Este blog personal estuvo activo de marzo de 2008 a julio de 2010. La continuación está en jeri4queen.blogspot.com

lunes, 26 de julio de 2010

Mexicanos al grito... ¿de qué?

Aunque me educaron católica, terminé mi infancia siendo más patriota que creyente. Mi mamá me llevaba al menos una vez al mes al Museo de Antropología y viajamos mucho dentro de la república. Como buena maestra, mamá no perdía la oportunidad de contarme sobre la historia del lugar que visitábamos. Por eso terminé siendo fan de la historia y de mi país. Mi meta en la vida era estar en la escolta; además cantaba con mucho sentimiento el himno nacional. Era una pequeña nacionalista que cagaba a los niños que no participaban con respeto en los honores a la bandera.

Pero ya saben lo que pasa: creces y te das cuenta que el país es una chingadera. Que el gobierno apesta y la gente nomás está viendo cómo se hace pendejo al de a un lado. Para mí, eso fue más feíto que dejar de creer en dios.

Comencé hablando de esa niña en este epílogo de mi viaje al sur de México porque ella lo merece más que nadie. Y es que seguí siendo fan de la historia, aunque no de mi país. Ya hablé de comida y lugares, pero faltó lo más importante: la gente.

¿Realmente quieren conocer México? Viajen por autobús. Vean esas poblaciones enclavadas en la selva e imagínense vivir ahí. Durante los minutos que atraviesan el pueblito, piensen si al estar ahí, en esas condiciones, consideras que el gobierno -cualquier gobierno- le importas. Si respetan tu pasado y tus costumbres. Si crees que dentro de tanto título de Harvard y apellidos raros del gabinete hay alguien que esté dispuesto a, de menos, entenderte.

Me sorprendió la cantidad de maya que aún se habla en Yucatán y Quintana Roo. En un pueblo rumbo a Chiquilá se subieron unos estudiantes computitos. Lo sé porque subieron con todo y CPU. Iban a estudiar a otro lugar, porque en su pueblo no había escuela técnica. En Mérida, los mestizos se veían más felices y relajados que acá en el centro, a pesar del calorón. Nuestro anfitrión, Erwin, fue un encanto de señor que estaba más que encantado de contarnos sobre su ciudad. En Yucatán y Chiapas, los letreros de “cooperativas” y “se cambia esto por aquello” se repiten en cada lugar. Y es que hubo un tiempo que la gente estuvo dispuesta a compartir trabajo y ganancias por igual. Hay extranjeros-mexicanos terminaron siendo parte de lugar; acentos y colores de piel quedaron en segundo plano. En la zona serrana de Chiapas, la gente viaja apachurrada y de pie sobre pickups. ¿A dónde van? ¿De dónde vienen? Las mujeres en San Cristóbal; tan trabajadoras y llenas de niños. ¿El ser zapatistas les reivindicó su papel de mujer? Niños desnudos al pie de carretera, hombres empistolados, los militares haciendo revisiones “preventivas”. Maestros en la calle, organizándose y aventando cohetones de madrugada, celebrando triunfos por su lucha.




Sé que su manera de ser y de vivir es muy diferente a la mía, pero están mucho más cerca de mí que neoyorquinos o gachupines. Hablan mi idioma y sus sonidos, sabores y me son muy familiares. Es posible que se burlen de mi pinta de turista, pero al final un “ya sabes cómo son las cosas” se asoma en las conversaciones. Ellos también trabajan, viven y sufren un pedazo de tierra que, por cuestiones históricas, se llama México.

Ese pedazo de tierra al que le cantaba esa mocosa patriota y que ahora, muchos años después, comienza a entender porqué.



PD. Todas estas crónicas, con recomendaciones de hostales y direcciones extra estarán en nolecuentes.com prontamente. Si hay algo más que quieran saber sobre esto, hablen ahora o callen para siempre.

2 comentarios:

TECOBUHO dijo...

El país y los que lo pseudogobiernan es una cosa... La patria,... La patria es otra cosa...

ALTA TRAICIÓN

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

José Emilio Pacheco.


NO SOY UNA PANCARTA.

No soy una pancarta
ni un desfile de aguas triunfalistas.

No luciré jamás la escarpela tricolor;
no pertenezco a esa estirpe.

Mármol y bronce de los monumentos patrios
no son sino mármol y bronce.

Nunca he ido a la plaza la noche
de las celebraciones.

Definitivamente no soy un buen ciudadano.

Soy, eso sí, un hombre
al que se le humedecen los ojos
si le preguntan por su patria.

Víctor Sandoval


Mi patria.

Nunca he tenido patrias ni banderas,
ni he dado vivas o gritos de rigor,
salvo en la infancia,
cuando en la vieja escuela el buen maestro
nos enseñaba a todos
que era España la patria que debíamos
llevar siempre presente. Y, sin embargo,
jamás he deseado otra bandera
que aquella que mi padre
guardaba en sus recuerdos. Y confieso
que aún entonces
era bandera porque era la que un día
teñía de esperanza los dolores de un viejo.

Mi patria no fue nunca la que marcan
el color de los mapas con puntos y con cruces.
Me he sentido
ciudadano de ti y de tus abrazos,
del hombre que no tiene
camisa que le envuelva, tierra donde
levantar el espacio de los sueños.
Por eso fue mi patria un pedazo de pan,
ese trago
bebido de tus labios. Mi patria fue tu cuerpo.
Y aún ahora me tiendo cada noche entre tus brazos,
me envuelvo en la bandera de tu vientre,
y no encuentro fronteras
que me expulsen
de la patria añorada de tu nombre.

Rodilfo Serrano.


Saludos

Rox dijo...

Hola TECOBUHO, gracias por compartir.

Me gustó mucho la de Víctor Sandoval, a pesar de no leer mucha poesía.

Saludos :)