Este blog personal estuvo activo de marzo de 2008 a julio de 2010. La continuación está en jeri4queen.blogspot.com

jueves, 7 de enero de 2010

Hot Cakes

En este cuentito, tenía que manejar a seis personajes en un hecho trivial.
Gracias a Agustín Fest, por los comentarios :)

Aquel domingo, Pedro quería verme para desayunar. Yo agonizaba, por lo que llamé para cancelar la cita con mi primo favorito. Apenas contestó su celular y sin siquiera saludarme, amenazó: -Ni te atrevas a plantarme otra vez porque te mato-. Qué bien me conoces primito, pensé. Y como las 9:30 es una hora muy de madrugada para morir, tomé un par de aspirinas para calmar la cruda y con lentes obscuros busqué un taxi en la avenida, indicándole la dirección de los famosos hotcakes.

Pedro ya estaba en la sala de espera cuando me vio llegar y con una sonrisa que Luis Miguel envidiaría, se burlo de mi facha: el pants rojo y la sudadera rosa combinaban ofensivamente y mi pelo recogido en una colita aún estaba revuelto. -Hola borracha, de menos hubieras invitado- me dijo al tiempo que sentía su rasposa barba en mi mejilla y escuchaba un beso al aire. Bajé un poco los lentes para verlo bien: Su pelo estaba limpio y engominado, olía a perfume caro, vestía jeans de marca y una playera que publicitaba a Abercrombie. Guapísimo, como hace 20 años Luis Miguel.

En la entrada estaba el Jefe de Camareros, un joven con una fingidísima mueca de servicio. Al observarlo un poco, noté su manía por acariciar los botones de su chaleco. Tenía una postura incómoda, cómo si le apretara o quemara la ropa. A nuestro lado, una familia de cochinitos chillaba por unos hot cakes. Eran el padre, la madre y el escuincle. Todos con cargaban una desparramada panza y la misma cara pedante. Aunque el padre era calvo, la madre estaba maquillada como payaso y el niño se comía los mocos. Los padres alegaban que en Estados Unidos no pasaba eso, que lo mejor sería reportarlo a la gerencia, que cómo era posible si ellos eran clientes fieles de la cadena. El cochinito mocoso comenzó a llorar por su ración matutina de harina y leche, lo que incrementó mi dolor de cabeza. El Jefe de Camareros estaba abrumado, el tic de los botones se incrementaba, y supongo que para relajarse, les asignó inmediatamente una mesa.

Cuando por fin nos asignaron una mesa, nos tocó a un lado de la familia Cochinitos. El niño ya había sido silenciado con una dotación de Canelitas, sin embargo, aún no había comida que ocupara la boca de sus rechonchos padres, quienes seguían lanzando insultos para los trabajadores del restaurant.

A Pedro parecía no importarle y comentaba con entusiasmo el menú:
-Uy, ¡los de chocolate son bue-ní-si-mos! O mejor estos de manzana y canela. Igual unas crepas saladas, mmmm-
(oink oink como en McAllen, oink oink mejor Apple bee’s, oink oink eran en aquel mall?)
-Ajá- contestaba yo.
-A mi abuela le encantará este lugar, ¿No crees? Deberíamos de invitarla un día.
(oink oink sirven muy poco, oink oink de chocolate con nuez)
-Ajá- volvía a darle el avión.
-¿Me estás dando el avión, cabrona?
-Ajá- reí.

El soliloquio de mi primo fue interrumpido por los gritos del Papá Cochino, que tenía agarrado del brazo al jefe de meseros y le recriminaba. -¡Tenemos UNA HORA esperando! ¡UNA!- El flaquito puso cara como si lo tuvieran agarrado de los huevos y con voz quebrada respondió: -E-e-esta-mos-s- po-por sacar-r su or-den-n. Mamá Cochina se tocaba el escaso pelo rubio en señal de desesperación y cómo si le hablara a la virgen pronosticaba su muerte por inanición. El hijo ya se había terminado sus galletas y estaba a punto de llorar.

Pedro puso cara de asco y me susurró: -Qué nacos, por lo visto, el dinero no compra educación- Y como si el alboroto de la Familia Cochinitos hubiera terminado, me preguntó con tranquilidad:
-¿Ya sabes que pedir?-
-Unos huevos a la mexicana- contesté masajeando mis cejas.
-¡Cómo! ¿No vas a pedir HOT CAKES?- me reclamó en un tono excesivamente alto, lo que ocasionó que los comensales de las mesas cercanas me voltearan a ver. Incluso la Familia Cochinitos se dejó de oznar.
-Te dije que estaba cruda, ¿quieres que vomite?-.
-Está bien- y suspiró resignación -Tú ya no tienes remedio-

Nos acababan de tomar la orden cuando me disculpé con mi primo y me levanté al baño. Intenté tomar mi bolsa de la silla de junto, pero se había atorado. Jalé más fuerte y nada. Más fuerte y salió volando directo a la charola que traía la inmensa orden de hotcakes para la Familia Cochinitos, dejando a esos pedazos de harina sobrevaluada en el piso.

Pedro se dio cuenta de mi monumental estupidez, me tomó del brazo y me apuró -¡Vámonos! ¡Vámonos!-. En nuestra huída, escuché los desgarradores gritos de Mamá Cochina -noo hijitooo! nooo!- de reojo, vi cómo el niño se había lanzado al suelo y rumiaba los restos de comida. Papá Cochino se había levantado de su lugar, pidiendo a gritos al gerente. Petrificado a la puerta del lugar, el Jefe de Camareros nos miraba con angustia mientras corríamos al estacionamiento. Con enfado, mi primo le puso un billete en el ojal y se disculpó.

Ya en su coche, Pedro no me dirigía palabra. Tomé un poco de los restos de chocolate que habían quedado en mi bolsa y lo probé -Tenías razón, el chocolate está delicioso-. Los frenos de su Jetta chillaron, Pedro quitó los seguros del coche y apuntando con su dedo índice a la calle me ordenó:

-Bájate.

5 comentarios:

Alther Ego dijo...

No se por qué, pero me suena a un evento veridico... segura que solo es inventado?

arboltsef dijo...

No sé por qué, pero ¿quieres que te haga una crítica extensa de todo lo que se me ocurrió con tu cuento?

Si quieres al rato te mando un mail, con todo lo que pensé.

Rox dijo...

Ya estás Agustín :)

Eso ando preguntado Alther Ego. En un rato diré la cruel verdad.

cineto dijo...

Cuánta soltura!

No de la verborreica sino de ésa... sabrosona.

Rox dijo...

saludos cineto!