado Tucho, un restaurant bar familiar y botanero con chou.

Si por la tarde no quería ni asomarme a la calle, en la noche me di cuenta que Mérida se hizo para caminar. El ayuntamiento lo sabe y ha organizado eventos nocturnos para presumir la música, el romance y los bailes yucatecos. Todos los días hay eventos, pero mi preferido fue la serenata de los jueves en el Parque de Santa Lucía, donde un poeta que habló de su tierra y su gente me conmovió hasta las lágrimas. El Señor del Billar, que tiene atole en las venas, quería irse, pero yo me negué a mover mis nalgas de ahí y así disfruté de tríos, boleros y bailes de mestizos.
Una parte de de la calle principal -la 60- es cerrada por las noches y los restaurantes se extienden formando animadas terrazas. Música, tragos, cena… caminar por el centro de Mérida de noche es una gozada.

Yo TENÍA que ir a un cenote, eso no estaba a discusión. El lugar elegido fue Cuzamá, donde hay tres cenotes en los cuales puedes entrar a nadar: Chelentún, Chansinic’ché y Bolonchoojol. Para llegar desde Mérida hay que tomar un colectivo a Cuzamá, un bicitaxi a la entrada y un truck a los cenotes. El truck consiste en un carro de madera jalado por un caballo y sobre rieles de tren. Nuestro conductor del truck se llamaba Wilian y la yegua Pancha. Desde el principio, Panchita era rejega. Ni diciéndole “mividita” quería avanzar. Pero Wilian logró llevarnos a los 3 cenotes.
Debido a que la península de Yucatán es hueca, grandes cantidades de agua subterránea se encuentran en cenotes y ríos subterráneos, que según los mayas, eran la entrada al inframundo. Se han encontrado calacas que indican sacrificios humanos; en honor a la verdad, a mi me gustaría morir en un lugar así de chingón.
Los mayas y la sabiduría que llegaron a adquirir son motivo de los más grandes orgullos de México. Estoy de acuerdo, no niego la majestuosidad de su arquitectura, la precisión de su calendario y de sus matemáticas. Además de eso, me sorprende el comercio que se dio entre las diferentes culturas de Mesoamérica y cómo el populacho maya aguantó -y durante tanto tiempo- a una élite aristocrática.
La magia de Chichen Itzá no está en sus pirámides y edificios; está en la gente y las motivaciones que llevaron a construirlo. Ahora esa magia es arruinada por vendedores ambulantes acosadores. Llamados “veinteros” (porque venden todo a 20 varos) andan tras uno y si cometes la equivocación de siquiera preguntar, un montón de acosadores se acercan. Yo sé que hay pobreza en México y que así se ganan la vida. Pero lo mismo compras en un tianguis en las afuera del sitio arqueológico.

Afortunadamente salimos del aeropuerto sin daños físicos. Pero el acoso turestil fue una constante durante las pocas horas que estuvimos en Cancún. Son como moscas de esas grandes y verdes que no descansan hasta picarte.
Mi amigo, el Compadre, es un hombre de bien de esos comprometidos con el trabajo. Así que tuvimos que hacer tiempo hasta que se liberara de sus ocupaciones laborales. Saliendo de la estación, tomé la ruta R1. El chofer me preguntó que a donde iba. “A la playa” le contesté. Me miró con cara de “señorita, aquí hay muchas playas”, así que agregué: “a cualquier playa”. Así se subieron algunos gringos y otros despistados, con los que el diálogo se repetía. Me sentí menos estúpida.
Nos bajamos en Playa Tortugas, llamada así por los gordos que están empanizados en la arena. Esquivando más moscas ladradoras, llegamos al “agüita” sólo para encontrar que estaba llena de algas secas y un poco fría. Pero el calor era más fuerte que mis quejumbres por lo que me quité el vestido y me metí al mar. No hay necesidad de asustarse: traía bikini abajo, el exhibicionismo estaba planeado para después.
Por la noche y con las piernas piqueteadas, mi compadre nos recogió en una esquina del Boulevard. Sin duda, lo mejor de Cancún fue reencontrarme con mi amigo, con quien hace 5 años compartí cervezas, canciones, películas y bailes. Platicar con él de aquellos tiempos me hizo sentir un poco vieja, pero contenta de haberlo disfrutado así.
Le hablé a mi compadre de nuestros planes y de la filosofía anti-turista con que emprendimos el mochilazo y nos recomendó ir a Holbox.

Yo les puedo hablar de Motorcito, que con una sonrisa tímida me ofreció una cabaña en renta cuando aún no salíamos de Cancún. Que carga con su biblia, es moreno, regordete y con ojos negros de pestañas rizadas. Aunque las canas ya aparecen en su pelo chino, la cara de niño no se le quita.
La cabaña resultó un hogar muy parecido al que construyó la adolescente parejita de “la laguna azul”. Su techo de palma mantenía el lugar fresco y una cama con velo protege del ataque de los mosquitos. De sus coloridas paredes cuelga una hamaca que te llama a dormir, leer… o usar tu imaginación.
Las calles en Holbox no están pavimentadas, así que no hay calor desde el piso. El pueblo es pequeño pero si te da flojera caminarlo, es posible rentar bicicletas o carritos de golf, medios de transporte que utilizan los lugareños. Por supuesto, no hay coches ni camiones. La mayoría de las casas son de madera y están pintadas de colores vivos y con techos de palma.
Rodeando a la plaza principal está la iglesia, el ayuntamiento y un sinfín de restaurantes que ofrecen desde comida mexicana, italiana, tacos, mariscos y por supuesto, pizza de langosta (¿de qué más?). Hay comida para cualquier presupuesto, sin llegar al obsceno costo de una cena en Cancún.
La gente es alegre, amable y casi todos tienen perros chaparros. De dos a tres por casa, en su mayoría son mestizos, están bien alimentados. Los perros andan por las calles como si les pertenecieran y saben el camino al mar para meterse a refrescar.
Algunos extranjeros se enamoraron de la isla y se quedaron a vivir ahí. Como un italiano, que compró un carrito de crepas y con eso se mantiene. O los sudacas, que hacen collares y pulseras de hippies o ayudan a los niños de la isla en los eventos escolares.
Y sí. El agua del mar es transparente y de lejos, se ven diferentes tonos de azul. Imposible ahogarte, imposible no quedarte horas en la playa, donde a nadie le importa si te da por sentirte europea y te asoleas topless o si te metes al mar y te quitas todo lo demás.
Estoy de acuerdo con los holboxianos: la isla tiene algo especial. Y no es por el mar, por la tranquilidad en sus calles o por la calidez de su gente. Es por ese hoyo negro que te jala a su centro y crea una realidad paralela en la que los problemas, las dudas existenciales, las prisas y las actualizaciones de twitter no existen.
Créanme: si algo tienen que hacer en su pinche vida, es ir a Holbox. (de preferencia, con pareja / amante / nalga / pioresdedo /primo / warever)

Guadalajara / Cancún / Holbox / Mérida (Cuzamá y Chichen Itzá) / Palenque / San Cristóbal de las Casas (cañón del sumidero y Chiapa de Corzo) / Puerto Escondido / Zipolite (Pochutla) / Oaxaca / Distrito Federal / Guadalajara / FIN (Querétaro)
Terminado el acto, nuestro anfitrión tomó el micrófono agradeciendo nuestra asistencia. Entonces premió a los ganadores del concurso “Vine al Bajío y sólo me gané un pinche herpes”. Casi todos poemas, no fueron muy de mi agrado, pero admiro el esfuerzo.
Ya avanzada la noche tuve oportunidad de platicar con él. He estado en conciertos en bares queretanos parecidos al Donkey & Beer y si llegaban a 50 personas era un gran logro. Convocar a más de 100 por la pasión a las letras me dio esperanzas. Felicité a Benjamín y lo incité a hacer de más autores. Sí, hubo alcohol, hubo canta autores de camión, hubo sexo. Pero sobre todo, hubo literatura.
2. Disfraces
El pretexto del disfraz no era más que el intentar ser otro. Ese otro del que puedes escribir, ese otro que esperas ser (o no ser). Ese otro que no deja de tener algo de ti, porque tú lo inventaste. Sin embargo, ese otro no eres tú.
Todos usamos disfraces a diario. La camisa a cuadros de hombre de familia, el traje de profesionista, el maquillaje para ocultar las ojeras, la tanga para sentirte puta, la playera de malote, la barba de huevón, los besos de fidelidad.
Mi disfraz de Amy Winehouse era con el pretexto de usar ese minivestido que compré con el único y sincero objetivo de provocar. Provocar quitarlo. Usarlo en público jamás. Pero era una fiesta de disfraces, no importa que mis nalgas pesen lo mismo que la raquítica cocainómana esa.
Comprometida con el papel, toda la tarde me dediqué a tomar. Muchas cervezas, un delicioso mezcal, pichones de tequila y el disfraz se comenzó a caer (no en el sentido literal). Entonces quedé yo con una enorme raya delineada en el párpado. También quedaron los demás y las pláticas que se caen de sinceras.
Nunca me he disculpado con el pretexto del alcohol ni lo pienso hacer. El “es que estaba muy borracho, yo no soy así / yo no lo hubiera hecho” es falsísimo. En esos casos, lo mejor que puede pasar es olvidar todo al día siguiente. Y yo casi nunca olvido.
Este blog personal estuvo activo de marzo de 2008 a julio de 2010. La continuación está en jeri4queen.blogspot.com
jueves, 1 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
Crónica de cuando fui a ver Toy Story 3 que no incluye crítica sobre la película porque ya todo mundo la vio
Fui a ver Toy Story 3 el fin de semana de estreno y como al 67.39% de los asistentes, me llevaron mis papás. Hice berrinche porque no me compraron palomitas, pero bueno, alcanzamos boleto para la función en 3D. Y es que el cine tapatío elegido, a pesar de ser uno de esos no muy populares, estaba hasta su madre. Tuvimos que comprar boletos para la función que comenzaba casi dos horas después y mientras hacíamos fila, la información que reflejaba la pantalla informativa nos informaba que el número de boletos disponibles disminuía con rapidez.
La gente llegaba quejurosa diciendo que en los cines de Galerías, Walmart y la Gran Plaza había boletos hasta el siguiente día. Suspiré mientras sorbía de mi té de jazmín provocando que el agüita se me fuera por el “otro lado” y tosiera. Mi mamá me jaló de las orejas y decidimos esperar en el cine a que se formara la fila para entrar y así asegurar un lugar honroso en la sala.
Cuando comenzó la fila, éramos los segundos con prioridad en entrar. Frente a nosotros había una familia con dos niñas de 5 y 7 años (o tal vez 3 y 5, no se sabe con esos engendros sobre-alimentados) que estaban peinadas y vestidas IGUAL. En mi niñez, mi madre también tuvo esa obsesión insana de borrarnos la identidad, por lo que mi hermana y yo parecíamos me & minime. Al ver a la morritas, mi mamá me abrazó con cariño porque recordaba a sus "bebés" y mi pérdida de identidad volvió. Atrás de nosotros, un grupo de veinteañeros reían y joteaban.
Prontamente (este es un post tapatío, se vale esa mala palabra) la fila comenzó a crecer y cuando comenzó a chocar con la puerta, los jalisquillos no supieron si torcerla en “U” o comenzar otra fila desde enfrente, es decir, a un lado de nosotros. Así que hicieron lo más sensato: lo que les dio su chingada gana.
Cuando el morro acomoda-gente que trabaja por 2 pesos en los cines se dio cuenta, puso cara de diarrea. Se acomodó el chalequito rojo y trajo al supervisor a ver el desmadre que los padres de familia habían armado. Yo no estaba cerca para escuchar el diálogo, pero el supervisor hizo una seña de “no hay pedo”, aunque a la luz de los siguientes acontecimientos, bien puede ser “estás bien pendejo”. Como sea, el supuesto orden de las filas continuó igual.
No pasó mucho tiempo cuando se comenzó a armar el mitote en la parte de atrás. Quién-va-atrás-de-quién se volvió un asunto de supervivencia cinedoril. Dos enormes padres de familia comenzaron a acosar al morro acomoda-gente. Le ORDENABAN poner a otro empleado al final de las filas, para preevenir que alguien se fuera a meter por en medio. El morro explicaba que no había más empleados disponibles en el momento. En eso llegó una familia de esas en que la mamá tiene chiches falsas, pelo lacio artificial y uñas postizas. Enseñaron su pase VIP que les permitía meterse hasta adelante de la fila.
Los que estábamos formados al principio de las 3 filas pseudo-ordenadas, respingamos. Cómo es posible, si en México todos somos iguales, que ejemplo le están dando a los niños, en España no pasaría eso, etcétera. Tanta queja no sirvió para otra cosa que para vernos como perredistas ya que igual nos chingamos por jodidos. En un ataque de iluminación, al supervisor se le ocurrió pasarnos hasta la puerta de la sala de proyección, logrando así mucho más espacio para formar a la gente.
Por fin, dio la hora y entramos a la sala.
La familia con niñas me & minime se sentaron atrás de nosotros y los veinteañeros jotitos al frente. La incansable lucha defendiendo nuestro primerísimo lugar en la fila nos había unido y no queríamos separarnos, snif.
Y como suele ocurrir en esos casos, se apagó la luz.
Pasaron los comerciales del gobierno. Pasó el corto de Shrek 3. Pasó el corto de Día y Noche de Pixar (excelente) y ¡por fin! Comenzó Toy Story 3. El principio es intenso. Gran secuencia de acción y el despliegue de imaginación digna de un niño. Entonces nos damos cuenta que Andy ha crecido y que estamos viendo un flashback de VCR.
Comencé a llorar.
Después ocurrió lo inimaginable: empezó a llover. Y no sólo llovía si no que diluviaba, por lo que de los granizasos casi no se escuchaba la película. ¡Súbele! ¡Súbele! Comenzamos a gritar entre chiflidos. Algunos padres de familia se levantaron de sus asientos para acosar al morro acomoda-gente y hacer que le subiera al volumen con la nariz.
Entonces se fue la luz.
Ya esperaba los chillidos ensordecedores de esos engendros del mal, pero hasta eso, todos se portaron muy bien. Supongo que en estos tiempos, lo que les da miedo es quedarse sin celular o que les castiguen el nintendo. Los jotitos comenzaron a gritar ¡cá-cá-ró! ¡cá- cá-ró! y la chifladiza se hizo más fuerte.
Minutos después las luces de emergencia se encendieron y también lo hizo nuestra incertidumbre. ¿Nos suspenderán la película? ¿Algún día nos enteraremos si Andy es igual de ojete que los niños de verdad? ¿Nos devolverán nuestro dinero? ¿Se nos vendrá el techo encima?¿Seremos echados al agua como perros con tarjetita VIP? ¿Es cognoscible el ser?
Pasaron 15 minutos o quizá 40. Ya ni sé. Pero la película reinició, me & minime aprendieron a gritar ¡cá-cá-ró! y todos fuimos felices viendo las aventuras de Woody, Spanish Buzz, Jessy y ¡Corre como el viento Tiro al Blanco! con ojitos de Gazpacho.
Como todo mundo ya sabe, la película está chingona y yo, a pesar de saber que Disney-Pixar estaba manipulando mis sentimientos con alevosía y ventaja, me entregué al llanto cual infante sin celular.
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Reseñas chafas
domingo, 27 de junio de 2010
La blanca Mérida arde
1. Bienvenida al infierno
El techo es alto y un tragaluz ilumina la habitación. Un ventilador de madera cuelga en el centro y sus aspas sólo sirven para cortar la luz. Estoy acostada en calzones en la cama de arriba de la litera con la esperanza que me llegue un poco de aire. Los 42°C que hay en la calle de Mérida me han inflamado las córneas y debilitado mis piernas.Tenemos que salir a comer. Nuestro anfitrión nos ha asegurado que “El Tucho” está a 6 cuadras, pero a las 2:30 de la tarde me parece una misión imposible. Después de un baño, vestido de algodón, sandalias, sombrero y mucho bloqueador, emprendemos la caminata al ansiado oasis.
c61 #156 x 50 y 52
Sin calculadora, salimos a la calle. El piso y las paredes irradiaban calor. Conforme nos acercábamos a la Plaza Grande, más gente salía a nuestro paso. Después nos enteramos que todos, absolutamente todos los camiones (ellos les dicen colectivos) llegan a algún lugar del centro. Entré a un oxxo y compré mi agüita. Doblamos por la 60 con la botella vacía y entramos a una librería que tenía aire acondicionado para tomar fuerzas. Habiendo vencido temporalmente el calor, volvimos a la calle y encontramos al mentado Tucho, un restaurant bar familiar y botanero con chou.
La primera cerveza fue para rehidratarme. La segunda para quitar el calor. La tercera para reponer la que acababa de mear y la cuarta para que se resbalaran los papatzules. Los meseros nos veían divertidos; supongo que pocos se zampan en menos de una hora cuatro cervezas, una minimargarita y como seis platos de botanas yucatecas (ahora sólo diré que estaban deliciosas).
Volvimos al hostal a pie, sólo para comprobar que para combatir el calor con cerveza hay que seguir chupando. Volvimos a asomarnos a la calle hasta que el odioso sol se fue. El calor continuaba, pero podía caminar 2 cuadras sin renegar.
Volvimos al hostal a pie, sólo para comprobar que para combatir el calor con cerveza hay que seguir chupando. Volvimos a asomarnos a la calle hasta que el odioso sol se fue. El calor continuaba, pero podía caminar 2 cuadras sin renegar.
2. A mí me gusta el diablo
Una parte de de la calle principal -la 60- es cerrada por las noches y los restaurantes se extienden formando animadas terrazas. Música, tragos, cena… caminar por el centro de Mérida de noche es una gozada.
Mérida ya no es la ciudad blanca, pero eso no quiere decir que el colorido de su centro la haga fea. Al contrario. Fundada sobre la maya T’ho, su estilo arquitectónico es claramente colonial. Desde el primer cuadro y hasta las calles que llegan al Paseo Montejo (sus Champs Elysees) tienen una arquitectura preciosa y bien cuidada. Del otro lado, el centro está lleno de comercios y parece Tacubaya.
Sin duda, el Paseo Montejo es de presumirse. Las grandes casas de los ricachones henequeneros del siglo pasado imitan las francesas, aunque con un toque mexicano. En algunas es el color, en otras las caras indígenas en la fachada. Imperdible en esta avenida es el museo de Antropología, alojado en un palacio lleno de historia maya.
A todos lados que íbamos había basura; algunas coladeras apestan y no hay botes de basura. Mientras la arquitectura es hermosa, el piso de la calle es horrible. El asfalto es gris y tiene mugre pegada. Ya sé, este comentario es demasiado queretano; ya que la limpieza de nuestra ciudad es de las cosas que presumimos. Así que no puedo evitar hacer cara de fuchi ante la cochinada que hace ver fea una ciudad tan bonita y romántica como es Mérida.
3. Directo al inframundo.
Debido a que la península de Yucatán es hueca, grandes cantidades de agua subterránea se encuentran en cenotes y ríos subterráneos, que según los mayas, eran la entrada al inframundo. Se han encontrado calacas que indican sacrificios humanos; en honor a la verdad, a mi me gustaría morir en un lugar así de chingón.
El agua es templada y transparente. Todos son hondos y su acceso puede ser difícil. Al estar en una caverna, la acústica del cenote es excelente. Hay peces, aves y murciélagos, así como estalactitas y raíces de árboles que cuelgan del techo. El diferente tono de azul que tiene cada uno de los cenotes es sorprendente. ¿Qué minerales o chingaderas intervienen para lograrlo? No lo sé. Igual de impactante es nadar con visor y lograr ver clarísimo, 20 o 25 metros hacia abajo.
3. ¿Dónde están los dioses?
Ir a ver piedras es una visita obligada de turista. Hay gente que lo único que visita en Yucatán es Chichén Itzá. Igual que la pinche foto de la torre Eiffel en facebook, la de la pirámide de Kukulcán es un must do. Disfrutar un sitio arqueológico no es sencillo. Además de leer sobre el tema, yo recomiendo hacerlo con un guía (que no te ponga a aplaudir, ni hable de mafufadas del 2012) e ir antes al museo de Antropología en Mérida. Entender los periodos de la cultura maya, quienes fueron los Itzáes y la influencia tolteca es importante no sólo para apreciar el sitio y sus diferencias con los otros centros Mayas, sino para tener una visión objetiva sobre esta cultura.Los mayas y la sabiduría que llegaron a adquirir son motivo de los más grandes orgullos de México. Estoy de acuerdo, no niego la majestuosidad de su arquitectura, la precisión de su calendario y de sus matemáticas. Además de eso, me sorprende el comercio que se dio entre las diferentes culturas de Mesoamérica y cómo el populacho maya aguantó -y durante tanto tiempo- a una élite aristocrática.
La magia de Chichen Itzá no está en sus pirámides y edificios; está en la gente y las motivaciones que llevaron a construirlo. Ahora esa magia es arruinada por vendedores ambulantes acosadores. Llamados “veinteros” (porque venden todo a 20 varos) andan tras uno y si cometes la equivocación de siquiera preguntar, un montón de acosadores se acercan. Yo sé que hay pobreza en México y que así se ganan la vida. Pero lo mismo compras en un tianguis en las afuera del sitio arqueológico.
4. Después de todo, 42 no es mucho
Sí, hace calor. Sí, la gente está loca por vivir ahí. Pero la verdad visitar Mérida 4 o 5 días vale completamente la pena. La gente es amable y alegre. Disfrutan su ciudad y están orgullosos de su herencia, su cultura y su comida. Su acento es pegajoso y quizá por recordarme a Cucho el de Don Gato, me parece encantador.Me faltó mucho de Yucatán: pueblos, playas, reservas naturales. Que chingadera es nomás ir a una ciudad.
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México veinte-diez
viernes, 25 de junio de 2010
Quintana Roo, donde las diputadas posan como supermodelos
Veo una vez más las fotos del viaje y no encuentro cómo escribir al respecto. Las imágenes, los sabores y las emociones se amontonan y revuelven con la gente, los olores y los acentos. En esta primera parte: Quintana Roo.
1. En Cancún quisieron violarme pero no pudieron.
Ir a Cancún fue un movimiento estratégico: encontré un vuelo increíblemente barato hacia allá y tengo un amigo al que le pedí asilo. Abrumados por el calor y la humedad surestiana, apenas salíamos del gusano que conecta al avión con el mundo real cuando los vendedores de placer nos acosaron. Como perros encadenados desde su guarida, llamaban a su víctima aka turista usando ladridos en español e inglés. Supongo que tienen prohibido acercarse así que hacían malabares a tres patas con tal de arrastrar a los inocentes viajantes a sus garras. Una de esas perras incluso nos ordenaba acercarnos al lugar antes de ir por las maletas, como si fuera un prerrequisito.Afortunadamente salimos del aeropuerto sin daños físicos. Pero el acoso turestil fue una constante durante las pocas horas que estuvimos en Cancún. Son como moscas de esas grandes y verdes que no descansan hasta picarte.
Mi amigo, el Compadre, es un hombre de bien de esos comprometidos con el trabajo. Así que tuvimos que hacer tiempo hasta que se liberara de sus ocupaciones laborales. Saliendo de la estación, tomé la ruta R1. El chofer me preguntó que a donde iba. “A la playa” le contesté. Me miró con cara de “señorita, aquí hay muchas playas”, así que agregué: “a cualquier playa”. Así se subieron algunos gringos y otros despistados, con los que el diálogo se repetía. Me sentí menos estúpida.
Nos bajamos en Playa Tortugas, llamada así por los gordos que están empanizados en la arena. Esquivando más moscas ladradoras, llegamos al “agüita” sólo para encontrar que estaba llena de algas secas y un poco fría. Pero el calor era más fuerte que mis quejumbres por lo que me quité el vestido y me metí al mar. No hay necesidad de asustarse: traía bikini abajo, el exhibicionismo estaba planeado para después.
Por la noche y con las piernas piqueteadas, mi compadre nos recogió en una esquina del Boulevard. Sin duda, lo mejor de Cancún fue reencontrarme con mi amigo, con quien hace 5 años compartí cervezas, canciones, películas y bailes. Platicar con él de aquellos tiempos me hizo sentir un poco vieja, pero contenta de haberlo disfrutado así.
En el mercado intentaron violarme también
Le hablé a mi compadre de nuestros planes y de la filosofía anti-turista con que emprendimos el mochilazo y nos recomendó ir a Holbox.
2. La gravedad en Holbox
Todos sabemos las maravillas del mar Caribe: aguas transparentes y finísima arena blanca. Sin grandes olas y de temperatura templada, esa gran alberca es la delicia de todos. Entonces, ¿Que tiene Holbox que no tengan otros lugares del caribe? Los lugareños dicen que es magia. Su nombre maya significa “hoyo negro” y es que -según ellos- cuando en el continente hay lluvia, en la isla el sol abarca todo. Cuentan que los mayas perseguidos por la guerra de las castas se refugiaron en la isla, y que a diferencia de las otras islas famosas de Quintana Roo; Chetumal e Isla mujeres, Holbox no ha caído en la tentación de los grandes hoteles para turistas y se niega a poner en riesgo sus recursos naturales y animales, que incluyen al tiburón ballena, flamingos y demás variedad de aves.Yo les puedo hablar de Motorcito, que con una sonrisa tímida me ofreció una cabaña en renta cuando aún no salíamos de Cancún. Que carga con su biblia, es moreno, regordete y con ojos negros de pestañas rizadas. Aunque las canas ya aparecen en su pelo chino, la cara de niño no se le quita.
Las calles en Holbox no están pavimentadas, así que no hay calor desde el piso. El pueblo es pequeño pero si te da flojera caminarlo, es posible rentar bicicletas o carritos de golf, medios de transporte que utilizan los lugareños. Por supuesto, no hay coches ni camiones. La mayoría de las casas son de madera y están pintadas de colores vivos y con techos de palma.
Rodeando a la plaza principal está la iglesia, el ayuntamiento y un sinfín de restaurantes que ofrecen desde comida mexicana, italiana, tacos, mariscos y por supuesto, pizza de langosta (¿de qué más?). Hay comida para cualquier presupuesto, sin llegar al obsceno costo de una cena en Cancún.
La gente es alegre, amable y casi todos tienen perros chaparros. De dos a tres por casa, en su mayoría son mestizos, están bien alimentados. Los perros andan por las calles como si les pertenecieran y saben el camino al mar para meterse a refrescar.
Y sí. El agua del mar es transparente y de lejos, se ven diferentes tonos de azul. Imposible ahogarte, imposible no quedarte horas en la playa, donde a nadie le importa si te da por sentirte europea y te asoleas topless o si te metes al mar y te quitas todo lo demás.
Estoy de acuerdo con los holboxianos: la isla tiene algo especial. Y no es por el mar, por la tranquilidad en sus calles o por la calidez de su gente. Es por ese hoyo negro que te jala a su centro y crea una realidad paralela en la que los problemas, las dudas existenciales, las prisas y las actualizaciones de twitter no existen.
Créanme: si algo tienen que hacer en su pinche vida, es ir a Holbox. (de preferencia, con pareja / amante / nalga / pioresdedo /primo / warever)
El amore prehistórico presente en Holbox
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martes, 22 de junio de 2010
Fin del viaje: curándome las penas con gorditas de chicharrón
El primer día que uno pasa en casa después de regresar de un viaje es equivalente a una cruda mezcalera de una muy ansiada fiesta. Ya no hay planes, ya no hay nervios y ¡oh tragedia! tampoco hay alcohol. Sólo queda la realidad de frente en forma de vómito en el escusado, pelos enmarañados, manchas sospechosas en el piso y olor a vino barato con sabritones. Y ni qué decir de la diarrea de borracho, la intolerancia al sol y el dolor que comienza en el cuero cabelludo y termina en un inexplicable moretón en la cadera.
Así estoy yo, intentando utilizar este post como una michelada salvadora.
Para aquellos desocupados lectores que no se han dado por enterados, durante las tres últimas entradas estuve viajando por el sur / sureste de nuestro país, sin una ruta clara y con el estómago dispuesto. Y, para aquellos recientes leedores que desconocen mi pasado viajeril, sépanse que incluye a pueblitos como la Peña de Bernal, Ixtapan de la Sal, Lisboa, Madrid, Niuyor, Buenos Aires y Chimulco.
Sin embargo, este viaje tuvo algunas novedades con respecto a los anteriores. Es la primera vez que hago un mochilazo dentro de mi país. Me bastaron 3 horas con Google Maps y Ticketbus para hacer un presupuesto, solicitar niñera y revisar mis ahorros para decidirme. No tenía que preocuparme por tipos de cambio, cargas al celular, acceso al dinero, idiomas diferentes o medios de transporte. Conozco a mi gente y como viajera experimentada, podía anticipar lo que me esperaba. Con seguridad, la calle principal se llama Hidalgo o Independencia y si tenía un ataque de hambre compraba cualquier cosa en la calle y cerveza en los oxxos, ¿cierto? Ya les contaré.
La segunda novedad -y sin duda, la más notable- es que no hice el viaje sola. Cuando le informé mis planes al Señor del Billar, el probable costo y la duración en la primera persona del singular, él me contesto: Yo también voy. Continué hablando en yo sobre las razones por las que YO viajo sola, yadayada lo que YO aprendo con mis viajes, yadayada MIS manías al viajar, yadayada de MI ausencia de miedo y alto sentido de la aventura, de MI idolatración por la primera persona yadayada… Como el señor del Billar no es influenciable por la retórica del pastiche feminista, me contestó: Yo también voy.
La verdad es que si he viajado acompañada únicamente de mi mochila es porque nadie había tenido la templanza (¿o valentía?) y la plata para acompañarme. Además, aceptó cargar mi mochila. A su vez, yo prometí respetar los partidos de la selección nacional.
Al buscar “Mérida” en Google, mis sospechas de que en aquel lugar de México el infierno hace esquina, decidí confeccionar algunos vestidos adecuados para esa temperatura: unos cachos de tela que me envuelven el pecho y dejan mis piernas libres y airadas. Huaraches, peinado de multi-colitas y sombrero de paja completaron este look que grita: “soy turista y no me da vergüenza admitirlo”. De este manera, el espacio destinado para pantalones de mezclilla y tenis los destiné a bloqueadores, accesorios de limpieza de pies y cremas antimosquitos. Mis padres terminaron de rellenar mi liviana mochila con algunas medicinas que incluían un antídoto para picadura de alacranes.
La ruta comenzó en Guadalajara el 29 de mayo y más que recorrer la ciudad, nos dedicamos a convivir con mi familia y a descansar por anticipado. Además, mis adorados hijos se quedarían a su cuidado. El 31 muy temprano, viajamos en avión hacia Cancún, haciendo escala en el DF. A pesar de haber planeado otra cosa, recomendaciones, trayectos y enamoramientos nos hicieron modificar la ruta así:

Guadalajara / Cancún / Holbox / Mérida (Cuzamá y Chichen Itzá) / Palenque / San Cristóbal de las Casas (cañón del sumidero y Chiapa de Corzo) / Puerto Escondido / Zipolite (Pochutla) / Oaxaca / Distrito Federal / Guadalajara / FIN (Querétaro)
El presupuesto no alcanzó para Puebla y Veracruz; además me hubiera gustado tener más energía para Chilangolandia, pero ya era tiempo de volver volver.
Cuando se comienza con la planeación y respectiva presunción de un viaje, no faltan las voces envidiosas que te ofrecen recomendaciones además de buenos -e hipócritas- deseos. Así que, cuando uno anuncia que va a recorrer Francia en bicicleta, no falta algún turista que ha visitado París durante tres días pero conoce la romántica y europea capital como el barrio de su infancia y que te recomienda la ubicación exacta de panaderías y vulcanizadoras.
Extrañamente, ahora eso no pasó. Ningún tuitero o bloggero me hizo aunque fuera una pequeñita recomendación. Qué gachos, hasta parecen feisbuqueros, vergüenza debería darles. Sin embargo, no quiero terminar este post introductorio para agradecer a @valsolar, @angelbc, @julcrecia, @Asgard_ que en persona y con bebida en mano me hicieron recomendaciones psicológicas hacia mi persona.
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lunes, 21 de junio de 2010
Ahora lleno la copa B y otras cosas sin importancia
He vuelto.
Cansada y feliz. Estrenando lonjas y bronceado.
Y es que por la inmensa cantidad de comida consumida en mercados, calles, restaurantes y playas, creo que los kilos extra me salieron baratos. Razones económicas recortaron el tur teniendo que dejar para otra ocasión Veracruz y Puebla... y muchos, demasiados lugares de los que me enteré y nada más :(. 15 días para cada estado serían pocos, créanlo.
Procuraré hacer un post diario del viaje, antes de que vuelva a mi color original y que la realidad me pegue un madrazo.
Ahora, un resumen rápido que hice en twitter hace algunos días:
La puritita verdá que estos días estuve en rehabilitación en el Otzil Luum Kabij (Pobre Hombre en maya)
Pero los domingos me dejaban salir a pasear en mi humilde coche naranja y mi vestido que le hace juego
PD. Doy gracias a SanSlim por no cortarme el sagrado internet, amén
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viernes, 28 de mayo de 2010
Ahí les encargo mis blós. bua.
Pues bueno, sólo me falta hacer la maleta y como tengo que escribir algo harto importante, hay posts que se quedarán pendientes y los anoto pa' no olvidar
- El shock psicoprofiláctico en el que entré al ver calzones con pompas incluidas... de hombres
- Del porqué acosaré a J.Villoro
- Escritoras mexicanas
- Scampi y su manía enfermiza de lamer las orejas de Gazpacho
- Nada es para tanto con De la Borbolla
- ¿Que te tanto importa lo que te digo?
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Y bueno, la ruta no-definitiva para el mochilazo al sur de México, partiendo el lunes 31 de mayo es:
Guadalajara / Cancun / Mérida /Villahermosa / Palenque / San Cristobal / Tuxtla / Tapachula / Guatemala / Tapachula / Juchitan / Puerto escondido / Oaxaca / Veracruz / Puebla / DF / Guadalajara
Mas o menos así y lo que se atraviese. Me pregunto si es muy malo no ir a Tikal y definitivamente sacrificaría algunas ciudades y dinero por ir a la comunidad lacandona que recibe visitas. ¿Alguien sabe de eso?
Estoy muy emocionada y ya me quiero largar. =)
Quien quiera invitarme una cheve y viva en esas ciudades, mándeme un mail a rossymr@gmail.com. Ya tengo anotados a Julia y a Asgrad.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Esta mujer rulea. No visitarla es un fail. Blog de Tereza Mtz y sus Ilustraciones
jueves, 27 de mayo de 2010
Sureste de México - 1984
Sé que era 1984 porque vi la inauguración de los juegos olímpicos desde la casa de un tío abuelo en Veracruz. A mis inocentes nueve años estaba muy impresionada por el tipo que bajó del cielo con una mochila-helicóptero y por la manera en que los aros se encendieron mandando el fuego hasta el pebetero del estadio de LA.
No era la primera vez que mis papás nos llevaban a mi hermana y a mí de viaje. Antes de eso, recuerdo a Acapulco, Cuernavaca, Monterrey, Guanajuato, Manzanillo, Ixtapan de la Sal, Guadalajara… pero nunca antes habíamos recorrido tantas ciudades en el bocho familiar.
Mi papá creció siendo un pata de perro: vivió en muchos estados de la república y mi abuelo lo puso a manejar en carreteras desde joven. En cambio, mi mamá siempre quiso viajar y mientras fue soltera, sólo tuvo oportunidad de ir a Mérida y a Cancún al cuando se graduó de la nacional de maestros.
En ese entonces teníamos un bocho. No era muy nuevo, pero si acostaban el asiento de atrás, mi hermana y yo podíamos viajar dormidas sobre unos cuadros de hule espuma que llamábamos “los patitos” (tenían caricaturas del Pato Donald, por eso). Ninguna de las dos estábamos en la edad de dormir durante todo el trayecto, pero no recuerdo que llorara o me aburriera. Nos entreteníamos jugando, cantando o contando vacas, chivos o pájaros que veíamos en el campo. A veces y mientras manejaba, mi papá nos contaba cuentos.
Como ya dije, ese viaje por carretera de 1984 comenzó en Veracruz. Recuerdo que la arena de la playa era dura y obscura y que había una niña llena de mocos. En Villahermosa nos quedamos con un amigo de la adolescencia de mi papá; todas las mañanas íbamos a unos esquimos (como licuados) deliciosos. Recuerdo el parque de La Venta, con sus enormes cabezas olmecas; Chichen-Itzá con las pirámides y el jaguar de ojos verdes en Palenque. Como mi mamá sabe y le gusta la historia, nos contaba sobre esas culturas mesoamericanas. Ya en la escuela y cuando se trataba el tema, yo salía con mi presunción de “yo conozco ahí” “es muy bonito por esto”, etcétera. (Quien me conoce en persona, sabrá que lo mismo sigo diciendo a la mínima provocación, ja). El viaje terminó en Mérida donde hacía un calor endemoniado y prefería quedarme en la alberca del hotel y por supuesto Cancún, donde los moscos nos pusieron una picotiza en la casa de campaña del trailer park junto al mar.
A 26 años de distancia, los recuerdos son un poco vagos. Tal vez y muchos están en mi mente por las fotos deslavadas que están en los álbumes. Pero lo que recuerdo o mejor dicho, lo que siento como si tuviera 9 años, es la emoción por conocer nuevos lugares y el cariño de mis papás durante todo el trayecto: apachurrados en la tienda de campaña, riendo, revolcándonos en el mar o escuchando historias de lugares impresionantes. Nunca eché de menos comodidades o lujos.
Ahora, mi experiencia como pata de perro le da tres vueltas a las de mis padres juntos. Me imagino que en ese 1984 ninguno de los dos llegaron a pensar que estaban gestando un monstruo errante en potencia. Una viajera que no se detiene por miedos o falta de lujos y seguridad. Que sueña con lugares tan diferentes como Tokio, Marruecos, Brazil, Estambul o México. Y que se larga acompañada únicamente de su mochila.
Pero ahora es diferente. Y no porque la ruta esté aumentada y llegue a lugares con los que tengo serias obsesiones como Chiapas o Oaxaca. Es diferente porque voy acompañada de alguien que está dispuesto a escuchar todas mis peroratas de historia y que me hace reír. Es diferente porque voy en familia otra vez.
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martes, 25 de mayo de 2010
Negra de Piedra
Aun era temprano para la cita con esa morra, Yvon. Estaba decidido: si esta noche no me las daba, no tendría otra oportunidad. Y es que dos cines y tres comidas eran mi cuota máxima. Pinches regias, se hacen mucho del rogar… aunque las nalgas de ésta valían el aplastarme dos horas en una butaca viendo una película romántica, de las que sólo les gustan a las viejas. Sólo dos horas más.
El sol de mayo pegaba con madre y tenía la sed aperrada en mi garganta. Por eso, mientras manejaba por Garza Sada, no lo pensé dos veces; entré al Chilis para perder el tiempo chingándome una cerveza y viendo repeticiones de partidos de futbol. El primer trago me regresó a la vida; servida directamente del grifo, la cerveza estaba bien muerta y su sabor amargo se quedó en mi lengua. Sentí al eructo salir desde mi garganta y abrí mi boca para dejarlo salir como uno de esos pedos que te revientan el culo. Siempre lo hago así, a pesar de las miradas castigadoras de las doñitas come-brownies. Me empiné lo demás en unos cuantos tragos, lo que aumentó mis deseos de mandar a la chingada a Yvoncita y quedarme con esta Rubia Superior.
Pero a veces manda más la verga que la garganta, por lo que pagué y salí del lugar. En el estacionamiento, el sol de las 5 de la tarde chingaba reflejándose en los vidrios de una camioneta. El sol no me molesta tanto como la cantidad de mamones que hay en esta ciudad. Mientras esperaba que el ballet trajera mi coche, escuché un estruendo que me hizo voltear a mi derecha; ¡trae un arma! gritó una vieja y se tiró al piso, aventando a un lado su bastón. Ya valió madres, pensé mientras me aventaba pecho tierra y me cubría la maceta con mis manos; como si mis pinches deditos fueran una gran protección contra los balazos. Mi corazón estaba acelerado y sentí un ardor en la parte baja del cuerpo. Del panzazo hasta la respiración se me fue. No sé cuánto tiempo duró la balacera, pero a mí me parecieron horas. Respiraba como perro correteado cuando los balazos terminaron. Muévete cabrón, capaz de que regresan me ordené pero mi pierna izquierda no respondió. Volteé a ver qué pasaba y una mancha de sangre salía del muslo y manchaba mis levis. De menos no me dio en los huevos, dije antes de desmayarme.
Aguante, va a estar bien repetía a gritos alguien que me jalaba hacia una camilla. Cuidado con mi pierna, susurré o pensé, ya ni sé, porque del dolor me volví a desmayar. De pronto, mi nariz recibió una fuerte dosis de olor a medicina y alcohol. Abrí los ojos y vi como ventanas, puertas, enfermeras, paredes verdes y accesorios de hospital pasaban rápidamente a mi lado. Comprendí que iba acostado en una camilla, que me habían dado un balazo y que no estaba soñando. El dolor en el muslo izquierdo era demasiado real. Las llantas de la camilla se detuvieron y pude ver las vendas que contenían la sangre de mi muslo. Además llevaba una bata maricona con las nalgas de fuera que estaba empapada de sudor. ¡Agua, agua! comencé a rogar. Mi voz apenas y salía; sentía mis sesos apachurrarse contra los ojos, como queriendo desorbitarlos.
Tiene calentura, me dijo alguien y puso algo en mi suero que me hizo volver a dormir.
El sol calienta mi espalda pero no siento ninguna incomodidad . Estoy tirada, sí, tirada de panza sobre la arena sintiendo como cada grano se clava en mi piel. Miro mis manos: negras, negrísimas y pequeñas. No necesité voltear a mi entrepierna para comprobarlo; soy una mujer, soy niña, soy una negra. Lo que no sé es que vivo con hambre y sed, entre la suciedad y la podredumbre. Eso me di cuenta como espectador, que entre alucine y alucine alcanzaba a oler la comida podrida, la caca almacenada, el agua encharcada. Sin preocuparme por las infecciones, me revuelco en el agua verdosa para refrescarme; me tiro de panza a la arena gruesa y ruedo hasta lograr que las diminutas piedras se peguen a todo mi cuerpo hasta parecer un monstruo de piedra. Una figura de la que sobresalen sólo los grandes ojos negros y el pelo sucio y enmarañado. Escucho a mi voz infantil decir palabras inentendibles y sonidos guturales que imitan a un tigre o quizá a un león. Un hombre blanco con el rostro cubierto de pelos ríe agarrándose del estómago cada vez que paso corriendo junto a él. Llama mi atención llamándome Negra de Piedra mientras me muestra un gran vaso de agua limpia. Froto mis palmas una contra la otra para quitarme la arena de las manos y con timidez tomo el vaso de agua. Limpio mis labios con mi mano y comienzo a beber; mi estómago se infla apenas trago. Eructo, devuelvo el vaso y corro gruñendo en sentido contrario, escuchando cada vez más lejos las carcajadas del viejo barbón.
Casi no la cuentas güey, reía Mauricio sentado junto a la cama. Tenía que ser Mauricio, el más estúpido de mis amigos, el que cuidara mi convalecencia. Podía soportarlo borracho, pero un balazo en mi muslo me había hecho perder el sentido del humor. Vete a la verga cabrón, le respondí enojado y queriendo soltarle un putazo. Con esto, sólo logré zafar la aguja que tenía clavada en la muñeca y que el suero, las sales o la chingadera que me estaban metiendo por las venas me quemara la piel. Mauricio accionó una alarma y una enfermera vino a reacomodarla, amarrando mi muñeca con una pulsera de plástico apretada.
Sí. Los grilletes están apretados. Unidos por una cadena, tengo un par en las manos y otro en las piernas. Estoy de pie en una fila de negras mucho más grandes que yo mientras el barbudo que me da agua habla al frente con otros hombres blancos. El viento es fuerte y las nubes grises casi negras están a punto de llover. El olor a sal y a pescado podrido entra por mi nariz. Unos hombres semidesnudos salen de las casas de madera cargando costales sobre sus hombros; también van en fila y también están encadenados. Me paro de puntitas y trato de ver hacia donde van, tal vez y hacia allá voy yo. El mar comienza a azotarse contra la arena con más frecuencia y fuerza, por lo que los blancos se acercan con prisa, dan una rápida revisión a los dientes. A los elegidos les colocan un grillete en el cuello. A mí me parece que lo del cuello es muy elegante y sonrío para que me elijan. Pero no, el blanco elige a la mujer de a un lado y ni siquiera me mira; entonces el barbón le dice algo y aquel levanta las manos, lo que hace que me gane mi ansiado collar.
Desperté tosiendo, aún sentía los grilletes en mi cuello. Ya estoy hasta la madre de dormir enfermera; tengo un chingo de alucinaciones culeras, le dije a la chica que llegó a auxiliarme con la tos mientras me llevaba las manos al cuello. El sudor y el ardor en la muñeca continuaban; del balazo ni me acordaba. Ella dijo algo de una infección, de sacar el bicho por el sudor, de mi muslo en recuperación y del hambre que me tengo que aguantar porque hasta que suena una campanada puedo levantarme de esta enorme caja de madera en la que estamos todas acostadas hombro con hombro, con las manos extendidas sobre la cabeza y los grilletes de todas encadenados entre sí. Siento al mar moverse en la madera de mi espalda y hay otra tabla arriba, a escasos cuerpos de distancia sobre nosotras. Puedo escucharlos. Escucho sus quejidos y huelo su sudor almizclado. Estamos como zanahorias en caja. Es momento de la limpieza: cierro los ojos y contengo la respiración. El agua que nos lanzan podría ser refrescante si no fuera porque a nuestro lado pasa la mierda que cagan nuestros cuerpos mal alimentados. Lo bueno es que del baño sigue la comida, esa papilla llena de grumos de harina me sabe deliciosa; es caldito de pollo mijito, me dice mi madre. Lloro al ver sus ojos preocupados; vino desde Guadalajara la pobre mujer. El calor de la sopa me reconforta, así como los trapos húmedos que me pone sobre la frente para contener la calentura que provoca la pinche infección. Uso las fuerzas que me quedan para levantar mis párpados, mi madre se da cuenta y me dice que descanse, que vuelva a dormir. Me toca los ojos con sus manos y me besa en la frente. Yo no quiero volver a esa caja hedionda que se mueve sobre el mar. Pero me seducen sus caricias y siento sobre mí todo el peso del cuerpo frío de la negra que antes estaba a mi lado. Su peso me asfixia y me cuesta mucho trabajo respirar. No puedo respirar mamá. Intento moverme, pero los grilletes hacen su trabajo y me mantienen en el mismo lugar. Grito pero nadie escucha. Grito y grita mi madre, ¡llamen al doctor! Estoy desesperada y siento el miedo en la panza, como aquella vez que perdí a mi madre en el súper. De pronto mi cuerpo se relaja; estoy tranquilo, estoy en paz, escucho el sonido constante en el monitor y siento mi cuerpo flácido sobre la madera.
lunes, 24 de mayo de 2010
El no-disfraz de Bukowsky
1. Bukowsky
Dicen que la gente no lee. Dicen que los jóvenes son apáticos. Dicen.
El jueves pasado a las 8pm y con mi primera chelada Victoria de la noche, comenzó la proyección de Barfly en el bar Donkey & Beer de esta ciudad. El pretexto: el segundo homenaje a Bukowsky en Querétaro.
Cualquiera puede ser un no borracho. Se requiere de un talento especial para ser un borracho. Se necesita resistencia. La resistencia es más importante que la verdad.
Rio Ayutla es un colectivo formado por desconocidos de las letras queretanas que gustan de organizar eventos a borrachos que gustan de la poesía y la literatura en general. El evento al que asistí fue el segundo pero tenía excelentes referencias del primero: lleno total, poemas, alcohol, putas y todo lo que se requiere para que un homenaje haría sentir a Bukowsky orgulloso.
Cuando se terminó la película, el lugar estaba a reventar. Cerca de 120 borrachos e impertinentes se encontraban listos para la puesta en escena “¿Le pasó esto alguna vez a Cervantes?”. Un monólogo inspirado en relatos y poemas de Charles Bukowski que narra las peripecias de un escritor en el DF y su vuelta a Querétaro. Amor, desamor y ebriedad. El monólogo era interrumpido por un ebrio que creyéndose muy machito, comenzó a interrumpir al actor. Yo estaba emputada y le hice una seña obscena. Al final nos chingamos todos porque no se calló, supongo que eso resulta muy bukowskiano.
Me interesan más los pervertidos que los santos. Me encuentro bien entre los marginados porque soy un marginado.
Ya avanzada la noche tuve oportunidad de platicar con él. He estado en conciertos en bares queretanos parecidos al Donkey & Beer y si llegaban a 50 personas era un gran logro. Convocar a más de 100 por la pasión a las letras me dio esperanzas. Felicité a Benjamín y lo incité a hacer de más autores. Sí, hubo alcohol, hubo canta autores de camión, hubo sexo. Pero sobre todo, hubo literatura.
Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener.
2. Disfraces
El pretexto del disfraz no era más que el intentar ser otro. Ese otro del que puedes escribir, ese otro que esperas ser (o no ser). Ese otro que no deja de tener algo de ti, porque tú lo inventaste. Sin embargo, ese otro no eres tú.
Todos usamos disfraces a diario. La camisa a cuadros de hombre de familia, el traje de profesionista, el maquillaje para ocultar las ojeras, la tanga para sentirte puta, la playera de malote, la barba de huevón, los besos de fidelidad.
Mi disfraz de Amy Winehouse era con el pretexto de usar ese minivestido que compré con el único y sincero objetivo de provocar. Provocar quitarlo. Usarlo en público jamás. Pero era una fiesta de disfraces, no importa que mis nalgas pesen lo mismo que la raquítica cocainómana esa.
Comprometida con el papel, toda la tarde me dediqué a tomar. Muchas cervezas, un delicioso mezcal, pichones de tequila y el disfraz se comenzó a caer (no en el sentido literal). Entonces quedé yo con una enorme raya delineada en el párpado. También quedaron los demás y las pláticas que se caen de sinceras.
Nunca me he disculpado con el pretexto del alcohol ni lo pienso hacer. El “es que estaba muy borracho, yo no soy así / yo no lo hubiera hecho” es falsísimo. En esos casos, lo mejor que puede pasar es olvidar todo al día siguiente. Y yo casi nunca olvido.
3. Asquerosa publicidad
- ¿Mamacita, a que hora sales al pan? porque la cochinada debe continuar.
- Síndrome Jalisquillo. El choque de dos culturas.
- Lo que hace uno por comer. Yo vendí a mi hijo por unos tacos de canasta.
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Gotitas de Sabiduría,
On Writting
jueves, 20 de mayo de 2010
La historia no es un arrebato carnal
Hay un señor llamado Francisco Martín Moreno, que participa en radio haciéndose pasar por historiador, siendo que es novelista.
En su último best seller: “Arrebatos Carnales”, hace ficción de las bajas pasiones de algunos de los personajes historicos de México. Creo que es muy bajo agarrarse del morbo que existe en torno al sexo para hablar de Hidalgo, Morelos, Díaz, Villa, etcétera. Aclaro que no he leído su libro ni lo haré. Por eso, este post no es sobre el libro, ni estoy en contra del mismo. Entiendo que es ficción y entiendo el por qué se vende.
En su último best seller: “Arrebatos Carnales”, hace ficción de las bajas pasiones de algunos de los personajes historicos de México. Creo que es muy bajo agarrarse del morbo que existe en torno al sexo para hablar de Hidalgo, Morelos, Díaz, Villa, etcétera. Aclaro que no he leído su libro ni lo haré. Por eso, este post no es sobre el libro, ni estoy en contra del mismo. Entiendo que es ficción y entiendo el por qué se vende.
Sin embargo, en este México en donde el respeto se confunde con popularidad, el señor ha estado diciendo sandeces, como por ejemplo, que necesitamos cambiar el Himno Nacional para modernizarlo, y que el retraso en la educación en México es consecuencia de la colonia y específicamente, culpa de la Iglesia.
Ver la historia con mente, ojos y moral actual es una absoluta estupidez y el señor lo hace repetidamente.
La época colonial fue resultado directo de una guerra que perdieron las civilizaciones que vivían en el territorio que ahora es México; la mexica fue sólo una de ellas. Como colonizadores, los españoles tenían el visto bueno del Papa y la misión de convertir, no de educar. En un gobierno monárquico y absolutista, el concepto de educar la mente del pueblo no existe. Así era la forma de pensar de entonces. Yo me pregunto: ¿cuántos habitantes del pueblo francés sabían leer y escribir antes de la Revolución Francesa?
Al instalarse las órdenes religiosas en la Nueva España crearon colegios en los que educaban a criollos y peninsulares. De acuerdo con lo que usted dice, señor Moreno. Sin embargo esa élite fue la que empezó la Revolución de Independencia. Algunos de estos colegios fueron fundados por Jesuitas, una orden religiosa que sostiene que es posible llegar a dios a través de la razón y educaba bajo una filosofía humanista. Colegios de los cuales salieron nombres como Primo de Verdad, Allende, Aldama y Domínguez (Colegio de San Ildefonso) quienes en 1793 convivieron con un tal Antonio de Montenegro, enjuiciado por la Inquisición por el cargo de conspiración contra la corona, por pensar en una América (no México) Independiente. 1793. Diecisiete años antes de que la conspiración queretana fuera descubierta.
Lo que el señor Moreno se olvidó comentar -tal vez porque no sabe- es que sí existieron escuelas de indios. También se olvidó de una forma de organización política y administrativa que aglutinaba a un alto porcentaje de la población llamada Pueblos de Indios. Había gobernantes indígenas -electos- y de los impuestos cobrados, un porcentaje se dedicaba para las fiestas religiosas; y para el siglo XVIII, incluía a la educación, más allá de sólo castellanizar y evangelizar. También se inculcaba el leer y escribir, pero había un problema: al ser la escuela en castellano, los padres indígenas sentían repugnancia y pérdida de identidad. Además, al alejar a los niños del campo, dejaban de ganar dinero. Dinero que encima, ellos tenían que pagar por la educación.
No soy católica y creo que actualmente, la instrucción religiosa (cualquiera) cierra, en vez de abrir, la mente. Sin embargo, no puedo negar la importancia de la Iglesia Católica durante esta época de nuestra historia, época que según los spots del gobierno no cuenta, porque tenemos sólo "200 años de ser mexicanos".
Soy sólo una aficionada a la historia, lo admito. Pero me da mucho coraje que, si bien el mexicano conoce una madrecita de nuestro pasado, venga gente carismática y diga estupideces que además de falsas o incompletas, las juzgue con ojos del siglo XXI y concluya que por eso, estamos jodidos desde siempre.
domingo, 9 de mayo de 2010
Viajera irresponsable solicita hospedaje
El viajero no compra paquetes. Arma el suyo en el camino.
El viajero sigue recomendaciones de los locales más que de revistas especializadas.
El viajero no busca comodidades, no compra miles de chucherías y carga sólo con lo indispensable.
El viajero come, toma y sigue costumbres locales. Y gorronea cuando puede.
El viajero se queja, pero sigue adelante.
El viajero vive, no descansa.
Como el siguiente mes estará hasta su madre de futbol, he decidido largarme al sur. El posible itinerario, saliendo de Mexicou City es el siguiente:
El viajero sigue recomendaciones de los locales más que de revistas especializadas.
El viajero no busca comodidades, no compra miles de chucherías y carga sólo con lo indispensable.
El viajero come, toma y sigue costumbres locales. Y gorronea cuando puede.
El viajero se queja, pero sigue adelante.
El viajero vive, no descansa.
Como el siguiente mes estará hasta su madre de futbol, he decidido largarme al sur. El posible itinerario, saliendo de Mexicou City es el siguiente:
Ciudad (noches)
Puebla (2)
Oaxaca (3)
Puerto Escondido (2)
Tuxtla Gutierrez (1)
San Cristobal de las casas (1)
Guatemala (3)
Villahermosa (2)
Cd del Carmen (2)
Mérida (4)
Playa del Carmen / Cancun (2)
En veremos está bajar más hacia El Salvador u Honduras, o de ladito hacia Belice. Y Cuba se ve realmente cerca... no hay barquitos desde Cancun?
Saldría a principios de Junio y dura 22 noches o hasta que se acabe el dinero. Lo que suceda primero. Así que quien tenga ánimos y disposición para darme asilo en sus ciudades, se lo agradeceré con desayunos (ustedes ponen los ingredientes). La verdad cocino rebien.
Bueno, pues avisen y si tienen recomendaciones también se aceptan.
Como sea, en la semana fui a San Juan del Río y mi crónica incluye putas, tesoros, pulque y literatura Ibargüengoitiana. Visita No le cuentes a mi madre!
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México veinte-diez
viernes, 7 de mayo de 2010
Querida Rox del Futuro:
Nunca, nunca, nunca dejes a un buen amigo por un amor, por más grande que éste sea. No importa lo inmaduros, berrinchudos, alcohólicos o egoístas que te parezca su actitud ante tu nueva relación. Si como exnovios los seguiste incluyendo en tu vida y esto le causa problemas al amorcito en turno, ayúdalo a resolverlo y apachúrrate los ovarios. Pero no te alejes de quien ha sido importante en tu vida y ha contribuido para tu awesomeness.
Atentamente: Rox del Pasado

PD. Shame on you Robin Scherbatsky
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azotes,
no se en que perder el tiempo
jueves, 6 de mayo de 2010
Murakami o los días en que quise suicidarme.
En septiembre del año pasado leí Tokio Blues y no me gustó. No entendí porque tanta mamada e idolatración por Haruki Murakami (best seller internacional, según Tusquets).
No niego que Tokio Blues tiene una narración impecable. Murakami -o su traductora Lourdes Porta- saben llevar al lector por la narración con imágenes vivas, personalidades definidas y sin rebuscamiento. La novela se lee rápido y sin poner mucho esfuerzo, es posible entender lo que pasa. Aunque la trama no te esté atrapando (porque es nefasta), no cuesta trabajo terminarla.
Sé que la literatura no debe leerse con una perspectiva moral, que hay que disfrutar y entender el mundo que el autor nos presenta. Pero con Tokio Blues me fue imposible no brincar ante tanto drama emo adolescente, suicidios por todos lados, escenas de sexo mecánicas y mochas.
Tokio Blues es la historia de Watanabe, una adolescente emo que tiene pedos porque todo mundo se suicida. Todos los personajes, al menos en dos grados de separación, tienen a un suicida. La vida de Watanabe gira en relación a la muerte y al drama. El protagonista prefiere tener una relación platónica con una suicida cuya hermana se suicidó, que es no sé qué de alguien que daba clases de piano y también se suicidó, que con una chica alegre y un poco más normal pero mentirosa. Al final de la novela, uno se quiere suicidar por no haber invertido el tiempo en acciones más reconfortantes, como coger.
Ante esta sinopsis, ¿Por qué leí Al sur de la frontera, al oeste del sol? Por pinche necia y porque la novela llegó a mi librero.
La novela comparte muchas cosas buenas con Tokio Blues, aunque la parte emo está mucho más soportable. Por eso disfruté más las escenas en las que el autor habla de música y de el amors y esas ridiculeces. El protagonista Hajime tiene mucha menos inestabilidad mental que Watanabe, o al menos, tiene esa inestabilidad normal que todos hemos tenido, como mandar a la chingada el trabajo. En el caso de Hajime, quiere mandar a la chingada a su familia (esposa e hijas) cuando se reencuentra al amor de la INFANCIA, por quien nunca sintió calentura pero si una identificación cabrona y sólo porque Shimamoto era hija única (igual que él) y le gustaba Dragon Ball (eso no pues). Mi diagnóstico es que Shimamoto en realidad no existe y él se hizo pendejo mucho tiempo, que era algo así como una amiga / amante imaginaria de adulto.
Leí Al sur de la frontera, al oeste del sol en un día y ya estaba pensando que su lectura serviría de menos para hacer un post menos caguengue de Murakami, cuando me topé con esto:
Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido, reinventarme a mi mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguir algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto.Entonces me quise suicidar (bueno no). Pero ya me han dicho eso y sicierto, snif. Entonces puedo cambiar toda la historia de Al sur de la frontera, al oeste del sol con mi vida y vender un chingo de libros, yeii!
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No leer
miércoles, 5 de mayo de 2010
Varios tapatíos
1. Comida
Tengo un chingo de fotos de comida tapatía, un post exclusivo para no le cuentes a mi madre. Pero la que no tiene madre soy yo, porque nada más me he zampado algunas tortas ahogadas con sus tacos dorados, carnes en su jugo, birria tatemada, tacos de barbacoa que en realidad es birria, sopes bañados, lonches de pierna, lonches bañados, tacos bañados, agüitafresca, tejuino, rusas y una cerveza bien maricona que se llama chupacabras… y no he escrito ni maíz.
Tengo un chingo de fotos de comida tapatía, un post exclusivo para no le cuentes a mi madre. Pero la que no tiene madre soy yo, porque nada más me he zampado algunas tortas ahogadas con sus tacos dorados, carnes en su jugo, birria tatemada, tacos de barbacoa que en realidad es birria, sopes bañados, lonches de pierna, lonches bañados, tacos bañados, agüitafresca, tejuino, rusas y una cerveza bien maricona que se llama chupacabras… y no he escrito ni maíz.
Este post debe incluir la obsesión insana de los tapatíos por la salsa de jitomate, cómo fui dejando atrás mi chilanguez y las absurdas situaciones en las que me vi inmersa por pedir la tapa de una torta del santuario.
2. Facebook
En una de esas noches me dio insomnio, por lo que agarré a Valerie y me puse a navegar desde la comodidad de mi cama. Entonces, entré a facebook y borré todas mis fotos. TODAS. Hasta me destaggié de las de mis amigos. Sólo hay una de perfil, la cual quitaré prontamente.
No cerré mi cuenta, al contrario, le di acceso a los que tenía “solicitando amistad” después de borrar todo. La verdad es que tengo un par de grandes amigas que sólo las hallo por ahí. Y lo más importante: el patetismo que manejan los feisbukeros dan para muchos muchos posts.
3. Joaquín Sabina
Joaquincito estuvo adorable, simpático, ruiseño, groserote, barbero, complaciente, resignado, divertido, coqueto, ingenioso o sea, un chingonazo. Sin embargo, el ambiente tapatío ya no es el mío y nunca más lo será. El auditorio Telmex estaba llena de fresotas en minifalda de pelos planchados y taconzotes. Ellos, bastante ridículos en traje y sombrero.
Los riquillos de hasta abajo canturreaban abrazados las típicas canciones de Sabina, en las que habla de no caer en lo establecido, del amor que no muere mata, de putas y de cocaína. Los ricachones estaban más emocionados que yo… ¿Pero en realidad sabrán algo de eso? ¿Tendrán por bandera alguna frase de Sabina?
Las conciencias faisbuqueras dirán que no debo criticarlos, que no sé ni madre de su vida. Pues se joden: pinches jalisquillos alineados deberían negarles la entrada a los conciertos de Sabina. Ellos no han llorado lo que yo con Y sin embargo y Yo me bajo en Atocha. BUA
La nota feliz es que me encontré a un par de compañeros de la preparatoria y yo estoy mucho mejor conservada. Yo digo que es el alcohol daña.
2. Facebook
En una de esas noches me dio insomnio, por lo que agarré a Valerie y me puse a navegar desde la comodidad de mi cama. Entonces, entré a facebook y borré todas mis fotos. TODAS. Hasta me destaggié de las de mis amigos. Sólo hay una de perfil, la cual quitaré prontamente.
Desde hace tiempo, esa puta red social me comenzó a cagar la madre. Era algo más que el típico drama pro-twitter y anti-farmville. Es la buenaondita que ahí se maneja: todos somos amigos y todos nos queremos. ¡PUAJ!
En eso, leí este post de Guffo y sus sabias palabras dieron en el clavo. Yo soy blogger, no feisbuquera y tampoco twittera. Tengo casi seis años escribiendo en esta madrola y lo amo. Se utilizar esas otras herramientas y alguna vez tuve un vampirito, pero NUNCAMENTE MAS.
No cerré mi cuenta, al contrario, le di acceso a los que tenía “solicitando amistad” después de borrar todo. La verdad es que tengo un par de grandes amigas que sólo las hallo por ahí. Y lo más importante: el patetismo que manejan los feisbukeros dan para muchos muchos posts.
3. Joaquín Sabina
Joaquincito estuvo adorable, simpático, ruiseño, groserote, barbero, complaciente, resignado, divertido, coqueto, ingenioso o sea, un chingonazo. Sin embargo, el ambiente tapatío ya no es el mío y nunca más lo será. El auditorio Telmex estaba llena de fresotas en minifalda de pelos planchados y taconzotes. Ellos, bastante ridículos en traje y sombrero.
Los riquillos de hasta abajo canturreaban abrazados las típicas canciones de Sabina, en las que habla de no caer en lo establecido, del amor que no muere mata, de putas y de cocaína. Los ricachones estaban más emocionados que yo… ¿Pero en realidad sabrán algo de eso? ¿Tendrán por bandera alguna frase de Sabina?
Las conciencias faisbuqueras dirán que no debo criticarlos, que no sé ni madre de su vida. Pues se joden: pinches jalisquillos alineados deberían negarles la entrada a los conciertos de Sabina. Ellos no han llorado lo que yo con Y sin embargo y Yo me bajo en Atocha. BUA
La nota feliz es que me encontré a un par de compañeros de la preparatoria y yo estoy mucho mejor conservada. Yo digo que es el alcohol daña.
4. Se me metió una idea.
Y se me hace que ya me chingué.
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